Drogas sintéticas, una ‘felicidad’ letal

Publicado en Edición 49 | Jueves 04, de Agosto de 2016 | Actualizado el Jueves, 16 de Noviembre de 2017

[FOTO 1]: Drogas sintéticas, una ‘felicidad’ letal
Los llamativos colores, formas y texturas utilizados para hacer las drogas sintéticas logran motivar al consumidor. Fotomontaje: Carolina Cabrera. Foto
 

El consumo de drogas sintéticas en el área metropolitana de Bucaramanga se ha convertido en una realidad oculta para las autoridades de vigilancia y control de sustancias psicoactivas.

“El hecho de que no consuma no quiere decir que esté curado. Esta enfermedad es para toda la vida”. Estas son las palabras de Carlos Díaz* mientras oculta su rostro con las manos y toma un suspiro evidenciando la fuerza que necesita para comenzar su relato.

Hoy a sus 24 años, Díaz relata que comenzó a ingerir sustancias psicoactivas con apenas 12 años, empezando por las bebidas alcohólicas. Acostumbraba a frecuentar bares y discotecas con sus amigos que lo incitaban con frases como “tome eso pa’ que se le pase la borrachera” o “pal’ guayabo eso es bueno”, recordando que así fue como pasó de las bebidas embriagantes a pasar a la cocaína, aquel polvillo blanco que se inhala.

Su consumo fue ocasional y casi siempre gastado por los “otros de la rumba”, gente que ya ni siquiera recuerda su nombre y mucho menos su rostro. Otra etapa importante de su vida fue a los 14 años, cuando ya consumía tres tipos de drogas: la cocaína, la marihuana y el LSD (dietilamida de ácido lisérgico), una droga sintética que se produce en forma de cristales en laboratorios ilegales.

[FOTO 2]: Drogas sintéticas, una ‘felicidad’ letal
La preparación de drogas sintéticos como la LSD terminan convirtiéndose en un ritual para los consumidores, quienes buscan que ésta logre su máximo efecto en el cuerpo. Fotomontaje: Carolina Cabrera. Foto
 

Colombia al ser uno de los principales productores de drogas es objeto de estudio de diferentes organizaciones internacionales. Según el documento Cuatro décadas de guerra contra las drogas ilícitas: un balance costo-beneficio, publicado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia en 2012, desde los años 60 Colombia se convirtió en una parte activa de lo que se denomina hoy el “problema mundial de drogas”.

El documento continúa explicando que el problema de las drogas en el país no sólo ha sido un fenómeno criminal, sino que “ha fomentado y alimentado el desarrollo de una buena parte de la delincuencia y violencia que este sufre”. Este muestra a los extintos carteles de Medellín y de Cali como mayores distribuidores de sustancias psicoactivas durante los años 80 y 90.

Según el estudio Monitoreo de estudios de coca 2014, la investigación más reciente de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), en todo el país había cultivadas 109 mil 788 hectáreas de coca. Aunque las regiones con más cultivos son la Pacífica y los departamentos de Putumayo y Caquetá; la región Central, en la que se encuentra inmersa Santander, presentó un aumento de las hectáreas tras el incremento de áreas sembradas en Antioquia y Bolívar. Santander está en el corazón del país y su área bañada por el río Magdalena ha sido durante los últimos treinta años usada como corredor de grupos armados ilegales para el tránsito de drogas ilícitas hacia la Costa Caribe, Venezuela y el interior del país.

Sin embargo, la información sobre drogas sintéticas es aún escasa; pues las drogas más monitoreadas son la cocaína y la heroína. La investigación más reciente que haya dado luces sobre lo que parece un nuevo mundo de los alucinógenos fue Drogas de Síntesis, consecuencias para la salud, publicado por el Ministerio del Interior de España, en 2002.

El documento advierte que las drogas sintéticas aparecieron en la década de 1960 con la recuperación de la síntesis de MDMA (metilendioximetanfetamina), una droga ilegal que actúa como estimulante y psicodélico. Esta sustancia fue descubierta en 1912 y patentada en 1914 por la compañía Merck como un medicamento que contrae los vasos sanguíneos, lo que evitó su comercialización. Desde entonces se crearon derivados de este alucinógeno con efectos similares y con diversas sustancias químicas.

A Carlos Díaz* no le bastó la cocaína. A los 18 años aumentó el consumo de drogas sintéticas, incluyendo LSD, Éxtasis y Ketamina, pues sentía que estas tenían un mayor efecto alucinante, tanto, que sus celebraciones superaban los cuatro días terminando incluso en otra ciudad. Cuando recuperaba la conciencia se preguntaba cómo había llegado a ese lugar y qué personas lo ‘acompañaban’. Sentía vergüenza.

Con los años, Carlos terminó de complicar su vida. Sus ‘amistades’ no eran más que personas que integraban redes de negocios ilegales y para sentirse igual a ellos comenzó a salir con prostitutas. “Dejé de trabajar y me dediqué a ser un mantenido de mis amantes. Mi consumo era diario, en el día trabajaba y en la noche me drogaba, tenía muchas formas para hacerlo”, dice.

