Los rostros del reciclaje

Publicado en Edición 52 | Viernes 09, de Marzo de 2018 | Actualizado el Martes, 03 de Abril de 2018

Especial de reciclaje

Iniciando semana, un lunes muy cálido en la ciudad bonita de Colombia, a eso de la 1:30 pm; la mayor parte de los personas se encuentran en su hora de almuerzo o receso de sus labores, pero el escenario es distinto en el centro de la ciudad, allí se vive el pleno apogeo del comercio, donde el tiempo avanza sin mirar atrás y el producido del día se queda corto.

Es una selva de concreto, un ambiente hostil, en el que se trata de sobrevivir, el entorno es claro, la drogadicción y los vicios son los dueños de todo, pero dentro de esto se encuentra una labor que pocos reconocen en todas las ciudades del país, el ser reciclador de basuras. De la nada sale un hombre quemado por trabajar largas horas bajo los rayos del sol, con una carreta vacía, en busca de objetos reciclables, que se hallan en algunas esquinas. Con el entusiasmo de que será un buen día el señor Giovanny Castro Bolaño inicia su viaje por las calles. “Hace más de tres años llevo sobreviviendo en esta ciudad. En el 2014 me vine para acá a vivir con mi hija, ella trabaja en Cinnamon, eso queda en el 4 piso del Centro Comercial el Cacique; pero ella ya se fue para Barranquilla, confesó, con lágrimas en los ojos.

Mientras el tiempo transcurría aquel señor de ojos oscuros como la noche, contaba por qué terminó en las arterias de los suburbios. Él se separó de su esposa hace más de 4 años por su adicción a las drogas. “No quería afectar a mi familia, por eso me separé de ellos, decidí venirme para acá completamente solo, además gano platica”.

Giovanny se sentó en un andén y observó sus manos. Aquellas manos que representan la resistencia de un hombre, que busca en la basura desordenada el pan de cada día.

"En el día me puedo ganar entre 15, 20 y 30 mil pesos. Gano más comprando chatarra y luego vendiendo. El diario del reciclador es a veces bueno, regular o malo”.

[FOTO 1]: Los rostros del reciclaje
Giovanny Castro, reciclador con su carreta para transportar chatarra. Foto: Arley Loaiza Foto

Bolaño asegura que se las ingenia para poder vivir, sale todo el día y trabaja hasta las 9:00 pm que pasa el camión de la basura. Él recicla aparatos que para algunos son desperdicios. Es una labor ardua, que sólo lo ayuda a sobrevivir. “A mí personalmente no me alcanza lo que gano en el día, porque no sé muy bien dónde vender las cosas y no tengo mucha experiencia en esto. Lo que ganó solo me alcanza para pagar un hotel cómodo de 15 mil diarios con comida, en el mes pagó 450 mil pesos, esto solo me alcanza para tener donde dormir y me toca rebuscar en las basuras.”

El reloj marcaban las 2:00 de la tarde y Bolaño comentaba que a veces las personas y entidades le colaboraban con objetos que ya no querían más o no les eran útiles. “Cuando tengo todo lo separo y lo vendo en las chatarrerías que compran lo que es reciclable. Hay días en que la suerte está conmigo y puedo vender todo al instante, cuando esto me pasa, sonrió de oreja a oreja porque me puedo ir a descansar. Este trabajo es muy desgastador, el sol es muy picante y tengo problemas de salud. Además en las basuras hay objetos tóxicos, muy contaminados como el aceite de los carros y los ácidos, pero no tengo dinero para comprar un par de guantes y tapabocas”.

Giovanny confesó que extrañaba a su familia. “Tal vez este año me vaya para Barranquilla, me hacen falta mis nietos, pero me atormenta irme, porque no quiero ser una carga para mis hijos, pero no es vida vivir solo”.

Omar Martínez, el comerciante

Omar Martínez de 45 años, conocido en esta zona como el comerciante, comenzó siendo reciclador hace más de 18 años y llegó a mayorista en la labor del reciclaje; pero los problemas económicos y las pérdidas, lo relegaron a trabajar en un pequeño local en el centro de la capital.

Considera que Bucaramanga ha sido la ciudad más dura para sobrevivir, aclara que no es por su gente, sino por el clima. Martínez contaba cómo inició con su chatarrería, en una pequeña bodega de dos pisos, en la que no hay rincón sin chatarra. El escenario es extraño, cuatro paredes rodeadas de cartón, botellas, plásticos, aluminio, cauchos y otros objetos reciclados.

