Tras las huellas del tráfico de especies

Publicado en Edición 49 | Jueves 04, de Agosto de 2016 | Actualizado el Jueves, 16 de Noviembre de 2017

[FOTO 1]: Tras las huellas del tráfico de especies
Por su carácter sociable y sus llamativos colores, los loros de las especies Amazonas autumnails y Amazona ochrocephala ocrocephala son algunos de los más apetecidos y comercializados. Foto: Alexánder Rojas. Foto
 

Este negocio ilícito es silente en el departamento. Finalizando el año 2015 por lo menos 700 especies animales, entre silvestres y exóticas, fueron entregadas de forma voluntaria a la Policía Ambiental y Ecológica. Las autoridades reiteran que estos animales tienen un hábitat propio y no son mascotas.

Lugar: muelle del Río Magdalena en Barrancabermeja, Santander. Panorama: caras de sorpresa e indignación entre las personas que trabajan como areneros a la orilla del río, bajo el inclemente clima de “la hija del sol” ante la pregunta de si han visto a alguien comercializar con algún tipo de animal exótico o silvestre. “Eso es ilegal, señorita”, respondían.

El tema se trata con mucha cautela, pues es una actividad ilegal que está contemplada en el Código Penal colombiano entre el listado de los “Delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente”. Sin embargo, es innegable que este ilícito se desarrolla por "debajo de la mesa", por donde pasan osos perezosos, tigrillos, guacamayas, babillas, cotorras y hasta boas, que traen desde distintos puntos de la geografía nacional y que convergen en el muelle como punto de encuentro clandestino. Hasta allí llegan de Puerto Wilches, en Santander, de Bolívar y  de Antioquia, interesados en adquirirlos para comercializarlos en Bucaramanga, en la capital santandereana.

Prueba de esto son los datos suministrados por la Policía Ambiental y Ecológica Seccional Bucaramanga, que advierten que sólo en el año 2014 fueron entregadas voluntariamente en Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta 630 especies consideradas silvestres o exóticas, y 794 hasta agosto de 2015. Las que registran mayor número, en su orden, son las boas, tortugas “morrocoy”, las iguanas y canarios.

Estas cifras son prueba fehaciente de cómo este ‘negocio’ se ha ido consolidando en Santander, y aunque no sea uno de los más visibles, como sí ocurre en departamentos como Cesar, Atlántico, Amazonas, Chocó, Córdoba, Vaupés, Putumayo o Meta; ha ido ganando mayor auge a pesar de los enormes esfuerzos de las autoridades ambientales locales por contrarrestarlo. 

Traspasando fronteras

Colombia es uno de los países más biodiversos del mundo, y según cifras de la Red de Herramientas para la Integración, Publicación y Consulta de la Información sobre Biodiversidad, SIB-Colombia, adscrita al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en nuestro país hay registradas 54.871 especies, entre animales, plantas, líquenes y hongos.

[FOTO 2]: Tras las huellas del tráfico de especies
El tráfico ilegal de animales silvestres acaba con la fauna local y los ecosistemas. Los monos son una de las especies más amenazadas por este delito. Foto: Alexánder Rojas. Foto
 

Estas cifras son una aproximación, pues no existe un número total de especies que habitan en Colombia, debido a la variedad de grupos biológicos, los cuales arrojan datos diferentes en el territorio nacional. Sin embargo, en cuanto a los animales, según datos de SIB-Colombia, existen cerca de 479 especies de mamíferos, mil 889 especies de aves, 571 de reptiles, 763 de anfibios, 2 mil de peces marinos, mil 533 de peces de agua dulce y 179 de aves migratorias, sin contar las especies de invertebrados.

Estos datos son el reflejo de que Colombia es un paraíso biológico, lo que trae muchas ventajas en comparación con otros países en términos ambientales y de investigación científica, pero también muchos problemas en lo que concierne a delitos contra el medio ambiente. Es así como existen avivatos que se aprovechan de la abundancia de especies locales y que ven en ellas una oportunidad de hacer dinero fácil, a expensas de la degradación de los ecosistemas naturales, los cuales se ven afectados y disminuidos cada vez que se captura y comercializa una especie.

[FOTO 3]: Tras las huellas del tráfico de especies
El jaguar o Panthera onca es el felino más grande de Colombia y al mismo tiempo uno de los más amenazados por la disminución de su hábitat a causa de la ganadería y la agricultura. Foto: Alexánder Rojas. Foto
 

Esta es una situación que ocurre en Colombia y en otros países del mundo, y que ha ido creciendo de manera desmesurada hasta convertirse en uno de los negocios ilícitos más rentables del planeta, equiparado incluso con el tráfico de armas y estupefacientes por las cifras que son reportadas, y las dimensiones de las redes que están detrás de la extracción y comercialización de los animales.

