No todos los héroes usan capa

Publicado en Revista | Domingo 25, de Septiembre de 2016 | Actualizado el Domingo, 25 de Septiembre de 2016

Santander es una región que alberga héroes que no todo el mundo conoce. Ellos contribuyen con pequeñas acciones al mejoramiento de la calidad de vida de poblaciones vulnerables.

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Rafael Urrea educa a personas de las veredas para que prevengan problemas visuales. Foto suministrada por Rafael Urrea. Foto

Durante mucho tiempo, la industria cinematográfica nos ha hecho pensar que los únicos héroes que existen son los que conocemos a través de sus historias. En realidad, esta es una idea equívoca. Actualmente vivimos entre algunos héroes desconocidos, ellos no ocultan su identidad y prestan servicio a una sociedad que no se ha interesado en conocerlos.

La diferencia entre los héroes ficticios y los reales es que estos últimos no tienen poderes sobrenaturales que faciliten su misión; por el contrario, poseen las capacidades propias de cualquier ser humano. El deseo por ayudar es uno de sus numerosos dones, y aunque todas las personas puedan hacer lo mismo, solo algunas toman la decisión de poner en obra esta posibilidad.

Estos héroes viven entre nosotros, son personas del común, tienen las mismas necesidades de todos los ciudadanos y, aun así, realizan labores que aportan a la construcción de un mejor mundo. Plataforma rescata tres historias dignas de contar:

[FOTO 2]: No todos los héroes usan capa
Rafael Urrea socializa su labor con los habitantes de Charalá, en Santander. Foto suministrada por Rafael Urrea. Foto

Luz Marina Carrillo
“La señora de los perros”


En un pequeño y humilde local cerca del parque principal de Piedecuesta, Luz Marina Carrillo pasa la mayor parte de su día. Pocos la identifican por su nombre propio, en ese lugar es conocida como “la señora de los perros”. Ha dedicado 18 de sus 46 años de edad a la defensa de los derechos de los animales. En la actualidad hace parte del grupo Soy Animal; allí, junto a otros 23 integrantes del colectivo, cuida y ama a animales desprotegidos.

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Luz Marina Carrillo, más conocida en Piedecuesta como "la señora de los perros", ha dedicado 18 años de su vida a la protección de los animales. Foto por: Danilo Prada. Foto

Luz Marina tiene en su casa 10 perros que ha rescatado y otros ocho que debe mantener en una guardería para perros, pues no hay espacio suficiente en su casa. A diario gasta cinco libras de concentrado para alimentarlos, su único sustento es un local que ha construido con todo su amor y dedicación. También, tiene un tarrito donde recibe donaciones para contrarrestar los gastos, pero este ingreso no es un seguro, muy poca gente contribuye y algunas personas esperan a que ella cuide de los animales como si fuera su obligación.

En el Municipio, Luz Marina ha ganado reconocimiento por la labor que realiza; sin embargo, se ha encontrado con dificultades. “Existe gente inescrupulosa que cree que para acabar con los perros callejeros la solución es matarlos”, asegura. Además, considera que la Alcaldía de Piedecuesta debería brindar un lugar para albergarlos porque “los refugios no dan abasto”. El 1 de agosto de 2016, por ejemplo, el grupo Soy Animal rescató un perro en condiciones de desnutrición, las pulgas y las garrapatas le generaron ehrlichiosis. Esta enfermedad requiere de un espacio en el cual el animal pueda recuperarse a través de cuidados y de un reposo estimado de 20 días para, posteriormente, poder entregarlo en adopción.

Aunque en el país existe la Ley 1774 del 6 de enero de 2016, la cual establece los castigos y las multas económicas para las personas que maltraten a los animales, los abusos permanecen. “En la puerta de mi negocio son abandonados perros y gatos cada 20 días en muy malas condiciones, de los cuales, con suerte, algunos son adoptados”, afirma Carrillo.

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En su negocio, Luz Marina Carillo promueve el amor y el respeto por los animales. Foto por: Danilo Prada. Foto

Luz Marina no solo continúa con la labor de proteger a los animales, también crea conciencia en las personas para que entiendan que estos no son objetos y que “también sienten”.

Rafael Arturo Urrea
Del consultorio a las veredas

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Además de su labor como optómetra realiza actividades participativas para integrar a las personas. Foto suministrada por Rafael Urrea. Foto

El optómetra Rafael Arturo Urrea atiende todos los días a decenas de pacientes que tienen la posibilidad de llegar a la ciudad en busca de atención especializada. El espíritu de servicio social, inculcado por su madre, llevó al optómetra a tomar la decisión de salirse de la comodidad del consultorio médico para desplazarse eventualmente a municipios como Sabana de Torres, Charalá, San Vicente de Chucurí y San Rafael de Lebrija, en Santander. En estos lugares, el servicio médico de los hospitales se limita a la atención de urgencias.

