Seis décadas de emoción leoparda

Publicado en Edición 52 | Martes 20, de Febrero de 2018 | Actualizado el Jueves, 22 de Febrero de 2018

 

[FOTO 1 ]: Seis décadas de emoción leoparda
Partido inaugural de la remodelación al estadio Alfonso López (2017). Tribuna sur llamada José Américo Montanini Foto de archivo Foto

La cultura santandereana con el paso de los años aún conserva un equipo de fútbol llamado Club atlético Bucaramanga, que para algunos ciudadanos, es un ícono de identidad cultural.

Un año antes del mundial del ‘Maracanazo’, (final que perdió la selección de Brasil en su casa ante Uruguay, en Río de Janeiro) el 11 de mayo de 1949 se funda oficialmente el atlético Bucaramanga por el barranquillero Rafael Chaberman, convirtiéndolo en un símbolo santandereano que transciende culturas, generaciones y largas décadas.

los seres humanos somos gregarios por naturaleza, desde las sociedades primitivas hasta hoy en día. “Ahora, ser gregario en torno a la pertenencia a un grupo, en este caso a ser hincha o ser barrista de un equipo de fútbol, forma parte precisamente de la afición de postmodernidad, quien está o no está allí, no gana ni pierde como ser”, señala la docente y Comunicadora social santandereana Jackeline Estévez; pero estar y apoyar a un equipo de fútbol a su vez genera un sentido de pertenencia hacia el espacio en que habita: la ciudad, la comuna, el barrio.

Debut de un buen hincha

En un popular barrio de Bucaramanga, en la comuna diez, se encuentra la vivienda de quien para muchos en ese sector es el señor “más apasionado de los apasionados del fútbol”. Carlos ordóñez, un bumangués de 53 años de edad ha acompañado al conjunto ‘leopardo’ durante un poco más de tres décadas, es decir, ha pasado tanto las duras, como las maduras con su equipo del alma, ha visto cómo pasan generaciones de jugadores, cambios de directivas, descensos y ascensos, hasta disfrutó cuando casi su equipo toca la gloria en el campeonato de 1997, ‘El Fantasma’ Ballesteros, haciendo honor a su apodo, apareció de la nada y de soberbio remate anotó el gol más importante en la historia del Bucaramanga, en un interminable cotejo contra el deportes Quindío, lo cual, le dio el paso al conjunto santandereano a la Copa libertadores de américa del año siguiente.

“Cuando yo era un niño de siete años, mis hermanos me empezaron a llevar a fútbol, ahí aprendí a cogerle amor al equipo y eso fue algo que llegó por sí solo. Ellos me recalcaban el regionalismo, ¡Hoy en día no!, tristemente se ven jóvenes pensando en otros equipos, en otras tierras que ni conocen”, relata Ordóñez, mientras con una mirada algo soberbia mira fijamente el reloj de pared que tiene en su sala con el escudo de su amado club, el atlético Bucaramanga.

las pocas canas en su cabello, sus cejas pobladas y su mirada profunda, reflejan la madurez, sin lugar a dudas, un ser de confianza a la hora de hablar del fútbol santandereano y de las raíces que, según él, todo joven nacido aquí debería tener. “Bucaramanga es mi tierra, para mí primero es la familia y la tierra, soy muy regionalista y muy patriótico. me enamoré de este equipo por todo, por las emociones, el sentimiento, es una pasión”, dice como dictando una sentencia inexorable”.

Como bien saben, el fútbol no distingue grupos sociales, razas, acentos, idiomas, ni mucho menos edades y un ejemplo de esto es Dylan Mackey Montealegre, joven estudiante de la Universidad de Santander (UdES), quien manifiesta que cuando tenía diez años llegó a la ciudad de los parques. ahora, con 21 años y con su mente llena de sueños, recuerda sus primeros pasos como fanático del fútbol bumangués, con una expresión de felicidad, relata cómo hoy sigue intacta esa pasión por el club que le ha brindado tantos momentos en su vida.

 La década de los noventa ha sido la más fructífera en la historia del club, más claramente en la temporada 96/97 donde logró su máximo apogeo futbolístico y llegó a disputar la final de la liga colombiana. Los Búcaros, a lo largo de sus más de 65 años ha vivido muchas situaciones, y quienes han seguido al club desde sus inicios pueden dar fe de eso. Entre esos malos ratos están los descensos, y malos manejos de los directivos, pero también se han vivido alegrías, hasta se llegó a participar en la tan anhelada Copa Libertadores de América en 1998.

Los malos ratos

Los aficionados no siempre viven momentos color de rosa, deben sufrir las derrotas y días oscuros que jamás quieren volver a experimentar.

Don Carlos, entre suspiros y recuerdos, según él, “el acontecimiento más injusto en la historia del fútbol bumangués y del estadio Alfonso López”, fue el mal arbitraje que se presentó durante el partido entre el equipo local y el Júnior de Barranquilla, generó un enfrentamiento entre hinchas y la fuerza pública.

“Fue algo injusto para los que estábamos viviendo el fútbol, al llegar el ejército y empezar a disparar, el pánico se apoderó de nosotros. Ese momento fue terrible, duré siete años sin ir a ver fútbol a los estadios, eso me dejó traumatizado. Regresé a ver fútbol cuando estaba en Medellín, fue un partido entre Atlético Bucaramanga visitando al conjunto Verdolaga”, expresa Ordóñez, quien a su edad aún si tiene la oportunidad no duda en viajar a las ciudades en donde se encuentre el conjunto santandereano.

