¿Quedarse o huir? La realidad venezolana en Bucaramanga

Publicado en Edición 52 | Lunes 12, de Febrero de 2018 | Actualizado el Lunes, 26 de Febrero de 2018

La llegada masiva de venezolanos a Bucaramanga ha puesto en alerta al gobierno local y a instituciones del sector público para atender las particularidades de cada caso, pues si bien se han manifestado múltiples canales de ayuda, las necesidades de estas personas trascienden más de una frontera.

 

[FOTO 1]: ¿Quedarse o huir? La realidad venezolana en Bucaramanga
El puente internacional Simón Bolívar es el principal punto de ingreso y salida de migrantes venezolanos hacia otros países. Foto: Andrés Villamizar/UPB Foto

“Ya me queda poca familia en realidad, la mitad de ellos ya salieron de Venezuela y todos nos encontramos en diferentes países”; “Calidad de vida es algo que ya en Venezuela hace mucho tiempo no existe”; “La gente se vende por comida, respalda al Gobierno y atacan a los opositores”; “Yo quiero que mi hija tenga un futuro, y para que pudiera estudiar me tocó venirme a trabajar”. Estas son algunas de las miles de razones de los más de 47.000 venezolanos que han ingresado de manera legal al país durante el pasado junio, correspondiente a un aumento de más del 150% de migraciones en comparación a los años anteriores (ver tabla 1). a estos, se suman 150.000 a quienes la permanencia sin visa, por 90 días, ya se les venció y están de manera ilegal en territorio colombiano, según datos de migración Colombia. Pero, ¿por qué un país tan rico en recursos tiene a tanta población huyendo?

150% Han aumentado las migraciones de venezolanos a Colombia desde el 2016

Desde abril de 2013 Nicolás Maduro asume la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela. A partir de ese momento comienza una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que conducen al país a tener la mayor inflación del mundo (720%), según informes del Fondo monetario internacional. ¿Qué significa esto? Por el debilitamiento del bolívar y la escasez de oferta frente a una alta demanda, los precios de todos los productos en los mercados venezolanos alcanzan cifras alarmantes. Unos zapatos deportivos en Colombia pueden costar alrededor de 200.000 pesos; en Venezuela oscilan los 550.000 pesos. Una gaseosa que puede comprarse por 1.500 pesos en una tienda colombiana, alcanza los 4.100 pesos en el vecino país. lo mismo sucede para productos básicos de la canasta familiar como harina, arroz, huevos y carne. Las desproporciones económicas son preocupantes teniendo en cuenta que 1000 pesos en tasas de cambio son 27.02 bolívares.

Lo anterior, causado por la expropiación de industrias y empresas extranjeras en Venezuela por parte del gobierno, la censura a medios internacionales y locales, más un tratamiento agresivo y poco estratégico del mandatario en sus relaciones diplomáticas con los países de los cuales importaba gran cantidad de productos.

De ahí, el país empezó a polarizarse entre chavistas y opositores, desatando fuertes protestas y migraciones que se intensificaron el 30 de marzo de 2017 tras una decisión del Tribunal supremo de Justicia (TSJ) de adjudicarse poderes correspondientes a la Asamblea Nacional (de mayoría opositora). Este acto fue calificado por los opositores como un “autogolpe de Estado”, por lo que fue tanta la controversia que dos días después el TSJ revirtió su decisión. Sin embargo, el 1 de mayo el presidente Nicolás Maduro convocó a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que la oposición rechazó y respondió con un plebiscito que obtuvo más de 7 millones de votos y 98 por ciento de rechazo hacia la Constituyente.

No obstante, el 30 de julio en una polémica consulta popular la ANC logró más de 8 millones de votos. “La votación más grande de la revolución bolivariana”, celebró Maduro en sus declaraciones a la prensa. El 4 de agosto la ANC se posicionó, presidida por la excanciller Delcy Rodríguez. En distintos puntos de la ciudad, como el Terminal de Transportes, la Alcaldía de Bucaramanga y el Parque de los Niños aguardan venezolanos buscando soluciones a su permanencia y supervivencia. Estas son algunas de las historias, que evidencian el éxodo de un país:

51.177
Permisos Especiales de Permanencia entregados

Yolanda:

“Maduro podrá ser el gobernante, pero él no es mi Presidente”, afirma Yolanda, merideña de 65 años que reside legalmente en Bucaramanga junto a su hija. Ella, a diferencia de otros migrantes, regresa de manera periódica a Venezuela para llevar algunos medicamentos a sus familiares que aún residen allí. Aunque no permanece largos periodos en su país natal, pues “así uno tenga el dinero las cosas no se consiguen, hay gente comiendo de la basura y las personas se mueren en los hospitales porque no hay cómo atenderlas”.

