Hombres con valentía tan grande como una ‘mula’

Publicado en Revista | Viernes 18, de Noviembre de 2016 | Actualizado el Viernes, 18 de Noviembre de 2016

Entre montañas y valles, cada luna y cada sol, Colombia lleva en sus carreteras como sangre entre sus venas, ciudadanos que trabajan dominando la imponencia de vehículos enormes que van dejando grandiosas historias marcadas tras sus ruedas. En este relato serán compartidas las vivencias de un hombre que con orgullo dedica su vida a ser tractomulero; un instructor apasionado encargado de enseñar a manejarlas y la proeza de quien sin licencia por vías nacionales estuvo en marcha.

 

[FOTO 1]: Hombres con valentía tan grande como una ‘mula’
‘Memo’ en uno de sus tantos viajes decidió compartir su experiencia por medio de una foto tomada por sus mismos compañeros de ruta. Foto: Guillermo González. Foto

“Cuando estoy en casa quisiera estar en carretera, pero cuando estoy en carretera deseo volver a casa”, esos son los deseos que deja salir de sus delgados labios este hombre quien mientras se expresa, trae suavemente sus manos hacia el pecho, como si fuese un abrazo que en la lejanía su familia le regalara.

Como Guillermo González Cortés, muchos hombres -y hasta mujeres- han tenido que vivir sentimientos similares, sacrificando demasiado de su espacio personal por el trabajo que han decidido realizar, en la simplicidad de una estrecha, compleja y poco cómoda cabina de un tractocamión.

Con 48 años de mucha experiencia -podríamos decir que muuuuchísima más experiencia que cualquiera-, a Guillermo le ha tocado superar momentos inimaginables, no propiamente de buenas situaciones, sino llenos de turbación, pánico, decisiones que tomar, muchas hormonas sueltas y todos los sinónimos existentes de sensaciones aterradoras, a pesar de que dice tener “los nervios de acero”.

Todo comenzó hace 22 años, cuando su hermano mayor tomó la determinación de comprar un camión para tener un negocio propio y llevar alimentos desde su finca a la ciudad y él decidió acompañarlo. Así pues, de forma clandestina, en uno de los tantos viajes donde Guillermo estuvo presente, su hermano le enseñó a manejar y poco a poco, le fue soltando su camión hasta aprender la misma técnica de conducción que toda su familia ha heredado.

Su  manera de aprender fue igual que la de la mayoría de camioneros, pues es por poco una tradición entre ellos que otra persona que ya haya manejado este vehículo sea quien transfiera los conocimientos necesarios para poder poner en movimiento dimensiones tan grandes y de bastante peso. Sin embargo, no se escucha decir que alguno haya realizado los cursos correspondientes, ya que son costosos y son escasas las escuelas de conducción.

Mauricio Castillo* quien también ha trabajado como conductor de automóviles, buses y en una ocasión transportó una mula sin tener la licencia exigida para manejarla, afirma que no tiene conocimiento de escuelas en Santander que ofrezcan la enseñanza de categoría C3 y que si las hay son pocas, ya que para enseñar a conducirlas se debe tener a disponibilidad total el vehículo y poseer un tractocamión tiene un precio bastante alto.

[FOTO 5]: Hombres con valentía tan grande como una ‘mula’
Datos del Departamento Nacional de Planeación (DNP) revelan que en total Colombia tiene 187.432,89 kilómetros de red vial, de las cuales solo el 8.5 están pavimentadas%. Foto: Angélica Padilla. Foto

En Santander, específicamente en Bucaramanga y su área metropolitana, Practi-car es una de las pocas empresas que ofrece a través de instructores como José Vásquez Rodríguez la enseñanza del manejo de vehículos articulados como tractocamiones.

Practi-car está en el centro de la ciudad de Bucaramanga, un lugar que a la vista es difícil de notar, pues a duras penas cuenta con un gran portón que encima exhibe un letrero color rojo a letras blancas que indica: “ACADEMIA TECNICA DE CONDUCTORES”, así en mayúscula sostenida, para que logre ser visualizada por los transeúntes del sector. Al entrar por aquel portón se percibe la humildad en el ambiente gracias a hombres llenos de esta virtud, que son los que se encargan de recibir y enseñar a manejar a cualquiera que así lo desee.

