La vejez, una lucha por la vida digna

Publicado en Edición 2 | Martes 13, de Noviembre de 2018 | Actualizado el Jueves, 15 de Noviembre de 2018

“Llegar a viejo sería todo un progreso, un buen remate, un final con beso”, pero llegar a viejo en Bucaramanga no es precisamente como la canción de Serrat.

[FOTO 1]: La vejez, una lucha por la vida digna
El hogar Los Delfines olvidó el propósito de los lugares de cuidado a las personas de la tercera edad, que no solo radica en el trato que se les da a los abuelos sino también en las condiciones que se les brindan para su estadía, pues una de las habitaciones que ofrecen no tiene ventilación, solo cabe una cama, y el aseo del lugar no es el adecuado. Foto

Son las dos de la tarde. Don Francisco, de 70 años, reposa el almuerzo sentado en el patio del geriátrico Santa Rosalía con vista al parque San Francisco; mientras las horas transcurren ve los carros pasar en su silla mecedora ya un poco rota por los años. Su contextura delgada, sus brazos flácidos y su cara cansada reflejan una vida dura y de esfuerzo. Como Francisco, hay otros once adultos mayores en este geriátrico familiar administrado por Juliana Guarín, enfermera de 24 años de edad, y su madre, quienes se dedican las 24 horas del día a cuidar a sus ‘abuelitos’.

“Mi mamá y yo tratamos de brindarles toda la ayuda posible, siempre estamos pendientes de que no les falte nada, por eso nosotras vivimos aquí en el geriátrico”, dice Juliana mientras limpia la mesa en donde tiene juguetes, dibujos, colores y pelotas, los cuales son la entretención para los adultos mayores.

Ubicado en el Bulevar Santander el geriátrico Santa Rosalía no se distingue de las demás casas del lugar; su apariencia es sencilla, con rejas blancas y pintadas de amarillo, da la impresión de una casa familiar.

El ingreso al geriátrico genera calidez, sentimiento que viven los adultos mayores que residen en este lugar; sin embargo, las condiciones de deterioro en las que se encuentra da un aspecto de desasosiego. Lo primero que se percibe al entrar al geriátrico es la mezcla de olores que genera la comida, los medicamentos y la humedad; de fondo suena el ruido de los carros, el televisor encendido y unas cuantas exclamaciones de los ancianos. Juliana sostiene que con esfuerzo ella y su madre logran tener en las mejores condiciones posibles a sus ‘abuelos’. “Aquí tenemos de todo, abuelitos que están muy enfermos, otros sanos, otros con problemas psicológicos, de todo”.

Al menos 80 mil adultos mayores en Bucaramanga utilizan los servicios de hogares geriátricos, centros de vida y residencias familiares. Otros 20 mil son considerados en condición de vulnerabilidad.

La capacidad máxima en geriátricos como Santa Rosalía está de alrededor de 12 a 17 personas; sin embargo, solo en Bucaramanga hay más de 80 mil adultos mayores repartidos en hogares geriátricos, centros de vida, y residencias familiares.

Asimismo, según cifras de la Alcaldía del municipio, hay aproximadamente 20 mil ancianos en situación de vulnerabilidad; es decir, personas de la tercera edad de escasos recursos cuyas familias no los pueden tener ni mantener en su casa y no pueden pagar un geriátrico. Para la atención de estos adultos mayores en condiciones de indefensión la Alcaldía de Bucaramanga creó tres centros vida: Centro Vida Álvarez, ubicado en el barrio Álvarez; Centro Vida Años Maravillosos, ubicado en la Ciudadela de Real de Minas, y Centro Vida Norte, ubicado en el Recrear del Norte.

El Ministerio de Salud y Protección Social determina que el ciclo de vida legal para la tercera edad va desde 60 años en adelante, siendo este uno de los requisitos para acceder a los beneficios que ofrece el Estado, como los subsidios al adulto mayor, que obtienen solo quienes sobrepasan esta edad.

Los centros Vida tienen la obligación de atender gratuitamente a los ancianos habitantes de calle quienes no se quedan a vivir allí, pero les garantizan servicios nutricionales, actividades educativas y recreativas; el único requisito para acceder a estos beneficios es ser de la tercera edad.

Según la Ley 1276 de 2009 los centros Vida “son instituciones destinadas al cuidado, bienestar integral y asistencia social de los adultos mayores”, los cuales ofrecen espacios de socialización, recreación, capacitación y lúdica. Se diferencian de los centros de Bienestar o centros Residenciales en que estos están “destinados a la vivienda permanente o temporal de las personas mayores”; allí se les brinda hospedaje, alimento, recreación y otras actividades.

Para los centros Residenciales la Secretaría de Desarrollo Social del Bucaramanga asigna el 30% del recaudo de las estampillas del adulto mayor, nombre que, según la Ley 1276, se le da al porcentaje que se genera de los aportes que debe hacer el municipio por los contratos realizados, de acuerdo con su categoría. El porcentaje de dicha estampilla es de 2% o 3% del contrato y sus adiciones, recursos que tienen como propósito mantener las condiciones óptimas para el cuidado de los adultos mayores en esas instalaciones.

Sin embargo, ese porcentaje para dotación y buen funcionamiento de las instalaciones es para las instituciones públicas. En Bucaramanga, solo tres de los 40 geriátricos que existen son públicos, mientras que 11 tienen convenios con la Alcaldía; es decir, son privados, pero reciben dineros como públicos.