La historia de Carlos es más recurrente en la capital santandereana, donde el tema es vetado o invisible, a la espera de que los grupos de investigación comiencen a analizar el fenómeno social. El mismo Estado reconoce la ausencia de estudios al respecto. Por ejemplo, el análisis Caracterización regional de la problemática asociada a drogas ilícitas en el departamento de Santander, publicado en 2015 por el Observatorio de Drogas de Colombia, aclara que para sus resultados sólo se tuvieron en cuenta sustancias ilícitas como la marihuana [superando la dosis personal] y la cocaína, porque “los datos de consumo de drogas sintéticas son muy bajos”.

Sin embargo, existen cifras de incautación, que alertan sobre la existencia de un mercado ilegal que va en aumento. Según datos suministrados por la Policía Metropolitana de Bucaramanga (Mebuc) a la revista Plataforma, durante el año 2015 incautaron 2.889 dosis de sustancias sintéticas, siendo Bucaramanga, Floridablanca y Girón, los municipios más críticos. 

El Ministerio de Justicia ha reconocido en varias declaraciones a la prensa nacional que hay un número significativo en el consumo de este tipo de drogas, advirtiendo sobre su facilidad y rentabilidad calificada entre uno y diez en relación con las drogas derivadas de cultivos tradicionales, que son fácilmente detectados por requerir de grandes terrenos. El mismo Gobierno sabe que el debate de la legalización de la cocaína y la marihuana puede ser obsoleto en unos diez años, en caso de que siga en proliferación el de las drogas sintéticas.

Plataforma indagó con varios ingenieros químicos de la ciudad sobre la existencia de tales drogas y todos explicaron las formas, efectos y características de tres alucinógenos, bajo la exigencia de la reserva de su identidad. Según explicaron, la más popular es la LSD, considerada la más fuerte de todas las drogas conocidas hasta el momento. Esta causa el aumento de sensibilidad auditiva, produciendo una confusión cerebral entre las imágenes y los sonidos.

El sistema nervioso es el más afectado llevando al consumidor a un estado de aislamiento total, que a su vez, lo conduce a depresión y suicidio durante el efecto. Es distribuida en forma de parches que se adhieren a cualquier parte del cuerpo, siendo el cuello el preferido entre los consumidores. Su efecto puede llegar a durar varios días y no genera dependencia pero sí tolerancia, es decir, el cuerpo requiere una dosis cada vez más fuerte.

La segunda más conocida es el Éxtasis o GHB (ácido gammahidroxibutírico) fabricados con sustancias como la cafeína, que regula el pulso cardíaco, y efedrina, que dilata las vías respiratorias y baja el pulso cardíaco. Esto produce una sensación inmensa de alegría. Lo expenden en forma de pastillas o tabletas de 10 a 200 miligramos marcadas por caritas felices o algún símbolo alusivo a la felicidad. Su efecto varía entre los 10 y 20 minutos. Su presentación es riesgosa incluso para los niños, pues pueden considerar que este es un dulce.

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Las drogas sintéticas han encontrado en el menudeo la forma perfecta de distribución sigilosa. Quienes conocen sobre este mundo peligroso, explican que este mercado ilegal pasa desapercibido en parques y discotecas. Fotomontaje: Carolina Cabrera. Foto
 

Otra es la Ketamina, que se deriva del famoso "polvo de ángel", una de las drogas más popular de los Estados Unidos entre los años 60 y 80. Esta produce un gran efecto analgésico, reduce el dolor y baja el ritmo cardíaco, generando la sensación de separación del cuerpo o la mente, también conocido como el “estado k”. Las formas más comunes de consumo son por vía intravenosa, es decir introducir el líquido directamente a una vena a través de una aguja, o tragar directamente el líquido. Lo distribuyen en jeringas de 10 miligramos.

La historia de Carlos Díaz es una prueba viva de que este tipo de drogas son comercializadas en la capital santandereana, conduciendo a más personas a la adicción e incluso el peligro de morirr. En voz baja, quienes conocen sobre esta realidad advierten que los parques y discotecas son nichos del microtráfico; lo que pasa es que la comercialización es muy sutil. El mismo gobierno nacional sabe que este puede ser un reto frente al combate de las drogas ilícitas, pero regionalmente no hay un panorama claro que muestre la dimensión de la distribución y consumo de drogas sintéticas.

Los gobiernos tendrán que seguir ejecutando políticas públicas que trabajen en la prevención pero también en la atención integral para rehabilitar a quienes han caído en las garras del consumo. ¿Qué tanto se ve afectada Colombia por este nuevo problema mundial de drogas importadas desde las grandes potencias? Y ¿por qué no se ha logrado visibilizar lo suficiente este problema en el país? Estas son preguntas que aún quedan en el tintero.

* Nombres cambiados a petición de las fuentes.

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