José con gran sencillez cuenta que llegó a Practi-car sin que le gustara enseñar, “me encantaba ser conductor, pero no profesor” ya que, debido a las arduas jornadas de trabajo, su pulmón izquierdo se llenó de agua y durante seis meses tuvo que vivir incapacitado, sin ejercer su labor regular. Fue a partir de estas circunstancias que un ‘compadre’ suyo lo recomendó a su actual jefe para que lo cubriera durante unas semanas en la empresa y desde entonces, lleva 7 años desempeñándose como instructor.

‘’Tres cosas me han dejado acá en la empresa: Dios, mi familia y el corazón’’, explicaba José que la tranquilidad que le generaba llegar a su hogar en las noches y ver a su familia, obteniendo prácticamente los mismos ingresos o más que siendo conductor en las vías nacionales, ha sido una de las razones que más lo han impulsado en permanecer como profesor.

En su experiencia no solo como conductor si no como instructor, asegura que no es sorpresa para él ofrecer la enseñanza a mujeres y que a pesar de que no es muy común ver a una manejar vehículos tan grandes, sí es muy real que tanto hombres como mujeres tienen la misma facultad para ejercer esta labor; “eso es un mito… así como los hay nerviosos y malos para manejar también las hay”, dice José entre risas.

Al comenzar una vida como instructor muchas personas piensan que los riesgos de la conducción de tractocamiones quedan atrás, pero no es así, para este hombre estar pendiente de que un alumno logre tener la serenidad para andar un vehículo tan grande y pesado, que podría en cualquier momento estrellarse, atropellar un peatón o volcarse, también es un reto y un peligro al que se está expuesto constantemente al enseñar.

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[FOTO 2]: Hombres con valentía tan grande como una ‘mula’
Conducir tractomula es comúnmente una labor de familia, de contexto, es algo que se hereda. “El que tiene que ser policía del cielo le cae el bolillo’”, dice entre risas José, instructor de manejo de tractocamiones. Foto: Angélica Padilla. Foto

No hay mal que por buena ‘carretera’ no venga

Aunque no haya recibido la formación correspondiente, rodeado por doquier de tractocamioneros, para Guillermo ‘Memo’ González -como lo tratan sus más allegados- esta profesión viene inculcada desde la cuna, puesto que se ha llevado de generación en generación la observación de un mismo ejemplo y por esta razón, no es motivo de extrañeza su fascinación por los tractocamiones -conocidos como ‘mulas’ en la zona central del país colombiano-, grandes y pesadas máquinas.

Con el paso de los años logró saciar la ansiedad de manejar y obtuvo la licencia en Barranquilla. Fue cuestión de semanas para que este hombre empezara a trabajar por las extensas carreteras del territorio colombiano, desde las más escabrosas, angostas y peligrosas las cuales demandan mucha sutileza, hasta disfrutar de hermosas llanuras. Siempre ha trabajado con empresas que le brindan de todas las capacitaciones habidas y por haber, cursos de seguridad vial, operacional, manejo de la carga, sobre reposición de una llanta, incluso sobre cómo utilizar un extinguidor en casos de emergencia.

Una canción resonó tanto en su cabeza que tuvo que exteriorizar una larga estrofa para definir los sentimientos que ha experimentado a causa de su profesión y el disfrute que consigue con esta. Comenzó a cantar con poca afinación pero mucho corazón: “La nostalgia viene hablar conmigo con la radio yo consigo espantar la soledad, voy de día un poco más veloz, de noche prendo los faroles… siempre en esa carretera al volante pienso en ella, ya pinte en el parachoque un corazón y el nombre de ella…” y al paso del canto retomó su profunda afirmación, “por eso le digo que cuando estoy en carretera quisiera volver a casa”.

Sin embargo, nunca había deseado tanto estar de nuevo en su hogar como en ese perpetuo 8 de enero del 2011, en el que pudo experimentar la agonía más grande de su vida, no hubo otro momento en el que hubiera rogado más a su credo para conseguir la fuerza necesaria que lo mantuviera vivo mientras acababa su pesadilla.