[FOTO 4]: Tras las huellas del tráfico de especies
De hábitos nocturnos, el tigrillo es una de las especies de felinos propias del sur y Centroamérica. Foto: Alexánder Rojas. Foto
 

Según datos del Grupo Investigativo de Delitos contra el Medio Ambiente de la Dirección de Investigación Criminal (Dijin), de la Policía, el delito del tráfico y venta de especies silvestres y exóticas opera en Colombia por medio de redes de traficantes. La cadena comienza con los “recolectores”, que capturan a los animales en su lugar natural; pasa por los “grupos de transporte”, quienes son los encargados de llevar a los animales hasta los centros urbanos y termina en los “grupos de comercio”, quienes contactan a los potenciales clientes de una forma discreta, evadiendo a toda costa a las autoridades ambientales y la Policía Nacional.

Para la Policía estas rutas comprenden los departamentos de Córdoba y Cesar hacia Bogotá, o desde Amazonas, Vaupés, Guaviare, Chocó y Putumayo hacia cada una de las fronteras. Pese a los múltiples esfuerzos las autoridades reconocen que desvertebrar las redes del tráfico no es fácil, pues estas son escurridizas. Según sus investigaciones, Santander está en un punto intermedio de esta cadena, donde las especies provienen en su mayoría de la región del Magdalena Medio.

[FOTO 5]: Tras las huellas del tráfico de especies
Hasta agosto de 2015, las tortugas morrocoy fueron la segunda especie que registró mayor número de entregas voluntarias a la Policía Ambiental del Área Metropolitana de Bucaramanga. Foto: Alexánder Rojas. Foto
 

Gerson Peña, biólogo del grupo de Fauna Silvestre de la Subdirección Ambiental del Área Metropolitana de Bucaramanga (AMB), una de las dos autoridades ambientales en este tema de la ciudad, explica que la comercialización de especies es un atentado en contra de la biodiversidad. “En el mercado ilegal un animal es comercializado entre 100 mil y 500 mil pesos, un valor que puede aumentar si este está en vía de extinción. Las autoridades hacen un esfuerzo por hacer controles a las canoas que se movilizan por los puertos, pero los resultados no siempre son positivos”, dice el funcionario.

La prueba de que este ‘mercado’ se salta los controles es el testimonio de Julio Mantilla*, un hombre que trabaja sacando arena del río Magdalena. Claramente prefiere guardar su identidad por razones de seguridad, pues es testigo de cómo en el muelle del puerto petrolero negocian con perezosos, babillas, tigrillos, guacamayas y boas. Según relata, los precios ascienden a un millón de pesos, los traficantes saben a qué hora negociar para estar fuera del radar de las autoridades y se aseguran de lograr buenos escondites.

El biólogo Gerson Peña asegura que pese a las denuncias ciudadanas, las capturas son pocas. Atrapar a los traficantes en flagrancia no es fácil y de no ser así, las autoridades deben buscar suficientes pruebas para llevarlas a juicio. Ejemplo de ello es que durante 2014 bajo el delito de “Ilícito de aprovechamiento de los recursos naturales renovables” fueron capturadas solo tres personas: dos en el barrio Villa Esperanza I, de Floridablanca, y una en la vereda Mirabel, de Lebrija. Hasta agosto de 2015 fuer solo capturada una persona por el mismo delito en el barrio Provenza, de Bucaramanga.

[FOTO 6]: Tras las huellas del tráfico de especies
Los monos tití están en vía de extinción. Este es uno de los recuperados por la Reserva Natural Municipal Cabildo Verde. Foto: Alexánder Rojas. Foto
 

Yo te quiero libre es una campaña impulsada por el Área Metropolitana de Bucaramanga que precisamente busca que las personas que tienen especies silvestres o exóticas en sus casas las entreguen de forma voluntaria. Este programa pedagógico lleva información a los parques principales de Bucaramanga, Girón, Piedecuesta y Floridablanca, de manera que la gente toma conciencia sobre la importancia de respetar la biodiversidad.

Aunque Peña y Mantilla reiteran en su preocupación frente a la persistencia del tráfico, la Corporación Autónoma para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (Cdmb), la otra autoridad ambiental, considera que no existe tal red. Así lo asegura Yeison Penagos, miembro del Grupo de Fauna de la Corporación, para quien “no se han detectado grupos organizados dedicados al comercio ilegal de fauna silvestre; por el contrario, todos los casos corresponden a eventos aislados, producto de denuncias interpuestas por los particulares”.

Penagos explica que varios de los loros y guacamayas que ya no se pueden devolver a su hábitat natural fueron entregados al Jardín Botánico Eloy Valenzuela, donde construyeron un aviario. “Allí además se creó un Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre, con capacidad para mantener a cerca de 500 especímenes de fauna”.

Será tarea de ciudadanía en general reconocer que comprar un animal silvestre o exótico es participar en la red de tráfico de especies animales, esto porque garantiza la rentabilidad para aquellos que extraen a los animales de su hábitat natural. Y las autoridades tendrán el reto por delante de afinar no sólo sus estrategias pedagógicas sino de lograr desvertebrar esas redes que afectan a la biodiversidad del país.