El calor es sofocante, a pesar de que en el rincón, hay un pequeño ventilador que hace más ruido de lo que refresca. “Acá se recoge el cartón, las latas, el plástico, la chatarra, el hierro gris, los aluminios, el cobre, el bronce, nosotros vendemos lo que les compramos a los recicladores. Siempre les compramos por kilos. Por ejemplo el cobre por el kilo pagamos 13 mil pesos, el bronce 8.500 pesos, el aluminio pote a 3 mil pesos, el aluminio blando 2.500 y el grueso a 2.700 pesos, el cartón a 250 y por último el plástico 200 pesos”, pero con una mirada baja confesó que lo poco que gana solo le alcanza para alimentar a su esposa e hijos.

[FOTO 3]: Los rostros del reciclaje
Lugar donde Omar Martínez compliar chatarra y elementos para el recilcaje. Foto: Arley Loaiza Foto

 Mario Olivares, el soñador

En la carrea 33 y bajo la luz de un poste eléctrico estaba sentado en el piso, con una pipa al lado y su saco lleno de cartón Mario Olivares, un joven de 25 años, de piel canela, sucio como las calles de esta ciudad. Llegó a Bucaramanga hace 6 años. Dice que tiene que luchar para sobrevivir y escarbar en las sobras de los demás. “Ser recolector de basura no me alcanza para sobrevivir, gano en el día apenas quince mil pesos, con lo que vendo a las chatarrería. Llegué a este trabajo porque fue lo único que encontré, yo soy de Barranca, estoy acá porque me gusta la cuidad”, aquel rostro oculto en las sobras afirmaba que era un soñador.

[FOTO 2]: Los rostros del reciclaje
Mario Olivares “El soñador”. Foto: Karen Aponte Foto

Guillermo Tapias, el viejo

Guillermo Tapia un señor de 54 años, sus arrugas y canas expresaban su experiencia y los golpes que sufrió al ser reciclador y consumidor de bazuco por más de 30 años.

“Empecé a consumir desde muy joven. Tenía como 12 años, estaba en el colegio, en las aulas es donde uno empieza a conocer la droga. Fumaba en las esquinas de los salones, en ese entonces consumía marihuana, porque teína un amigo con dinero y él me gastaba. La droga hizo que me separara de mi familia. Decidí ser un aventurero para conocer el mundo, he vivido y sobrevivido en las calles de Bucaramanga”.

De repente Guillermo empezó hablar de todas sus experiencias y recuerdos como reciclador. Detrás de esos lentes de cristal se podía ver la mirada de un hombre que ha luchado contra su propia voluntad y ha podido vencer el miedo a sus más oscuras adicciones. Él decidió internarse en un centro de rehabilitación, salió luego de tres meses, demostrando cambio. Hizo un lazo de amistad muy grande con el sacerdote de este lugar, él le ayudó en su camino, además desarrolló una gran devoción hacia Dios. Tapia mencionaba que no existía domingo en el cual él no asistiera a la iglesia, aunque jamás pasaba de la puerta.

A los 22 años empezó en la chatarrería, estuvo dos años recogiendo arena, luego decidió aventurarse por el centro de la cuidad recolectando plátanos, papas, yuca, panelas y alimentos que botaban en la basura. Pasaron los años y él seguía apartado de su hija y esposa.

Para Guillermo más conocido como el viejo, el trabajo de reciclaje es bueno “yo ganaba en el día 40 a 80 mil pesos, sabía donde vender, buscar y comprar. La comida me la regalaban, por eso no me preocupaba. Me gustaba estar en las calles. Lo que me pagaban me lo gastaba en drogas. Solía armar un cambuche con latas y sacos en cualquier lugar, tenía una vida muy despreocupada, solo vivía y disfrutada mi autonomía, ya era un señor y aún seguía viviendo de la basura, ganaba bien y antes me sobraba. Jamás tuve problemas con la policía, jamás usé un arma, y nunca robé, todo lo que tenía lo ganaba con el sudor de mi frente.”

El viejo, expresó que gracias a su voluntad y a la fe por la iglesia católica pudo iniciar de cero. En este momento vive en una casa de obra negra en el barrio La Cumbre, con su hija y esposa, aún no tiene un trabajo estable, pero ha podido llevar el pan a casa.

 

Así es el día de un recolector de basura 

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