Desde hace 18 años, Urrea se ha dedicado a mejorar la calidad de vida de niños, jóvenes y adultos en Charalá, de donde es oriundo. Con sus propios recursos viaja, cada mes, durante tres fines de semana consecutivos, para evaluar las molestias o necesidades de habitantes que requieren el diagnóstico de un optómetra.

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Los adultos mayores son los que más acuden a Urrea. Foto suministrada por Rafael Urrea. Foto

El especialista relata que decidió emprender esta labor social dado que, a su juicio, las Empresas Promotoras de Salud (EPS) son ineficientes. Además, debido a los altos costos que implica el transporte y el hospedaje en los cascos urbanos, los pacientes viven en zonas apartadas que dificultan su acceso a los servicios de salud. “Solo cuando se sale a hacer esta labor, es cuando realmente se ve el abandono de distintas entidades con las comunidades más vulnerables”, asegura.

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Rafael Urrea visita colegios y escuelas en Sabana de Torres, Charalá, San Vicente de Chucurí y San Rafael de Lebrija, en Santander. Foto suministrada por Rafael Urrea. Foto

Desde su profesión, Urrea espera seguir asistiendo a dichas zonas: “ayudar a estas personas me genera satisfacción y felicidad”, agrega. Además sus buenas acciones son un ejemplo para todas las personas que puedan contribuir a causas como estas, independientemente de sus profesiones.

Por esta obra, constante e incansable para Urrea, fue nominado hace tres años a Gente que le pone el alma, una convocatoria del Canal Caracol en la cual se les da reconocimiento a personas que hacen la diferencia y que contribuyen al bienestar de distintas comunidades. La nominación se dio gracias a los servicios que había prestado a más de 20 mil personas en zonas rurales.

“A este mundo venimos a servir, ayudar, facilitar a los demás las cosas. No a pensar solo en sí mismos, en enriquecernos, sino en dejar nuestra comodidad para buscar la de los necesitados”, sostiene Urrea al intentar concientizar a las personas para que no busquen simplemente un bien propio.

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Para realizar su labor, Urrea se encarga de llevar a las veredas los instrumentos propios de la Optometría. Foto suministrada por Rafael Urrea. Foto

La silla que ‘escucha’


Óscar Vargas es egresado de Ingeniería Electrónica de la Universidad Pontifica Bolivariana, Seccional Bucaramanga, que participó como uno de los desarrolladores de la silla de ruedas que funciona con comando de voz. Óscar logró realizar esta innovadora idea junto a su compañera, Ruth Sánchez, y el director del proyecto, Fabio Guzmán.

“No nació por nosotros. La idea y el diseño ya estaban propuestos en la Facultad ya que anteriormente varios estudiantes habían acogido la idea”, aclara Vargas. A Óscar le gustó la iniciativa, conocía anteriormente lo que varios compañeros habían hecho y quiso involucrarse para hacer lo mejor posible. Su meta fue hacer una silla de ruedas que funcionara mediante la voz del que la usara.

El proceso fue arduo, junto con su compañera, se demoraron más de seis meses. Los resultados fueron los esperados, pero al terminar tuvieron cosas por mejorar; sin embargo, esto no fue impedimento y todo “salió satisfactoriamente”, comenta Óscar.

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Ruth Sánchez, Fabio Guzmán y Óscar Vargas, diseñadores de la silla de ruedas que funciona por comando de voz. Foto suministrada: UPB en línea. Foto

La silla podrá mejorar la calidad de vida de muchas personas, principalmente de aquellas con problemas de movilidad o ausencia de extremidades. Una de las ventajas de esta innovación radica en su precio: la silla es un producto nacional, cuenta con aparatos más económicos que otros que están en el mercado; esto hace que sea asequible para las personas de bajos recursos.

Vargas y su compañera quedaron satisfechos con el resultado del proyecto. Dentro de sus contribuciones también se aprecia la elaboración de una de estas sillas para que la universidad la donara a una persona con discapacidad y, de esta manera, se pudiera mejorar su condición de vida.

Los creadores y desarrolladores de la silla que ‘escucha’ guardan una esperanza: desean que más compañeros sigan acogiendo el proyecto para mejorar y remodelar el prototipo anterior, esto con el fin de seguir innovando y de mejorar la vida de las personas en condición de discapacidad y de escasos recursos.

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