A pesar de los años, su aroma sigue seduciendo

Publicado en Edición 50 | Miércoles 07, de Junio de 2017 | Actualizado el Jueves, 24 de Agosto de 2017
A pesar de los años, su aroma sigue seduciendo
Una vez que el habano está listo con el capote, este es guardado en un molde para no destruir su forma. Foto

Para los seguidores del tabaco, fumar se ha convertido en algo más que un hábito. Para ellos el tabaco forma parte de un estilo de vida ligado al placer de los sentidos.

Son las 7:00 de la mañana y Azucena Zavala comienza la rutina diaria abriendo las puertas de su casa, en Piedecuesta (Santander), para que entren sus obreras. Al ingresar a su morada, se percibe un aroma que viaja por el aire y produce sensaciones únicas. El olor a las hojas de tabaco, que durante años se ha fabricado en la casa, genera satisfacción y gusto. Azucena prende el radio, este armoniza el entorno para que “las trabajadoras se alegren y se muevan”, y así puedan terminar más rápido la tarea del día.

En cada tabaco elaborado se conmemora la historia de uno de los productos más importantes de la economía santandereana, formado por hojas milenarias que crecen en varias zonas secas y cálidas del país. El tabaco es una planta rodeada de rito, forma parte de una práctica llamada ‘tabacomancia’, esta consiste en utilizar las cenizas y el humo del tabaco para adivinar el futuro o predecir la suerte de las personas. El culto místico del tabaco no solo se evidencia allí, los procesos de siembra, recolección y secado de este también tienen un cerco ceremonioso que se refleja en el cuidado y la mesura que campesinos y torcedoras —obreras que arman los puros, escogen y envuelven cada hoja con delicadeza— dedican a esta labor.

La producción del tabaco es un actividad muy típica y tradicional en el municipio de Piedecuesta. Por eso, Azucena y su esposo Leónidas Castro decidieron transformar una pequeña empresa de chicotes de combate en una de cigarros de alta calidad, a esta última la llamaron Cigarros Chicamocha. Con ella, la pareja ofrece un proceso de fabricación muy diferente, más demorado y detallado, el producto termina con una calidad de exportación que cumple con los estándares internacionales. Allí producen alrededor de 11 tipos de tabacos. Por eso, si una persona desea fumar un buen Churchill, Corona o Lancero, no es necesario que recurra a los cigarros cubanos o dominicanos.

Azucena ama lo que hace, conoce muy bien el proceso y lo explica a la perfección: para fabricar un tabaco primero se hacen los rollos con la tripa, después el capote, y al final, la capa. Cada uno de estos nombres corresponden a las clases de hojas que hay para elaborar un puro, algunas de ellas tienen diferentes tamaños y son más secas que otras; todas las hojas son seleccionadas de manera rigurosa para que el resultado sea el mejor. Después de haber preparado el rollo de tabaco, este se pesa para no exceder la cantidad de componentes que posee cada unidad; luego, se prensa. El peso y la medida pueden varían según la referencia.

Las diversas clases de puros tienen un molde diferente para la prensa, estos se dejan de dos a tres horas en la máquina para que puedan salir más compactos, aclara Angie Cáceres, hija de Azucena y trabajadora de la misma fábrica. Asimismo, añade que la manufacturación no termina ahí, pues “un tabaco no es solo hojas secas y envueltas para fumar, el proceso es complicado, largo y muy cuidadoso”.

Los puros pueden hacerse, según la preferencia del cliente, con dos tipos de hojas: una gruesa y otra más delgada. Tienen dos tipos de relleno, los “finos” de hoja completa que son los que

se tuercen hoja por hoja y se realizan a mano, o los “semifinos” de picadillo, los cuales se producen con una máquina cuya función es envolver con una capa hojas picadas del mismo tabaco.

“Actualmente es difícil conseguir los materiales para la elaboración [del tabaco], un proveedor de Ecuador suministraba las tripas (las hojas del relleno), pero debido a la reducción del negocio, pues el consumo ya no es el mismo, la cosecha también ha disminuido y la empresa ha de comprar los materiales donde se consigan”, asegura Angie, quien ha estado vinculada con el negocio desde muy temprana edad.

Entre tanta labor y cautelosos movimientos de manos por parte de las obreras, Azucena siempre está atenta y sigue paso a paso el proceso de fabricación del producto para que no se presente ningún error. Cuando su mamá no está, Angie, estudiante de Geotecnia en las Unidades Tecnológicas de Santander (UTS), asume supervisar la elaboración. Gracias a sus habilidades con las nuevas tecnologías, la joven además funge como la secretaria de Cigarros Chicamocha, administradora de la página web y tienda virtual de la empresa,.

Cigarros Chicamocha cuenta ahora con cuatro obreras, Marlene Carrillo, Alexis Durán y Carolina Carrillo son las encargadas de hacer los tabacos; Johanna Barajas organiza las envolturas, hace las cajas, pone los anillos y termina por arreglar la presentación para sacar a la venta. Cada una de estas mujeres tiene más de diez años laborando en la fábrica y su experiencia es contundente a la hora de realizar un puro, pues cada obrera puede hacer entre 150 y 200 unidades de tabaco diarios.

Aunque no hay horarios establecidos para su labor, ellas son libres de escoger en qué tiempo trabajar, pero deben cumplir con la tarea asignada, es decir, con la cantidad de tabacos requeridos al día. Asimismo, para empacar, Johanna corta la madera con la sierra, después pega cada parte, la deja secar y posteriormente la ‘viste’ con un papel que mandan a hacer con el nombre de la marca. Ella hace aproximadamente entre 10 a 12 cajas al día.

Aunque nadie en la fábrica fuma, solo cuando Azucena lo hace para comprobar la condición del puro, los trabajadores y los jefes de la empresa están seguros de la calidad del producto que realizan, esta se ve reflejada en la cara de satisfacción de los clientes y en las visitas anuales de extranjeros que vienen de vacaciones y conocen acerca de la marca, ellos también son clientes fieles. Cigarros Chicamocha provee sus tabacos a muchas ciudades de Colombia, entre ellas: Medellín, Bogotá, Cali y Barranquilla; del mismo modo, exporta a países como República Checa, Estados Unidos y Alemania.

Esta familia pretende conservar la producción hasta que pueda. Es una herencia que ha mantenido desde la época de sus abuelos, y que hace 15 años mejoró gracias a la creación de una fábrica propia con tabacos de excelente calidad. A pesar del poco consumo actual de los puros, la familia espera que tradiciones como aquellas de jugar tejo o tomar ron a la luz de un tabaco no lleguen a su fin; también desea que los usuarios sigan manteniendo la seducción que genera el tabaco a partir de sus aromas y sabores.

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