Y es que esto de los malos ratos el ‘Búcaro’ sí que los ha padecido, además de ese trágico incidente perder la final del 97, el conjunto ‘Leopardo’ ha vivido lo que para muchos aficionados es el mayor temor y hasta la mayor “vergüenza” de su equipo y honor como hincha. El conjunto santandereano a lo largo de su historia ha descendido en dos ocasiones, en el 2001 se salvó de padecer su tercer descenso. La Dimayor organizó un triangular con los equipos más tradicionales del fútbol colombiano; este salvó al Atlético Bucaramanga de jugar en la segunda categoría.

Aunque actualmente el Atlético Bucaramanga disputa la categoría Primera División del Fútbol Profesional Colombiano (FPC), el camino no ha sido del todo fácil. Tras superar su último descenso, durando siete largos años en el “infierno de la B”, el conjunto Leopardo ha logrado estar a la puerta de luchar otra final en poco menos de dos años. “Fue duro, pero se acompañó en esos siete años porque se ama de verdad, para mí es el campeón de mi corazón y yo no soy aficionado por copas, títulos ni nada de eso; durante el descenso lo vivido con el equipo fue duro, uno se ilusionaba, este año sí, luego no y nada, eso fue lo duro”, recuerda el veterano aficionado del fútbol.

Aunque no hay nada más bonito para un seguidor de fútbol que tener la posibilidad de ir al estadio a ver al club del cual es hincha, tampoco hay que dejar de lado la vieja tradición de reunirse en la casa de un vecino a ver el ‘cotejo’ perteneciente a la fecha. Tanto para el señor Ordóñez como para el joven Mackey, cuando no se puede ir al estadio por algún motivo, también desde la comodidad de su casa se percibe esa emoción; sin embargo, para don Carlos, “se vive el sentimiento, pero al contrario sufre uno más acá que allá. Uno allá ve que el equipo arma mejor las jugadas, hasta grito para que me hagan caso -expresa entre risaspero acá en el televisor se ve diferente y grita uno solo o con los vecinos”.

Para Mackey, la “hinchada del ‘Leopardo’ entrega su alma como su canto al asistir al Alfonso López”. Allí, donde se encuentra la recién remodelada tribuna Américo Montanini, los “fortines” como también se les conoce a los aficionados del conjunto santandereano, esperan a los jugadores con trapos, tamboras haciendo cánticos alentadores; en el que se vive un ambiente de colores verde y amarillo, donde “el único idioma que se habla es la pasión, ahí no existen clases sociales, lo único que importa son los 90 minutos de juego, los saltos son de euforia con un sentimiento que pocos logran verdaderamente experimentar”, relata eufórico el joven universitario.

Lo que degrada al sentimiento futbolero

Para nadie es un secreto, así como hay aficionados de fútbol que sí respetan a cabalidad lo que es verdaderamente alentar un equipo, también están aquellos que degradan de una u otra manera el deporte más popular en el mundo.

En el siglo XX, incluso a principios de este siglo, ir al estadio era más que todo un plan familiar, y si así no era, el principal objetivo del hincha era pasar un rato de distracción apoyando a su equipo. Antes todo era más sano y para don Carlos, quien ha vivido el fútbol desde décadas atrás y vivió la euforia de la famosa “generación dorada”, cuando aún jugaba el ‘Pibe’ Valderrama, Asprilla, Freddy Rincón, Higuita, entre otros; recuerda que “antes hasta se podía llevar una botella de licor, se podía hacer muchas cosas y no pasaba nada. Hoy en día es totalmente diferente, se oponen a vender una cerveza, pero dejan consumir drogas. La hinchada ya no es igual, la pasión era un amor más puro, ahora hay hinchas que son por ocasión y no por vocación”.

En Bucaramanga y municipios aledaños se encuentran personas que a menudo son rechazadas por la sociedad, en algunas ocasiones por temor, pero sea cual sea la situación lo mejor es en lo posible facilitar apoyo. Carlos ha tenido la posibilidad de brindar talleres a jóvenes de Las Villas, esto como una labor que hace partede su diario vivir, ya que para él estos jóvenes también forman esa alegríaque de una u otra manera se ve en los
estadios: “He trabajado con la parroquia de Zapamanga (barrio del municipio de Floridablanca), a los jóvenes se les brinda un espacio para asistir y generar dinero para comprar sus instrumentos, algo que me gusta, pues siempre que voy al estadio asisto a la tribuna sur, para sentir la pasión, el aguante y la energía”, narra el veterano aficionado.

Desde la experiencia de la docente, Jackeline Estévez, aporta que no necesariamente ser miembro de una barra brava de un equipo significa practicar el vandalismo, eso es un prejuicio que se ha creado principalmente en América Latina. "Los miembros de las barras bravas en Europa, son personas con mucho poder económico y hay toda una cultural entorno al fútbol".

El señor Ordóñez finalmente recuerda con orgullo las estadías de su equipo en la segunda categoría, “a veces le reprochan a uno que sea un equipo que ha estado en la B; pero yo siempre me he sentido orgulloso, me pongo mi camiseta o pantaloneta, cualquier cosa que me identifique”, cuenta en medio de sonrisas que reflejan la amabilidad con la cual es distinguido por los habitantes de ese sector.

Para muchos, es un carretudo, para otros, un amante nato del fútbol santandereano que conoce más que nadie sobre las penas y glorias del Búcaro. Ahí está, el conjunto ‘Leopardo’, creando euforias y generando sentimientos.

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