Las “dos caras de la moneda” de las cirugías estéticas

Publicado en Edición 49 | Jueves 04, de Agosto de 2016 | Actualizado el Jueves, 16 de Noviembre de 2017

[FOTO 1]: Las “dos caras de la moneda” de las  cirugías estéticas
Foto: Roberto Cárdenas. Foto
 

Muchos jóvenes contemplan la idea de practicarse cirugías estéticas queriendo imitar a personajes de la música, la farándula o la moda.

En 1992 en un pueblo en las afueras de Bogotá llamado Ubaté, nació una pequeña niña muy poco popular en su escuela que usaba brackets, se teñía el cabello de rojo y se consideraba el ‘patito feo’ de su promoción. Su sueño era lograr ser actriz, razón por la que recibió burlas de sus compañeros de colegio durante toda la secundaria. Fue víctima de bullying.

María Gutiérrez* recuerda que la primera vez que pensó en practicarse una intervención quirúrgica fue siete años atrás, cuando tenía 17, durante los días en que comenzaba la jornada de inducción a la vida universitaria en una institución en Bogotá. Durante el trayecto desde su casa hacia la universidad observó que había una variada oferta de centros de estética. Ella y sus compañeras de clase se quedaban por varios minutos a observar quiénes entraban y salían a estos lugares, preguntándose en la posibilidad de también practicarse una cirugía.

María se palpa el abdomen indicando que siente una molestia constante desde que se practicó la liposucción. Ahora, en lugar de lucir una cintura moldeada tiene una cicatriz que le atraviesa el vientre de lado a lado, sumado a varias quemaduras en la cintura y la espalda. Las huellas de esa cirugía tienen orígenes en julio de 2010 cuando una compañera de estudio le recomendó un médico. Sin dudarlo, llamó y le pidió que la ayudara a deshacerse de esos “gorditos” que tanto la acomplejaban. Fue rápido: a las 10 de la mañana del siguiente día recibió una valoración médica y la indicación de que la cirugía costaba 4 millones de pesos.

[FOTO 2]: Las “dos caras de la moneda” de las  cirugías estéticas
Una cirugía estética requiere toda la experticia de un profesional que haya estudiado por años el funcionamiento del cuerpo humano, y acredite habilidad y calidad en sus intervenciones. Foto: Roberto Cárdenas. Foto
 

La joven, que trabajaba como mesera en un restaurante de la capital, comenzó a reunir el dinero y le pidió un préstamo a su novio para poder entrar al quirófano. Así fue como buscaron de nuevo al médico, pagaron y ultimaron detalles de la operación. En ese momento, el doctor le informó que no tenía una sala de cirugía propia por lo que debía alquilar una, pues la atención regular de sus clientes ocurría en un centro de estética. María aceptó y entró a una cirugía que tardó cuatro horas. “Fue un éxito”, le dijo el médico cuando pasaron los efectos de la anestesia general.

Tras tres días de hospitalización, María siguió las recomendaciones en la alimentación y pensó que la recuperación sería pronta para volver a la rutina. Sin embargo, con el paso de los días su condición no mejoraba: se sentía hinchada, con mucho frío y mareo. “Es normal”, le repetía el doctor, explicándole que el siguiente paso era asistir a unas terapias posoperativas para drenar los líquidos retenidos en varias partes del cuerpo.

Esperando que esta última fuera la razón de sus males, la joven acudió al centro de estética con la infortuna de que quien la atendió tenía poca experiencia en los procedimientos, según pudo corroborar meses después. Tras varias semanas de masajes, María debía recibir unas terapias con ultrasonido que requieren de la aplicación de un gel. La esteticista le aplicó fue un aceite de naranja. “Cuando estaba en las terapias me ponía una toalla en la boca. No podía soportar el dolor. Era insoportable”, recuerda.

Tres semanas después de la liposucción, comenzaron a aparecer llagas en la zona abdominal y la espalda. “Estaba quemada y con un dolor impresionante. Pero el cirujano me repetía que eso hacía parte de los efectos de la operación y que no todos los cuerpos reaccionaban igual”, comenta, explicando que al mes la situación empeoró cuando su cuerpo empezó a expulsar un líquido viscoso y a emanar un mal olor.