‘Memo’ recordó que eran las 10:45 de la noche. Transportaba una larga y pesada carga hacia la Costa Caribe, al pasar un ‘policía acostado’ se escuchó un fuerte estallido dentro de la cabina del tractocamión, ¿había sido alguna de las gigantescas llantas? tal vez... pero en segundos se encontraba atrapado en una nube espesa de humo. No transcurrió mucho tiempo después del susto y sonó un segundo impacto, esta vez pudo aclarar con mucho dolor su incertidumbre puesto que una bala rozó su brazo y otra quedó incrustada en un costado de su caja torácica.

Él prosigue a contar, con mucho misterio de por medio, que del orificio ocasionado en la venta sobresalió un arma apuntándole directamente a la cara y una extraña persona que ocultaba su rostro la sostenía, mientras le gritaba e insultaba diciéndole que no se hiciera matar, que le entregara la plata de una.

Desconcertado por lo que pasaba cuenta que solo era capaz de decir en reiteradas ocasiones “no soy yo el que usted busca, no hay ninguna plata aquí, usted está equivocado no soy yo”, mientras aquella persona con su cara cubierta insistía en montarse a la cabina. El interruptor de pánico y los tres celulares que llevaba consigo en ese momento -uno con minutos para llamar a su familia, otro de uso personal y uno que la empresa le dio para casos de emergencia- fueron inútiles, él no tuvo oportunidad alguna para alcanzar alguno.

El ladrón aprovechó para buscar algo que llevarse, encontrando un maletín que había llenado con regalos para su esposa y su hija, escaso dinero, y dos de los celulares guardados en la guantera, sin percatarse del que tenía escondido al frente de la palanca de cambios, el de los minutos.

Tras el robo, Memo con gran valentía en las venas decidió seguir avanzando hasta la estación de gasolina más cercana para pedir ayuda, aún con el agudo balazo que le propinó causándole una abertura en un pulmón no se dejó consumir por el dolor, introducía dos dedos de su mano izquierda -índice y corazón- dentro de la carne para sentir alivio y poder conducir. Fue toda una inexplicable maniobra.

Fueron los 15 minutos más largos de su vida, dificultosamente parqueó la ‘mula’ encima de un pequeño borde que separa el inicio de la estación con la carretera sin poder obtener el control total del vehículo, como un ‘loco borracho’ lo tildaron las personas que allí se encontraban. Antes de salir Guillermo exasperado llamó a una línea de emergencia para lo trasladara una ambulancia de inmediato, tal vez su último esfuerzo mientras veía la constante pérdida de sangre a su costado derecho, ya no se lograba distinguir el color blanco original de su camiseta con la tonalidad carmesí predominante.

Lo primero que hizo al bajarse de la cabina fue desmoronar su cuerpo en el piso como quien desea hacer un ángel de nieve, en eso tres personas se acercaron a ver qué pasaba con el supuesto borracho y se encontraron con la alarmante escena de un hombre desangrado pidiendo auxilio. Dos horas tuvo que esperar con impaciencia la ambulancia, que desde el punto más próximo, llegaba para llevarlo al hospital. Fue remitido enseguida a la sala de cirugía, dejando todo a Dios, como quien juega al azar.

“No le deseo esto a nadie, ni a mi peor enemigo, nadie, nadie, nadie se lo merece… prefiero no recordar la parte de las cirugías, fueron muchas para reconstruir el pulmón”, dice, explicando que por sugerencia médica decidieron no extraer la bala debido al alto riesgo que conllevaba este proceso, transmitiendo la aflicción de aquellos tormentos y lo que tuvo que soportar luego al recuperarse durante tres meses y convivir por el resto su vida con el recuerdo de aquel momento en el interior de su cuerpo. No cualquiera tiene la valentía de un tractocamionero y decide cada día seguir con su labor sin saber que le deparen las vías.