En el caso de las instituciones privadas, de acuerdo con el artículo 355 de la Constitución Política, están prohibidos los auxilios o donaciones con recursos de carácter público; estos sólo se podrán aportar mediante un convenio cuando el municipio no pueda garantizar el servicio de protección social a las personas en situación de indigencia y vulnerabilidad.

Entre 500 mil y 3 millones 600 mil pesos cuestan los servicios de espacios que atienden las necesidades de la población de la tercera edad disponibles en Bucaramanga, unos costos que no todos los adultos mayores están en condiciones de pagar.

La Ley 1276 estipula que solo los centros de vida públicos pueden recibir adultos mayores en estado de vulnerabilidad; esto en cifras indica que, para atender a 20 mil adultos mayores en esta situación, Bucaramanga tiene 14 instalaciones, de la cuales no todas cubren hospedaje. Los hogares restantes son geriátricos privados que, como el caso del Santa Rosalía, cobran por el trato al paciente un precio que no está regulado por la Alcaldía, por ello las tarifas aumentan o disminuyen de acuerdo a las comodidades que ofrecen y también depende del espacio geográfico en el que estén ubicados. Esta división de clases se hace evidente al observar las condiciones en las que se encuentran en cada caso.

Para crear un geriátrico en Bucaramanga, como lo es el geriátrico Santa Rosalía, la Secretaría de Desarrollo Social evalúa y certifica el buen funcionamiento de estos lugares. Estas condiciones están registradas en la Ley 1315 de 2009; algunas de estas son la identificación del lugar con Cámara de Comercio y documentos de su representante, RUT y NIT, el plano que indica la distribución de camas (no más de tres personas por habitación), y acreditación de prevención y protección contra incendios, entre otros.

Como lo afirma la coordinadora del Programa Adulto Mayor y Digno, cada cierto tiempo se visita los hogares para controlar que todos cumplan con las normas de funcionamiento. Aunque estas condiciones aseguran el buen cuidado del adulto mayor, en la realidad hay casos como el del geriátrico Santa Rosalía en los cuales el dinero recibido por adulto, que no excede los 500 mil pesos al mes, solo “alcanza solo para lo justo; el dinero es para comprar la comida y para financiar las actividades, en otras cosas”, asegura Juliana.

[FOTO 2]: La vejez, una lucha por la vida digna
La rutina de los abuelos del geriátrico Santa Rosalía es sentarse en el patio luego del almuerzo para observar lo que sucede en la calle y el parque que se encuentra en frente de ellos. Foto

La protección de la tercera edad

Algunas de las leyes enfocadas en la problemática de la salud en la vejez y en los geriátricos es la Ley 1091 del 2006. Con ella se revaloriza el papel del adulto mayor y los problemas que ocasiona no respetar sus derechos.

Por otra parte, la única Política Pública de Envejecimiento Humano y Vejez en Colombia se vence este 2019. Esta tiene como objetivo principal “articular a todos los estamentos del gobierno y a las organizaciones sociales con un propósito común: visibilizar, movilizar e intervenir la situación del envejecimiento humano y la vejez de las y los colombianos, considerando como principio la Atención Primaria en Salud como una estrategia pertinente, altamente eficiente y eficaz, para garantizar condiciones de disponibilidad, acceso, oportunidad, calidad y longitudinalidad en la prestación de servicios de salud”.

Esta política desde el papel considera factores esenciales para la atención del adulto mayor que no se cumplen, pues durante el recorrido por los geriátricos se pudo evidenciar la ausencia de muchos de aquellos que les brinda calidad, seguridad y protección. Aunque en la Resolución 0024 de 2017, en el artículo 6, indica que es importante la infraestructura y la valoración integral y plan personalizado de atención, algunos adultos mayores no poseen seguro, y no todos los lugares cuentan con las condiciones estructurales para su movilidad y la higiene carece de rigor.

Las instituciones encargadas de velar por los intereses y derechos de la población de la tercera edad vulnerable en Bucaramanga son la Secretaría de Desarrollo Social, la cual asigna solo dos personas para ‘encargarse’ de la tercera edad. Igualmente, la Personería Municipal, desde donde no quisieron dar declaraciones al respecto, pues indican que su labor es la administración del dinero que se destina a este sector vulnerable; no obstante, en una revisión de su página web se encontró que lo último que se desarrolló para beneficiar al adulto mayor fue una reunión en el 2017 para garantizar la asistencia en salud en los geriátricos por medio de instituciones como ISABU, por lo cual no se tiene claro qué otras acciones han tomado al respecto.

Quedan entonces dudas sobre la protección y las garantías de aquellas personas de la tercera edad que están fuera del rango de los requisitos para acceder a los beneficios del sector público y tampoco cuenta con la capacidad de pagar un geriátrico con las comodidades de la oferta antes descrita. Si necesitan los cuidados de un Centro de Residencia para adultos mayores, sus opciones se limitan aquellos geriátricos de ‘bajos’ precios que se sostienen, como dice Juliana Guarín, “con las uñas”.

Así, llegar a viejo en Bucaramanga pierde su sentido poético, ese del que tanto habla Joan Manuel Serrat en su canción; “quizá llegar a viejo sería más llevadero, más confortable, más duradero”, pero en la realidad es más una lucha constante entre la vida digna y el dinero.

Luz Helena Torres, coordinadora del Programa Adulto Mayor y Digno de la Secretaría de Desarrollo Social de Bucaramanga, afirmó que el municipio actualmente recauda el 2% de todos los contratos que se generan para destinarlos a la dotación y funcionamiento de centros de Bienestar, para los cuales es destinado el 30%, y a la financiación de centros Vida para la Tercera Edad a los que se designa un 70% de lo recaudado.

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