Desde el año 2008 su hija María Alejandra llegó de manera permanente a Bucaramanga junto a su esposo e hija. Regularmente venía a visitarlos por unos días y se regresaba, así acostumbraba hasta que empezó a notar un alza en los precios y escasez de productos, entre ellos su medicamento para la hipertensión. Además, la poca disponibilidad de alimentos comenzó a comprometer su nutrición, lo que la obligó a quedarse más tiempo en Colombia. “La pensión no alcanza ni para 15 días de mercado, mucho menos para poder ir al médico”, agregó la venezolana.

En lo referente a sus viajes, la ruta que utiliza para desplazarse entre los dos países la recorre en compañía de un médico venezolano radicado en Bucaramanga hace años. Junto a él, llegan vía terrestre a Cúcuta y de ahí toman un taxi hasta San Antonio para sellar los pasaportes. Allí, un conductor privado del doctor los espera para conducir hasta Mérida. Luego, para el regreso, se asegura de coordinar sus fechas a las del médico para evitar los altos costos de los vehículos públicos.

Frente a la situación de violencia que reportan los medios de comunicación, Yolanda asegura que es peor, los llamados chavistas son “personas que se dejan comprar por una bolsa Clap [caja con alimentos dispuesta por el Gobierno] y salen a atacar a los opositores. La inseguridad es terrible, uno sale a la calle y de una siente que el ladrón lo está siguiendo; pero a pesar de todo eso y lo bella que sea Colombia, Venezuela es mi país y lo amo, tengo que regresar, por mi familia, y porque es mi casa”, concluyó con nostalgia Yolanda.

Rafael:

“No nos alcanzaba el dinero para la comida y tuvimos que zarpar de Venezuela”, mencionó dicho hombre que decidió partir de su hogar para buscar un mejor futuro. Aún estando fuera de casa y lejos de su familia, le toca seguir buscando nuevos horizontes y una mejor calidad de vida.

Salió de Venezuela a finales de julio huyendo de las diferentes problemáticas que estaban viviendo en su país. La única salida que tuvo fue huir por una “trocha”, pues no contaba con un pasaporte que le facilitara la salida por la frontera entre San Antonio y Cúcuta, y la permanencia en otro lugar. Para poder realizar dicho proceso tuvo que pagar una ‘vacuna’ de 50 mil pesos colombianos, que le permitiera el paso libre por el río Puerto Santander, el cual lo comunicaba con una finca que lo adentraba ya a Colombia.

       “Desde que llegué al país me ha tocado quedarme en varios lugares como en el Parque de Los Niños, donde también se quedan muchos venezolanos, compañeros. Otras veces he solucionado para quedarme en hoteles, pero hasta ahí, no he tenido suficiente dinero para tener una residencia”, relató Rafael. Sin embargo, mencionó que ha tenido una gran acogida en el país, pues ha encontrado personas que deciden ayudarlo brindándole un almuerzo “digno” en algunos comedores públicos. Actualmente, como otros venezolanos en Bucaramanga, espera recibir ayudas del Alcalde Rodolfo Hernández, como él mismo lo anunció el pasado miércoles 9 de agosto en la primera rueda de prensa.

María y Alejandra:

María Gómez, de 48 años de edad, y Alejandra Castro, de 36, son dos profesoras que vivían en San Juan de los Morros, capital del Estado Guárico de Venezuela. Llegaron el 29 de julio de 2017 a Bucaramanga en busca de trabajo y tranquilidad pues, según ellas, el gobierno las amenazó por no votar la consulta popular que eligió la nueva Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela.

“Con esta dictadura se redujo todo, no hay comida, no hay medicina y el sueldo no alcanza porque todo es exageradamente costoso. No se puede vivir en Venezuela”, aseguraron María y Alejandra mientras esperaban formadas en una larga fila. Esta vez no para poder conseguir alimentos como acostumbraban en su país, sino para acceder a la recién inaugurada Oficina de Atención al Venezolano en la Alcaldía de Bucaramanga.