[FOTO 3]: Hombres con valentía tan grande como una ‘mula’
Los vehículos propiedad de Practicar, disponibles para el aprendizaje de conducción categoría C3. Foto: Paula Vargas. Foto

Otra es la historia de Mauricio Castillo, quien en una ocasión logró transportar una tractomula sin tener licencia para hacerlo. ‘’El susto es bravo y la experiencia genial’’, así fue como en pocas palabras describió la sensación y responsabilidad que le implicó poner en marcha un vehículo tan majestuoso en vías nacionales.

Con total confianza y humor esta persona de 30 años comenzó a explicar la labor que desempeñaba como instructor de conducción de carros particulares, recordando a su paso con gracia cómo aprendió a manejar… su padre era celador y conductor en diferentes turnos de una misma empresa, cuando este se acostaba a dormir le pedía que se mantuviera despierto un poco más por si algo sucedía, entonces llegaba el momento en que el joven de 14 años de aquel entonces aprovechaba para ir a la bodega de la empresa y ensayar con un camión turbo, de carga pequeña.

“Me pasaba lo del búho: no hablaba mucho pero prestaba atención, preguntaba cómo se metían los cambios y tomé la determinación, me fui para la bodega a echar el carro hacia adelante y atrás durante varios días, y luego me arriesgué a empezar a dar vueltas… nunca, nunca, me llegué a chocar’’, dice. Estando en el Ejército sumó experiencia a su habilidad para conducir gracias a unas instrucciones que se denominan ‘’agresivas’’ ya que son utilizadas para evadir y escapar en situaciones de riesgo donde se necesita que el personal que lleva en la parte trasera del vehículo no sufra daños.

“La forma correcta de decirle es tractocamión, lo que conocemos como mulas son un tráiler con un remolque de mucha potencia, tienen varias cajas de cambios que se aplican según el tipo de vía por el que se está yendo’’, comenta. Sonará muy fácil, pero entender los tecnicismos, maniobras y responsabilidades que implica mover un vehículo tan enorme no es nada fácil.

[FOTO 6]: Hombres con valentía tan grande como una ‘mula’
“Enseñar a manejar es como dar una patadita de la buena suerte… es en la práctica donde realmente se aprende”, dice José Vásquez, instructor de manejo de Practi-car. Foto: Angélica Padilla. Foto

Para Mauricio Castillo trabajar conduciendo implica estar cargado de historias asombrosas. En algún momento en Aguachica, Cesar, un mulero sufrió un preinfarto mientras manejaba y por obvias razones no pudo continuar su trayecto, por lo que la empresa debía autorizar rápidamente a alguien que hiciera llegar la carga a su destino para no sufrir inconvenientes; fue allí cuando Mauricio logró ante todo pronóstico transportar por primera vez en esas carreteras una tractomula sin tener licencia para hacerlo.

Mauricio manejó por primera vez el imponente vehículo hasta el municipio de Curumaní, “cuando uno se sube en ese aparato se le ponen los pelitos de punta, en ese momento fue todo un reto porque nunca lo había agarrado en una ruta nacional… cuatro padres nuestros, cincuenta avemarías y hágale’’.

La responsabilidad que conllevaba esta osadía era tan grande como una ‘mula’, este instructor de manejo no había adquirido tanta práctica, pero sí mucho conocimiento teórico, a lo que le agradece haber llegado sano, con la carga a buenas horas y sin prejuicios legales.

***

Los tractomuleros son solo una pequeña muestra de las arduas labores y la verdad del día a día de los colombianos; si algo queda claro es que este paraíso de realismo mágico aguarda en cada rincón miles de historias como alfileres impacientes por romper las burbujas citadinas y dar a conocer la realidad- sea triste o alegre- de su pueblo; la misma tierra en la cual residen muchos Guillermos, Josés y Mauricios que día y noche realizan la profesión que el destino y sus anhelos han querido que ejerzan para brindar un sustento a su familia y tener una vida mejor. Los tractocamiones pueden ser demasiado para cualquiera... pero para otros es pura  pasión.

[FOTO 4]: Hombres con valentía tan grande como una ‘mula’
Practi-car es la única empresa en Santander apta para brindar el servicio de enseñanza en cuanto a vehículos articulados. Foto: Paula Vargas. Foto

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