Curando almas

Publicado en Edición 52 | Viernes 09, de Marzo de 2018 | Actualizado el Viernes, 09 de Marzo de 2018

[FOTO 1]: Curando almas
La personificación del clown es acompañada por Chalo Flórez, quien les da pautas artísticas y teatrales. Foto tomada por la Fundación Corazón en Parches. Foto

El 24 de octubre del 2014 a las seis de la mañana, Juan Felipe Duarte salió de su casa para ir al colegio con la misma alegría que siempre lo había caracterizado. Cuando ingresó a clase, el niño se sintió un poco mareado y agotado, pero no prestó atención a esto. siendo exactamente las 10:00 am, su mundo empezó a dar vueltas, sus ojos se cerraron y cayó lentamente. Es ahí cuando Juan se encuentra postrado en el piso, la docente que en ese momento lo acompañaba acude rápidamente a llamar a los padres, Ana María Ortiz y Antonio Duarte, quienes muy preocupados y con el corazón en la mano llegan hasta al colegio para llevar a su hijo al hospital.

El menor despierta cuando es llevado a la clínica Bucaramanga, donde estuvo por casi tres horas esperando que lo atendieran. luego de ser revisado por el médico lo trasladan al Hospital Universitario de Santander porque los síntomas iban más allá de un simple desmayo que todos imaginaban. Estando allí, le realizan unos cuantos exámenes necesarios para saber y verificar lo que Juan padecía. Pasan los segundos, los minutos y las horas que para Ana María y Antonio se hacían cada vez más agónicos sin saber nada concreto sobre su hijo. dan vueltas por el solitario y frío pasillo que rodea la habitación donde el pequeño se encontraba hospitalizado. Con angustia y cabizbajos, pasan la noche en una silla en espera de los resultados de los exámenes.

A las 5:00 am del siguiente día, el médico se acerca a Ana y Antonio para darles los resultados de los exámenes y la noticia que cambiaría la vida y el rumbo de la familia Duarte Ortiz. Juan Felipe duarte con tan solo 10 años, es diagnosticado con leucemia, cáncer en la sangre, una enfermedad que tiene tratamiento, pero no tiene cura, una enfermedad con la que se puede vivir, pero que pone a prueba el valor, la esperanza y la unión que puede existir entre una familia y la persona que la padece. Los padres del niño, reciben esta noticia con un dolor profundo que inunda su corazón y sus ojos de llanto.

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Juan es internado en el Hospital Universitario de Santander inmediatamente porque la enfermedad que padece está avanzada, necesita ser tratada rápidamente. Tiene que dejar a un lado el colegio, sus amigos, la libertad de correr y cantar como lo hacía a diario, esto con el propósito de poder mejorar para seguir con una vida llena de emociones. Es una difícil situación, es tan solo un niño que sueña con jugar, ensuciarse en el barro, gritar con sus amigos, pero la forma en como él asimila esto, es por el amor, la paciencia y la confianza que sus padres le brindan en el nuevo camino que debe atravesar.

Durante la primera semana en el hospital, Juan recibió una visita inesperada, se trataba de unos personajes brillantes, con la nariz roja y trajes artísticos, apasionados por brindar afecto, risas, pero sobre todo alegría. Estas personas eran “clowns”, representaciones de payasos caricaturescos y cómicos, que desde una apuesta en escena, se transforman para contribuir a mejorar la calidad de vida de los niños que tienen cáncer u otras enfermedades que los llevan hacer hospitalizados. Los “clowns”, han hecho que la actitud de ana y antonio sea diferente, porque gracias a ellos Juan siempre está feliz y emocionado esperando que sea el día de su visita.

La magia comienza en el momento que el “clown”, se pone la nariz roja, e interactúa con los niños y su familia, dejando toda la energía e imaginación en la habitación a la que ingresan, es una transformación del personaje, donde las emociones son las que actúan, tal como lo relata Nelson Rodríguez, integrante de la fundación Corazón en Parches, “es un trabajo en el que se debe estar emocionalmente muy bien para poder dar lo mejor, la gente siente eso, y es una terapia también para el celador, la familia, la enfermera, el doctor, para todo aquel que se acerca y quiera recibir un poco de la terapia que hacemos”. y es que esta no es una tarea fácil, es agotadora porque estos personajes deben ser muy entusiastas. al momento de quitarse la nariz roja, Nelson siente una gran satisfacción por la labor realizada.

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Corazón en Parches se creó en el 2007 buscando humanizar primordialmente los servicios de salud. Fueron seis médicos quienes tomaron la iniciativa, ya que se dieron cuenta que habían muchos problemas de atención en el servicio de pediatría y los niños no eran tratados de la forma correcta; se encontraban en un lugar hostil donde los médicos y las enfermeras no sabían relacionarse adecuadamente. Es por esta razón que decidieron tomar un nuevo rumbo, ponerse la nariz y empezar a generar cambios emocionalmente positivos. Esa fue la idea, pero poco a poco Corazón en Parches ha ido trascendiendo y ahora más que generar humanización en servicio de salud, buscan hacerlo con la sociedad en general.

Wilmer Andrés Acacio, actual líder “clown” en la fundación y director regional de Corazón en Parches, expresa que en la organización lo más importante es tener en cuenta al prójimo, relacionarse y convivir con él sin ningún tipo de discriminación, lo cual lleva a generar una armonía entre ellos mismos.

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Corazón en Parches ha colaborado desde el 2008 en el Hospital Universitario de Santander, actualmente trabajan también con niños de fundaciones, de diferentes tipos de población en condiciones de abandono, de bajos recursos, víctimas del conflicto armado. Los infantes se relacionan profundamente con los clowns; la forma en como evidencian que el resultado de esto es positivo, es por la reacción que los menores tienen al vivir y experimentar las actividades que estos proporcionan y realizan.

“Una experiencia que tuvimos fue con una joven de aproximadamente 22 años, visualmente era muy impactante, llegaron los clowns, participaron y jugamos. Cuando nos íbamos a ir, la mamá nos dijo muchísimas gracias, porque mi niña hace dos semanas no sonríe porque sabe que va a morir dentro de poco, todos estamos muy tristes y que ustedes hayan venido a cambiar un poco esto, para nosotros es muy significativo”, relató Wilmer. Esto demuestra que si bien la risa no cura, sí genera oportunidad para que la medicina haga mejor su efecto o para que la persona se sienta un poco más tranquila y confiada en sí misma, para salir adelante.

El psicólogo Juan Gabriel Sánchez asegura que un niño cuando está enfermo además de la medicina necesita mejorar su autoestima y confianza, ya que la risa es un remedio emocional infalible, “si reímos producimos una serie de endorfinas y una descarga en el organismo que nos va a servir para solucionar una cantidad de problemas; la risa es fundamental y eso lo entendieron estos personajes que trabajan como clown en los hospitales”.

Actualmente Juan Felipe tiene 14 años, y su proceso de recuperación todavía continúa pero gracias a los medicamentos, terapias, oraciones y las actividades de los "clowns", la mejoría ha sido de un 80%. Este adolescente lleva una vida normal, con la enfermedad pero haciéndole una cara dura, saliendo adelante y no dejándose vencer, su familia agradece a dios por la oportunidad que les ofreció, dicen que su regalo más preciado es la salud de su hijo Juan Felipe y mandan un mensaje de apoyo para todas aquellas personas que sufren alguna enfermedad para que no se rindan, y salgan adelante cada día.

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