Aunque traían lentes oscuros, se podía ver a través de estos una latente aflicción que daba testimonio de que sus pensamientos se habían quedado en casa con sus familiares. “Dejé a mi hijo de 4 años con su papá. Una vez me establezca aquí, los traeré a mi lado”, expresó María. En ese sentido, su preocupación es conseguir un Permiso Especial de Permanencia (PEP) para poder laborar en Colombia: “estamos dispuestas a trabajar en lo que sea: fregando platos, barriendo calles o limpiando casas”.

Edward:

 Estudiante venezolano de Informática y Programaciones de la Universidad Bolivariana de Venezuela, la universidad del Estado, decidió emigrar de su país desde hace 39 días, de los cuales 24 ha estado en Cúcuta y 15 en Bucaramanga.

Sosteniendo una caja de chocolatinas que vende por las calles de la Ciudad Bonita, y con propiedad en sus palabras, Lozada relata cómo se consigue el alimento en el vecino país. Los Clap son una bolsa o una caja que el gobierno da mensualmente, a veces cada dos meses o tres. Cada familia es beneficiaria de una caja, pero sólo aquellas que superen los 10 integrantes. Dicho beneficio oficial consta de  4 libras de pastas; 4 de arroz, 4 de harina; 1 tarro de aceite de 400 gramos; 1 mayonesa de 400 gramos, salsa de tomate de 400 gramos y 6 atunes.

Anteriormente, los venezolanos podían adquirir productos haciendo largas filas de 3 a 4 horas, pero ahora “cuando llegan los camiones de arroz, el gobierno los toma, los expropia y se los llevan supuestamente para distribuir en los Clap, pero  los  desaparece, porque dicho alimento no llega a tu casa”, mencionó Edward agitando fuertemente sus manos. Además, comentó que un niño de su país solo puede comer una vez al día, porque 1 kilo de leche cuesta seis días de trabajo.

“La mayoría de empresas han cerrado, porque el gobierno las ha expropiado”, afirmó el estudiante para explicar el porqué todos los productos de aseo que se consiguen son importados y costosos.

El Gobierno venezolano ha censurado los medios de comunicación, las empresas extranjeras han decidido irse, ocasionando aumento del desempleo y una alta inestabilidad económica. “Conozco 4 abogados que manejan taxi porque no han encontrado empleo”, agregó Edward. En su caso, el talento para la actuación y la comedia le han servido de ‘trampolín’ para vender sus productos en Bucaramanga, puesto que la competencia en estos momentos es muy fuerte tras la llegada de los llamados “venecos”, que para sobrevivir comercializan golosinas o preparan comida típica venezolana y la venden de manera informal.

 

[FOTO 2]: ¿Quedarse o huir? La realidad venezolana en Bucaramanga
Olivia Coa espera con angustia que su pasaporte sea sellado para poder llegar a Perú y enviar dinero a sus familiares. Foto: Andrés Villamizar/UPB Foto

La respuesta institucional

Jaime Pulido, coordinador de migración Colombia seccional Bucaramanga, explicó el funcionamiento del Permiso Especial de Permanencia (PEP) para poder permanecer y laborar en colombia por un periodo de 90 días con prórroga automática de hasta dos años, esto para venezolanos que cumplan requisitos como tener el pasaporte sellado por un puesto de control autorizado al ingresar a Colombia, no tener antecedentes judiciales y haber estado antes del 28 de julio, fecha en que comenzó a regir el permiso, en territorio colombiano.

de igual forma, el Coordinador aclaró que han sido otorgados 2.826 PEP en santander, de los cuales 1.912 corresponden a Bucaramanga. Quienes no cuentan con este documento son considerados ciudadanos ilegales y pueden llegar a tener una penalización económica entre 1 y 7 salarios mínimos mensuales legales vigentes, o una sanción de deportación que está regida por el decreto 1067 de 2015, medidas que ya han sido aplicadas a 4.112 ciudadanos venezolanos en 2017.

Por su parte, la alcaldía de Bucaramanga instauró un punto de atención al Ciudadano Venezolano, en donde les brindan información sobre temas como el PEP, salud, educación, sena, recreación, iCBF, asesorías jurídicas y comisarías de familia. “Reconocemos que venezuela fue generosa en su momento y que Bucaramanga también lo puede ser, hemos buscado esta estrategia para que los venezolanos sientan que los estamos recibiendo e informando”, expresó natalia durán, directora de la oficina de Relaciones internacionales de la alcaldía de Bucaramanga.