[FOTO 3]: Las “dos caras de la moneda” de las  cirugías estéticas
La belleza no debería ser un molde, ni un estereotipo, sino producto de una reflexión de cada persona de cómo se siente; y no de cómo lo deben ver. El molde 90-60-90 se convirtió es un dolor de cabeza para muchos. Foto: Roberto Cárdenas. Foto
 

Desesperada, María llamó de nuevo al doctor para contarle lo que estaba ocurriendo pero el médico se limitó a responder “que era producto de la sangre que salía aún de las heridas”. La joven sentía que su cuerpo se deterioraba más, pues el dolor le impedía desempeñarse normalmente al punto que comenzó a comer muy poco. Durante un mes el doctor no quiso verla en persona; todas las ‘consultas’ eran vía telefónica.

“El ser humano debe valorarse así mismo como una creación de Dios”, dice arrepentida, contando que después de un largo proceso de asimilación de las secuelas se atreve a contar su historia y a mostrar sus heridas: “Con el tiempo el dolor ni las cicatrices desaparecieron. Siguen intactas”.

Felipe González, médico cirujano, explica que historias como las de María Gutiérrez ocurren cuando los pacientes no se toman el tiempo para buscar a una persona con los títulos y con la experiencia suficiente para practicarse estos procedimientos. “La población debe acudir a cirujanos plásticos y estéticos titulados que tengan realmente una preparación académica en universidades reconocidas en el país o en el exterior. De esta manera  son mejor atendidas, sus dudas son despejadas y los resultados son los más satisfactorios”, dice el experto.

González explica que la cirugía y el tratamiento deben ser practicados y supervisados por especialistas, porque una mala intervención puede provocar la muerte del paciente. El experto explica que desafortunadamente la televisión, la prensa y las revistas son reiterativas en estereotipos de belleza tanto para hombres como para mujeres. En pacientes como María Gutiérrez, que decidió acceder al quirófano sobre el límite de la mayoría de edad, el médico sugiere que es indispensable el acompañamiento de sus padres o de un familiar responsable.

Esto último porque cada vez son más jóvenes los pacientes que buscan una cirugía plástica. Camila Andrade*, por ejemplo, se practicó una mamoplastia de aumento [cirugía de aumento en el tamaño de los senos] cuando apenas tenía 15 años. “Quería que me quedara lindo el vestido”, dice. Esta misma intervención se practicó Catalina Núñez*, a sus 17 años, después de sentir presión social. “Me sentía acomplejada porque mis compañeras de colegio tenían bastante busto”, comenta Andrade.

Aunque cualquier cirugía implica riesgos, Paola Navarrete, médico general, considera que ésta no es pertinente en menores de edad y que debería sólo practicárseles cuando cumplan los 18 años. Esto, al considerar que muchos jóvenes toman la decisión en su adolescencia siguiendo prototipos de belleza. En esto coincide un estudio realizado en 2011 por Elvia Lucía Ruiz Marín, Claudia Emilse López Aristizábal y Juan Gonzalo Escobar Correa, del Politécnico Jaime Isaza Cadavid, titulado Los jóvenes, el ideal estético y la televisión. “El joven construye su subjetividad a través de un diálogo entre los modelos que le llegan mediante el televisor y los que observa en sus propias experiencias”, indica el estudio.

La investigación señala que los jóvenes se dejan influenciar por las imágenes que ven en los medios de comunicación, que promueven “patrones de perfección” buscando ser aceptados por un grupo de personas. Esto explica por qué muchos de ellos tratan de imitar a actores, cantantes o futbolistas, contemplando la idea de practicarse cirugías para lograr ese propósito.

Para evitar que más jóvenes como María Gutiérrez lamenten los efectos de una cirugía estética mal practicada, los especialistas reiteran en su llamado para que busquen a las personas más cualificadas, que cuenten con el personal, la infraestructura y materiales de calidad para realizar las intervenciones. Es una decisión que además puede salvar vidas. 

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