Relatos urbanos violencia en santander

La sombra de una víctima de la guerra

Publicado en Edición 52 | Miércoles 28, de Febrero de 2018 | Actualizado el Miércoles, 28 de Febrero de 2018

Desde pequeña lucha por una pelea interminable

[FOTO 1]: La sombra de una víctima de la guerra
Calles del barrio Miradores de la UIS, lugar de residencia de la señora Teresa Moreno. Foto

 La guerrilla y las autodefensas fueron dos de los autores principales a la hora de cometer injusticias y  ocasionar altos niveles de violencia en los departamentos de Santander y Norte de Santander.

“Fue muy duro ver a mi esposo tirado en el suelo, muerto, con su cabeza destrozada, sin poder llevármelo a mi casa y esperar hasta el otro día para llegar donde el comandante de la zona y rogarle que por favor me lo dejara llevar”, contó Teresa Moreno de García una mujer de 60 años, quien frunce el ceño y empuña las manos mientras recuerda este momento de su vida.

Teresa, más conocida en su barrio como ‘doña Tere’, es una desplazada por la violencia, que desde muy temprana edad tuvo que soportar y aprender a vivir con los malos tratos de grupos al margen de la ley. Vive en el barrio Miradores de la UIS, una comunidad marginal del norte de Bucaramanga, ubicada en la parte trasera de la Universidad Industrial de Santander, en un descenso de aproximadamente  500 metros y desde allí decidió contar su historia. En su hogar se percibe tranquilidad, el color azul de sus muros transmite paz, como la que se siente al mirar el cielo que cubre a diario todo. Aunque ni su casa, ni el barrio en el que vive muestra trabajador, líder de la comunidad”. Relata con tristeza Teresa.

 

[FOTO 2]: La sombra de una víctima de la guerra
Doña Teresa Moreno. Foto: Diego Durán. Foto

Doris Ramírez, Psicóloga y delegada de la defensoría del Pueblo de Bucaramanga, explicó sobre el protocolo de procesos como el de doña Tere, “En estos casos, la defensoría del Pueblo, se encarga de tomar las declaraciones enviarlas a la Unidad de Reparación, donde ellos se toman hasta 60 días hábiles para hacer la valoración del hecho como tal. Una vez esto, emiten una resolución, un acto administrativo y si las personas están incluidas en la base de datos como víctimas del conflicto armado interno, pueden comenzar a preguntar por las características de la reparación; pero si no están en la base de datos, nosotros como defensoría, apalancamos el proceso con los diferentes servicios judiciales, como peticiones, tutelas, recursos a través de los abogados de la delegada de víctimas”.

Desde que se aprobó la ley 1448, se estableció que todos los hechos que sucedieron antes de 2011 tuvieran plazo para hacer las denuncias hasta el 10 de junio del 2015 y en caso de que se tomen  dichas declaraciones, la persona deberá especificar cuáles fueron esas razones de peso para no hacerlas durante esos cuatro años (2011 a 2015).

Pasado un año de la partida trágica de su esposo, Teresa decidió hacer las denuncias ante las entidades competentes quienes no querían aceptarla como víctima, pues no se podía demostrar el sufrimiento que ella y su familia habían tenido que pasar.

Tanto ella como sus hijos querían justicia, así que entre denuncias y tutelas, entregó 53 documentos al Estado, en medio del manojo de papeles que aún conservan como prueba del arduo trámite, se destaca un oficio con el logo de la Fiscalía General de la Nación, en el que le responden: “señora Teresa Moreno de García, en su momento usted no es desplazada por la violencia, puesto que las Autodefensas la estaban dejando trabajar a cambio de pagar una pequeña cuota que estaba al alcance de sus manos”. Con un gesto de indignación dice “con esto si no pude hacer nada”.

Finalmente, para que la pudieran aceptar como afectada por el conflicto, tuvo que ser capturado en el 2008, William Gallardo Jaimes, alias ‘Chiqui’, comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, en los municipios de El Playón y Rionegro; en Santander y la Esperanza y Cáchira, en Norte de Santander.

Doña Tere acudió a una audiencia en la que alias ´Chiqui’ confesó haber asesinado a su esposo y pidió disculpas a todas las familias que habían sido afectadas por sus actos. Solo de esa forma logró que la certificaran a ella y a sus cinco hijos como víctimas del conflicto armado, por lo que cuatro años más tarde le dieron un total de 12 millones de pesos como indemnización y a sus hijos un monto correspondiente de 2 millones trescientos mil pesos a cada uno, por los daños psicológicos causados.

“Gracias a esa platica, y a que la violencia en el pueblo había cesado, decidí volver a mi finca ubicada en Cáchira e invertirle 4 millones de pesos, porque estaba muy acabada y muchos de mis animales se murieron porque las cercas estaban caídas, también, otros se enfermaron porque aguantaron hambre. Lastimosamente pasaron dos meses y la violencia regresó con más fuerza, lo cual, hizo que vendiera mi finca a un bajo precio para irme de ese lugar porque no quería volver a vivir todo aquello”.

El proceso de paz

Frente a este tema tan álgido en la agenda sociopolítica del país, doña Teresa tiene una posición muy fuerte, no solo por ser víctima del conflicto sino por además, serlo del propio Estado.

A su modo de ver el gobierno, muestra por los medios de comunicación, solo un lado de la moneda, el más atractivo, para que las personas que no han sufrido y no conocen lo que es vivir en medio de un conflicto, crean que está haciendo lo correcto por las víctimas, “eso no es así, he ido varias veces a poner denuncias ante la Fiscalía y lo que hacen es cambiarle el sentido a mi testimonio”.

Aunque según la unidad para la Atención y Reparación Integral de Víctimas, para las personas registradas y reconocidas en esta posición social, se cubre el arriendo, alimentos y se tiene la entrega del componente de indemnización, un recurso entregado a las familias como reparación económica por los daños causados, doña Teresa no está conforme con el trato que ha recibido del Estado “me hicieron estudiar un año, para poder lograr montar un negocio propio, pero la ayuda que nos dieron fue de un millón ochocientos mil pesos, de esa plata, un millón cuatrocientos lo invirtieron para darnos una vitrina en mal estado, jabones y pilas que ellos compraron. Luego nos suministraron un bono por cuatrocientos mil pesos para ir a comprar a un supermercado, con eso pude adquirir mejores jabones y cosas para surtir mi tienda”.

Son las 5:40 pm se está ocultando el sol, Teresa, dice que recordar todo su pasado, le duele mucho, pero que se siente bien ser realmente escuchada. sus ojos llorosos daban testimonio de la tristeza del momento y finalmente se despedía con la satisfacción que su historia sería contada.

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