Además, la funcionaria ratificó que el alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, anunció durante una rueda de prensa la existencia de 10 vacantes para venezolanos que deseen trabajar en la Empresa de aseo de Bucaramanga (Emab), “ya se realizó la primera reunión y se está llevando a cabo el proceso de los primeros seleccionados”, concluyó durán.

Si bien la Alcaldía de Bucaramanga está proporcionando información a los migrantes frente a los canales de atención que hay disponibles, en algunos casos no es bien recibida por aquellos que acuden a ella. Rolando Enrique Torres, venezolano de 21 años, aseguró que no recibió suficiente información sobre el permiso de trabajo o los procedimientos para ser contratado. “solo me dieron lo básico, pensé que me iban a dar algo más profundo”, dijo. de forma contraria, hay quienes han podido mejorar su situación por medio de este canal de ayuda, “te explican todo muy bien, paso a paso, para poder tener estabilidad en el país”, dijo Fidel Perdomo, de 22 años.

36.000
Personas ingresan a diario al país para comercializar en la frontera y después regresar a Venezuela.

 

Tal es el caso de Ángela Ruíz, venezolana que ha recibido controles médicos prenatales desde julio, realizados en el Centro salud Campo Hermoso, por un acuerdo establecido con la Alcaldía de Bucaramanga. El único requisito que tienen las embarazadas venezolanas para recibir esta ayuda es tener pasaporte y la cédula de su país.“de qué nos sirve tener buen alimento, si no tenemos una buena salud”, afirmó Adriana Gómez, quien calificó como ‘pésima’ la atención médica ofrecida a venezolanos pues su hija de 14 años sufre de asma y aún así no ha podido recibir asistencia alguna. “He tenido que medicarla, y en el colegio solo me dicen que debo traer una carta informando que ella padece de asma,... es duro, porque me vine para acá buscando algo mejor para mis hijas y es difícil. Las niñas se me han enfermado mucho y con lo poco que sé de medicamentos la ayudo”, enfatizó Gómez.

[FOTO 3]: ¿Quedarse o huir? La realidad venezolana en Bucaramanga
A diario 2 mil personas ingresan a Colombia, superando la zona fronteriza, luego de esperar de 2 a 3 horas para sellar su pasaporte. Foto: Andrés Villamizar/UPB Foto

Un día en la frontera

Son las 6:30 de la mañana y un fuerte frío acompaña nuestra llegada a Cúcuta. El conductor del bus que conduce de Bucaramanga a la ‘Perla del norte’ anuncia la parada en el sitio conocido como la “Redoma de san mateo”. Allí, tomamos un taxi y nos dirigimos al corregimiento la Parada de Villa del Rosario, zona fronteriza con Venezuela. El reloj marca las 7 de la mañana. Hora colombiana y es momento de bajar del automóvil.

La primera imagen del lugar son sus descuidadas calles, testigos del abandono por parte del Estado, situación que ha favorecido el contrabando que entra desde el vecino país en camiones “cargados con variedad de mercancía en horas de la madrugada”, afirmó Karen Rondón, residente de San Antonio, Venezuela.

Cada vez más cerca de la frontera aumenta considerablemente el número de personas que buscan cruzar el puente internacional simón Bolívar para llegar a territorio colombiano. Van y vienen llevando sus maletas arrastras, bolsas con alimentos, carretas con sus en eres y niños en brazos. unos rostros son de alegría; otros de cansancio, algunos esconden tristezas, pero todos tienen una historia por contar.

4.112  Venezolanos han sido sancionados por las autoridades locales.

Una de ellas es nataly Castillo, de 25 años, una joven que refleja más edad de la que tiene, de tez morena y estatura mediana. se sienta a nuestro lado con resignación en su rostro: “allá soy ingeniera en Higiene y seguridad laboral, trabajaba cuidando a los empleados para evitar los riesgos profesionales”, relató Castillo, quien por la situación política y social de su país, está desempleada hace más de un año y cruza la frontera con frecuencia para traer productos de Venezuela y comercializarlos en Colombia.

Sin embargo, Nataly no vive esta travesía sola, junto a ella está su ‘compañero de combate’, uno que conoció en la odisea diaria de buscar sustento para sus familias. un recorrido bastante largo que debe hacer desde Venezuela hasta la frontera con Colombia “la buseta dura entre 10 a 15 horas, si no tiene baño, tienes que aguantar, más lo que uno camina aquí. Hay que tener guáramo [valentía] para estar en este sitio”, exclamó la venezolana.

