Papi Quiero Piña, un patrimonio florideño

Publicado en Revista | Miércoles 20, de Febrero de 2019 | Actualizado el Miércoles, 20 de Febrero de 2019

[FOTO 1]: Papi Quiero Piña, un patrimonio florideño
Hace 15 años Don Gustavo dejó la administración del lugar a sus familiares. Foto suministrada por la familia Pinilla Foto

Detrás de las reconocidas casetas de Papi Quiero Piña, cientos de trabajadores laboran con instrumentos de maquinaria pesada una estructura que construye un gran intercambiador. Este lugar emblemático en la mente de los santandereanos y considerado un parador turístico por la Alcaldía De Floridablanca, algún día fue solo una mesita al rayo de sol donde don Gustavo vendía piñas.

Gustavo Pinilla Díaz,oriundo de San Vicente de Chucurí, un señor de 85 años, de ojos azules intensos y que permanece tan estable como un roble, junto con su esposa Mariela Orejarena, o “Marielita” como le dicen sus seres queridos; en compañía de su hija Magnolia Pinilla Orejarena hablaron con orgullo de su negocio recordando ese pasado que con mucha valentía construyeron y que ellos consideran hermoso.

[FOTO 2]: Papi Quiero Piña, un patrimonio florideño
Después de su llegada a Floridablanca, la familia Pinilla aumentó la venta de piña en el sector. Foto suministrada por la familia Pinilla Foto

En 1955, a sus 22 años después de volver del Ejército, en el municipio de Betulia conoce a Mariela y a pesar de su juventud se casan. Actualmente, cumplen 63 años de matrimonio y cuentan con una amplia descendencia de 11 hijos, veintitantos nietos y bisnietos. En sus comienzos viviendo en Betulia trabajaron en un hotel y una tienda, después se mudaron a Lebrija, el municipio de la piña, donde vivía un hermano de Mariela.

“A mí nunca me ha gustado el trabajo de empleado, a mí me gusta ser independiente” dice don Gustavo, quien trabajó un tiempo en Ecopetrol pero prefirió hacer su propio negocio. En este pueblo él se hizo amigo de un señor llamado Ernesto, quien le dio bases para conocer y entender el proceso de cultivo de la piña. Ernesto vio en él ese dinamismo y ganas de aprender que lo llevó a tomar el rumbo a Floridablanca. De Lebrija quedó, el cariño de la gente, muchos ahijados y recuerdos.

[FOTO 3]: Papi Quiero Piña, un patrimonio florideño
A los alrededores de las casetas de Papi Quiero Piña constantemente han habido intervenciones para ampliar la carretera. Foto suministrada por la familia Pinilla Foto

Recién llegados a Floridablanca, Gustavo tomaba la mesa donde sus seis hijos menores almorzaban y se ubicaba a orillas de la autopista principal que tenía un solo carril. Anteriormente toda la zona del barrio La Paz era monte y no se veían muchos carros, pero empezaron a pasar camioneros, pues esta era la única vía que conectaba a Bogotá, y también rondaban carabineros. Estos fueron los primeros que se acercaron a su puesto de piñas a llevarle una sombrilla, ya que veían todo el día a un hombre alto y delgado al rayo del sol pelando piñas para llevar alimento a su casa. Con el paso del tiempo los clientes fueron cambiando, los primeros 15 años solo pasaban camiones grandes que conectaban con otras regiones, ya después pasaban turistas, y entre la gente un visitante muy importante, Gerardo Ardila.

Don Gerardo es dueño de la Ferretería Al Día, una de las más grandes de Bucaramanga, continuamente en su carro pasaba por este lugar en compañía de sus hijos y paraban a comprar piña, don Gerardo le compartió la anécdota a Gustavo que sus hijos cada vez que pasaban por este lugar decían: ”pare papito, queremos piña”. De esta pequeña frase nace el nombre simbólico del lugar Pare Papi Quiero Piña. Gerardo Ardila estudió con Gustavo Pinilla en Zapatoca y fue el primero en ofrecer una caseta a don Gustavo, quien está eternamente agradecido con él. “Si a usted le parece bien póngale ese nombre”, le dijo Gerardo a Gustavo, y así fue. Es evidente que el nombre hoy en día llame la atención, quizás para los santandereanos ya es una costumbre que exista un nombre tan largo pero para quienes conocen un poco de mercadeo saben que posicionar un nombre de un negocio tan largo es complicado, y si don Gustavo pudo es porque es un “Berraco”.

[FOTO 4]: Papi Quiero Piña, un patrimonio florideño
Los primeros 15 años del parador turístico Papi Quiero Piña, celebrados por sus hijas. Foto suministrada por la familia Pinilla Foto

Según el Ministerio de Agricultura, Santander y Norte de Santander es la mayor zona de producción de piña con 12.027 hectáreas, equivalente al 47% de producción nacional.

Las coyunturas de las manos de don Gustavo son expertas en trabajar la tierra, en afilar cuchillos y pelar piñas con agilidad y perfección, ya a su edad adulta era necesario el descanso, es por esto que hace 15 años su familia decidió que era tiempo de que él parara de administrar el negocio, pues desde los 7 años ha trabajado. Con admiración, la Alcaldía Municipal en el año 2014 lo reconoció como el personaje del año, porque este negocio netamente familiar, legalmente constituido, es un generador de empleo, beneficia a la comunidad, a los trabajadores, los proveedores y contribuye al desarrollo social del sector.

Actualmente, un intercambiador se construye en el sector. De hecho, se llamará intercambiador Papi Quiero Piña, por esto, la caseta se encuentra cerrada. Lo que espera la familia Pinilla es ser reubicados después de la conclusión de la obra, tal como ha pasado en otras oportunidades. “La verdad es que siempre nos ha ido muy bien porque nadie nos hizo la guerra, hemos tenido apoyo de la comunidad y entendemos que la reubicación siempre ha sido porque la ciudad crece y se desarrolla”. Dijo Gustavo Pinilla Díaz.

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