Trastornos mentales en Santander, una realidad invisible

Publicado en Edición 49 | Jueves 04, de Agosto de 2016 | Actualizado el Jueves, 16 de Noviembre de 2017

[FOTO 1]: Trastornos mentales en Santander, una realidad invisible
La palabra “depresión” viene del latín depressio, que significa “hundimiento”. Esto es lo que precisamente siente una persona diagnosticada con este trastorno mental. Foto: Roberto Cárdenas. Foto

 Las enfermedades neuróticas y mentales terminan siendo silentes para la realidad de muchos. De esta manera, un amigo o familiar puede padecer algún trastorno sin que todavía haya sido diagnosticado. Esta es la historia de una familia que luchó por tratar de recuperar a su padre.

Antonio González* un bumangués inexpresivo pero de corazón noble, le fue diagnosticado a sus 48 años un extraño cuadro de bipolaridad con tendencia depresiva. Todo empezó cuando Antonio se volvió inexplicablemente más sensible, todo le causaba tristeza y ganas de llorar, hasta los momentos cotidianos y felices. Su extraña actitud sorprendió a sus familiares que conocían su personalidad neutral para todo, a este comportamiento se le sumó el aislamiento y la falta de sueño constante, al punto de no poder dormir en días enteros.

La salud mental es el término que la Organización Mundial de la Salud (OMS) le atribuye al estado de tranquilidad, control y autonomía que tiene una persona sobre sí misma y su mente. Silvia Rueda, psicóloga especialista en Salud Mental, sostiene que este estado puede verse alterado cuando el paciente no tiene la capacidad de obtener en sus recursos personales de afrontamiento una característica adecuada para sobrellevar un problema o situación.

Los parientes preocupados llevaron a González al médico de la familia con el fin de que le formulara algo que lo ayudara a descansar, este le recetó unas pastillas para dormir, pero no conseguía reposar. Patricia de González* pensó que los medicamentos no eran lo suficientemente fuertes para que su esposo lograra dormir, por esta razón le formularon unas mucho más fuertes que lograban doparlo, pero aún así no conciliaba el sueño. En ese momento el médico concluyó que estaba mal.

Jorge Andrés Niño, psiquiatra del Hospital Psiquiátrico San Camilo, afirma que las enfermedades mentales son un problema silencioso que afecta no solo a las personas que las padecen sino a su entorno familiar. El problema es que estos últimos son fundamentales en el éxito o fracaso de un proceso de recuperación, pero también en la detección a tiempo de una anomalía.

El padre de Samuel y Daniela González* fue remitido a un psicólogo quien con rapidez reconoció que el paciente debía ser tratado por un psiquiatra. Después de practicarse una serie de exámenes, Antonio González, el administrador de un casino en Bucaramanga que trabajaba fuertemente para sostener a su familia, fue diagnosticado con bipolaridad con tendencia depresiva. Quedó sin palabras.

Según el Instituto Nacional de Salud, Santander presenta altos índices de violencia intrafamiliar. Para Cecilia Pallares, coordinadora de Salud Mental de Santander, este flagelo es uno de los desencadenantes de la esquizofrenia, la bipolaridad y la depresión, siendo este último el más frecuente entre los pacientes diagnosticados en el departamento. Para Pallares, la depresión como los demás trastornos requiere de una atención especializada. “No es solo el sentimiento de soledad y tristeza del paciente; este se acompaña de una serie de pensamientos y comportamientos que pueden conducirlo al suicidio”, dice.

Cuando la familia de Antonio González supo el diagnóstico quedaron perplejos. En ese momento desconocían la gravedad del trastorno y sus consecuencias, por lo que comenzaron a informarse y a prepararse para los momentos de crisis. Antonio comenzó un tratamiento farmacológico supervisado por una institución especializada de la ciudad, pero pese a los esfuerzos su condición mental no mejoraba.

Para el psiquiatra Jorge Andrés Niño, el trastorno de bipolaridad puede detonar a partir de tres principales factores: haberlo heredado genéticamente, estar expuesto a “estresores” o “desencadenantes de estrés” o que haya sufrido algún trauma. El experto considera que además del tratamiento farmacológico es importante la intervención de un trabajador social, que puede analizar si es necesaria una terapia de familia u ocupacional, y de un psicólogo, que puede analizar cómo la persona afronta los problemas de la vida.

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Los expertos coinciden que en el tratamiento de los trastornos mentales influye mucho el entorno familiar. La persona necesita apoyo permanente. Foto: Danny Alexys Torra. Foto
 

Aunque la familia de Antonio siguió las recomendaciones de los especialistas, se preocuparon más al ver que el ánimo de su padre no mejoraba. “Decía que no tenía ningún problema. Él sólo veía problemas donde no los había. Se sentía culpable de todo y decía que era una carga para su familia, porque no podía trabajar”, relata su hijo Samuel. Cuando les expresaba que “ya no quería ser más una carga” ninguno se imaginó que tomaría una decisión fatal.

El 25 de agosto de 2014 Antonio tomó un taxi para ir a una de las citas de control pero nunca llegó. Durante 42 tortuosos días la familia desconocía su paradero, lo declararon desaparecido y las autoridades comenzaron la búsqueda; repartieron volantes, frecuentaron los lugares que él solía visitar y cada fin de semana programaban viajes a diversos municipios de la región para saber si alguien daba con su paradero. El 6 de octubre de ese mismo año la familia recibió una llamada de la Policía de Zapatoca: Antonio estaba muerto.

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“Tengo depresión” es una frase cliché cotidiana que suele usarse para expresar preocupación o tristeza. Pero la depresión como tal puede llevar a una persona a no querer vivir más. Foto: Roberto Cárdenas. Foto
 

Cecilia Pallares comenta que desde 2014 Santander se convirtió en un departamento pionero en desarrollar una política pública en salud mental. Según la funcionaria, esta trabajar sobre tres enfoques: la promoción de la salud mental y convivencia social; la prevención de los trastornos mentales, la violencia y el consumo de sustancias psicoactivas, y la presentación de los servicios en salud mental. “Estos tres ejes nos permiten interactuar porque los programas están diseñados para niños, adolescentes y adultos mayores”, comenta la Coordinadora de Salud Mental.

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El tratamiento para pacientes diagnosticados con trastornos mentales incluye la asesoría y seguimiento de psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales. Foto: Danny Alexys Torra. Foto
 

Pallares agrega que el Departamento trabaja en atender a quienes ya fueron diagnosticados con un trastorno mental, así como en disminuir los índices de violencia y consumo de sustancias psicoactivas que muchas veces son desencadenantes de estos. Aunque la familia de Antonio González tuvo los medios económicos para acceder a especialistas, pagar terapias y medicamentos; otros no. Y es por eso que el llamado de quienes ya conocen esta realidad es que la política pública sea efectiva: para prevenir, atender a tiempo, mejorar la calidad de vida de muchos y sus familias, pero sobre todo, para salvar vidas.

*Nombres cambiados a petición de la familia.

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