A lo anterior, debe sumar todas las distancias que camina para vender sus productos, situación agravada por una enfermedad que la obliga a estar constantemente yendo al sanitario, “cobran entre 500 y 1.000 pesos por utilizar ese servicio, el teléfono lleva tres días descargado porque te cobran 1.000 pesos para cargarlo, se va mucha plata en ese tipo de servicios”, concluyó Nataly.

Mariela, de 61 años, es de San Cristóbal, Venezuela. Estaba sentada cerca de unos matorrales esperando a su hija, quien hacía una fila de casi 3 horas para que le sellaran el pasaporte y así llegar a Chile. a pesar de que su otro hijo también está fuera del país, en España, ella aseguraba con gran ímpetu “yo de Venezuela no me voy, pase lo que pase no me voy”. al preguntarle por las necesidades que sufría en el vecino país, pasó las manos por su rostro y después de un momento de silencio respondió que ella y su esposo de 86 años, el cual perdió la vista por su avanzada edad, sobreviven con los alimentos que pueden comprar en Cúcuta gracias al dinero que les envía su hijo desde España.

Al igual que la hija de Mariela, dos jóvenes amigos esperaban que su pasaporte fuera sellado. Valentina Rivas, de 22 años, y sergio Romero, de 24. Junto a ellos estaban tres enormes maletas, indicio de que no volverían pronto a su país. “Vamos para Colombia porque es la forma más rápida y económica para ir a Perú”, aseguró sergio. a su vez, Valentina contó que ayudaba económicamente a su familia con el sueldo mínimo de 105 mil bolívares que se ganaba en Venezuela trabajando en una sala de cine: “sostenía a mi familia, pero ya no puedo, ya no me da”.

 

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Venezolanos esperan el trámite del Permiso Especial de Permanencia (PEP) en la sede de Migración Colombia Seccional Bucaramanga, para poder laborar y recibir atención médica . Foto: Emily del Amor/UPB Foto

Durante el viaje varios venezolanos mencionaron la Casa de Paso la divina Providencia, donde les regalan un plato de comida, por lo que a las 10:30 de la mañana decidimos visitarla. al llegar a la dirección una extensa fila de venezolanos atravesaba la calle. les entregaron un ficho, un pan y un vaso de café. la casa de estilo colonial contenía aproximadamente unas 15 mesas y unos 8 mesones largos, además de 30 personas preparando el almuerzo para más de 3 mil venezolanos.

[FOTO 4]: ¿Quedarse o huir? La realidad venezolana en Bucaramanga
Cerca de 3 mil venezolanos reciben a diario un almuerzo en la casa de paso La Divina Providencia. Foto: Ruddy Díaz/UPB Foto

“Aquí no estamos vinculados ni con políticos ni con ONGS, los recursos para los almuerzos son de la misericordia de dios”, comentó el presbítero Hugo suárez, cabeza del proyecto humanitario, quien también explicó que todos los trabajadores son voluntarios pertenecientes a distintos grupos apostólicos de la parroquia san Pedro apóstol junto a algunos venezolanos que están sin trabajo y deciden colaborar. “la ‘remuneración’ son las bendiciones para nuestros hogares”, expresó Fabiola naranjo, voluntaria de la Casa de Paso la divina Providencia.

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El presbítero Hugo Suárez lidera el grupo de voluntarios apostólicos que brindan almuerzos a venezolanos migrantes. Foto: Andrés Villamizar/UPB Foto

A cinco minutos de la Casa está un paradero de bus, para tomar un vehículo hacia el centro de Cúcuta. La escena es impactante. seis integrantes de una familia venezolana se aproximan al conductor, le preguntan por el precio del pasaje, a lo que él responde que son 1.600 pesos colombianos, unos 8.000
bolívares por persona. al oír la respuesta los rostros de estas personas reflejan preocupación, mueven sus dedos como contando y preguntan de nuevo. “¿Pero 8.000 por todos o cada uno?”, insistió un hombre de mediana edad. Tres veces repitió la pregunta al chofer como esperando que la respuesta fuera diferente cada vez.

 

[FOTO 7]: ¿Quedarse o huir? La realidad venezolana en Bucaramanga
Venezolanos esperan recibir información en la Alcaldía para resolver su situación migratoria y acceder a servicios de ayuda. Foto: Emily del Amor/UP Foto

[FOTO 8]: ¿Quedarse o huir? La realidad venezolana en Bucaramanga
El Centro de Salud Campo Hermoso ofrece charlas de control prenatal para venezolanas en estado de embarazo. Foto: Emily del Amor/UPB Foto

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