¿Ya desayunó?

Publicado en Edición 51 | Miércoles 06, de Diciembre de 2017 | Actualizado el Miércoles, 06 de Diciembre de 2017

Un programa social que garantiza una ración de alimento a cientos de habitantes de calle.

[FOTO 1]: ¿Ya desayunó?
Habitantes de calle disfrutando del desayuno. Foto

Un grupo de jóvenes, compuesto por varios profesionales, se reúne cada domingo en la calle 28 con carrera 14 para entregar cerca de 200 desayunos a los habitantes de calle de la “Ciudad Bonita”. Un acto de amor y solidaridad que tiene un doble propósito: lograr, en principio, que estas personas no se sientan discriminadas y se den cuenta que aún la sociedad los reconoce, valora y los tiene en cuenta; pero también, hacer que recuperen la confianza en sí mismos y su interés por mejorar su vida.

Junto con la entrega de alimentos el equipo promotor lidera actividades lúdicas y educativas que contribuyen al propósito de mejorar su calidad de vida, y para ello se cuenta con un grupo de profesionales en el área de la salud física y mental que se encarga, principalmente, de brindar la atención médica requerida.

El comienzo de esta iniciativa

Este programa de apoyo social y amor nació en el año 2005, por iniciativa de Juan José Santamaría, ingeniero industrial de la Universidad Pontificia Bolivariana, quien junto a unos compañeros del colegio San Pedro Claver iniciaron su buena labor repartiendo, todos los domingos, pan con limonada a los “cuidadores” de carros que frecuentaban los alrededores de la Parroquia Divino Niño (ubicada en el sector de Los Conucos); y con ellos, de igual forma, empezaron a beneficiarse los habitantes de calle que recorrían la zona.

Con el paso de los días el número de beneficiarios creció, y las raciones de alimentos resultaban más atractivas. Fue prácticamente por insinuación de los “comensales” que se pasó de la limonada y el pan, al tamal con chocolate, acto que institucionalizó la labor social bajo el nombre del “Tamalito del amor”.

“Sin embargo, por la gran afluencia de habitantes de calle, las personas del sector se molestaron y no permitieron que se continuara con esta actividad”, señaló Santamaría. Tres años después se intentó retomar la ayuda, pero los comensales ya no se encontraban en el sitio, y fue necesario salir en un plan de “búsqueda”. Algunas veces en carro y otras a pie, este ingeniero junto con su equipo de colaboradores se dieron a la tarea de reunir un nuevo grupo con personas que encontraban a su paso y a quienes abordaban en la calle con una sencilla, pero directa pregunta: “Oiga ¿ya desayunó?”.

Fue así como nuevamente surgió esta iniciativa, que en julio pasado completó su primer año sin Parroquia Divino Niño (ubicada en el sector de Los Conucos); y con ellos, de igual forma, empezaron a beneficiarse los habitantes de calle que recorrían la zona.

Con el paso de los días el número de beneficiarios creció, y las raciones de alimentos resultaban más atractivas. Fue prácticamente por insinuación de los “comensales” que se pasó de la limonada y el pan, al tamal con chocolate, acto que institucionalizó la labor social bajo el nombre del “Tamalito del amor”.

“Sin embargo, por la gran afluencia de habitantes de calle, las personas del sector se molestaron y no permitieron que se continuara con esta actividad”, señaló Santamaría. Tres años después se intentó retomar la ayuda, pero los comensales ya no se encontraban en el sitio, y fue necesario salir en un plan de “búsqueda”. Algunas veces en carro y otras a pie, este ingeniero junto con su equipo de colaboradores se dieron a la tarea de reunir un nuevo grupo con personas que encontraban a su paso y a quienes abordaban en la calle con una sencilla, pero directa pregunta: “Oiga ¿ya desayunó?”.

Fue así como nuevamente surgió esta iniciativa, que en julio pasado completó su primer año sin
interrupciones, y que ante la falta de un apoyo económico (distinto al de sus propios esfuerzos), se vio en la necesidad de crear alianzas con fundaciones como Color Urbano, Misión Felicidad y Dar con Amor, que de manera conjunta aportan mano de obra, fondos y apoyo al momento de las entregas.

Manos en acción, programa habitante de calle

Foto2Según el último reporte entregado por el Comité Municipal de Habitantes de Calle de Bucaramanga y la Secretaría de Desarrollo Social, la cifra de censados asciende en lo corrido del año a 1.326, es decir, 80 personas más en comparación con el 2016. Esta situación prendió las alarmas al interior del ente municipal que optó por implementar nuevos programas de resocialización y conllevó a la firmar de convenios con cinco entidades que en la actualidad prestan atención a esta población por medio de hogares de paso, donde se les permite realizar su aseo personal y se les brinda atención primaria.

Asimismo, estas entidades ofrecen el servicio de dos busetas que desde las 6 de la mañana recorren diferentessectores de la ciudad, en busca de habitantes de calle que de manera voluntaria quieran vincularse a los programas. Este año, el Programa Habitantes de Calle cuenta con un presupuesto que supera los $870 millones, el cual pretende cubrir servicios en salud, nutrición, educación y recreación.

El día “bacano”

El primer habitante de calle en Bucaramanga en recibir y conocer la iniciativa ¿Ya desayunó? Fue Javier Celis, a quien todos apodan “Misungo”. Según cuenta, cierto día unos estudiantes llegaron hasta la céntrica carrera 14 con calle 28 (sitio en el que confluyen expendedores de drogas, prostitutas y delincuentes comunes), y empezaron a repartir tamal con chocolate y pan. ”Fue un día muy “bacano”, gracias a este programa se creó muy buena amistad con los voluntarios”, agregó.

Con él, más de 200 personas se dan cita cada domingo, en este sector de la ciudad, para disfrutar de un plato de comida caliente, y porque no, recibir uno que otro consejo, la atención y el cariño de un grupo de personas a las que consideran su “familia”.

 

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