[FOTO 7]: Tras las huellas del tráfico de especies
Estas son algunas de las recuperaciones de animales que ha realizado la Policía Ambiental del Área Metropolitana de Bucaramanga. Estas incluyen boas, babillas y osos perezosos. Foto suministrada: Policía Ambiental. Foto
 

Entrevista
Alberto García:
“Todos los animales y plantas que son extraídos causan un desequilibrio”

[FOTO 8]: Tras las huellas del tráfico de especies
Alberto García, biólogo. Foto: Laura Espinosa. Foto
 

En diálogo con la revista Plataforma, Alberto García, biólogo de la Universidad Industrial de Santander y magíster en Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente de la Universidad de Manizales, explica las diferencias entre las especies silvestres nativas y foráneas, y qué ocurre cuando estas cuando son extraídas y transportadas a lugares diferentes a su hábitat natural. García hablara sobre las implicaciones ecológicas de dichos ecosistemas en un contexto como el colombiano.

Plataforma (Pfm): En el caso del tráfico de fauna silvestre ¿cuáles son aquellas especies a las que se les llama nativas?
Alberto García (A.G.):
Una especie nativa es aquella que durante muchas generaciones ha permanecido en un territorio. Esto quiere decir que hay una descendencia, y ésta ha interactuado en ese ecosistema, lo que permite que a su vez esa especie sea parte también de una cadena trófica (proceso de transferencia de sustancias nutritivas a través de las diferentes especies de una comunidad biológica) que regule todo el ecosistema, y que interactúe con las otras especies manteniendo un equilibrio.

(Pfm): Contrario a estas, ¿qué son las especies foráneas o exóticas?
(A.G.):
Una especie exótica o foránea es una especie que se introduce a un ecosistema, y que en muchos casos por algunas condiciones genéticas o de comercio se trae a un lugar nuevo.

Han ocurrido casos especiales de este tipo como el de las abejas africanas y la rana Toro, que tienen unas características genéticas o fenotípicas buenas, pero que al llegar a nuestro entorno han generado un problema ambiental serio porque entran a competir con las especies de aquí.

No todas las especies foráneas que se introducen a una región determinada causan problemas, porque en algunos casos muchas de ellas no se adaptan y sus ejemplares terminan muriendo, pero otras se adaptan y entran en una competencia feroz, y traen consigo un daño ecológico y una alteración a ese ecosistema. Es así como esas especies empiezan a crecer de forma desmedida porque no tienen una competencia ni un depredador que limite su crecimiento.

(Pfm): Siendo así la situación, ¿qué ocurre con los animales que son sustraídos de sus hábitats de origen?
(A.G.): Sacar las especies de un ecosistema lógicamente lo altera, porque todos los animales y plantas que son extraídos causan un desequilibrio. Todos los seres vivos que están en una región determinada se encuentran regidos por unas condiciones y unas variables ambientales y físicas, que hacen que tiendan a establecer una relación muy estrecha entre ellos; así algunos terminan siendo presas de otros y esto permite que ese orden en el ecosistema se mantenga.

Hay plantas que si nosotros las sustraemos, por lo menos en el caso de los musgos, van a traer alteraciones serias en el equilibrio hidrológico de alguna región. Asimismo, también existen mamíferos y aves que al ser sustraídos de una región generan afectaciones a las plantas, porque resulta que ese animal era el que llevaba las semillas o hacía parte del proceso de polinización.

(Pfm): En este sentido, ¿qué afectaciones experimentan ecosistemas a los que llegan nuevas especies por medio del tráfico?
(A.G.):
En cuanto a esas afectaciones puede haber dos variables grandes que las determinen. La primera, cuando se hace una introducción a especies o un cambio de especies de una región geográfica muy distante a otra, y la segunda, que se da en regiones geográficas que no son tan lejanas.

Entonces, cuando ocurre el primer caso, en el que las regiones geográficas son muy distantes, estos animales nuevos vienen a adaptarse a una situación, o las plantas también lo hacen, igual que en el caso de los insectos; y van a traer como consecuencia que si son exitosos en esa colonización que hacen, estos animales van a alterar ese ecosistema y van a depredar a las especies que están allí, logrando que terminen desapareciendo las especies propias de las regiones.

Por otra parte, en el caso de las especies que se trasladan de ecosistemas con distancias muy cortas, en algunos casos no hay diferencias tan grandes. Sin embargo, en el caso de los mamíferos sí, porque ellos no resisten la salida de un ecosistema sobre todo porque están viviendo y alimentándose de esos determinados espacios en los que siempre se han mantenido.

(Pfm): En relación con las afectaciones propias de la fauna, ¿es posible que aquellos que son adquiridos con fines puramente domésticos trasmitan enfermedades a los seres humanos o a la inversa?
(A.G.):
Por lo general en este tipo de intercambio, cuando hablamos de enfermedades, posiblemente se den en ambas direcciones. Los animales que son sacados de un ambiente por lo general se enferman y mueren en muy pocos días. En algunos casos las crías resisten un poco más porque son animales que están en período de crecimiento, y de pronto no entienden el entorno en el que están y se adaptan muy fácilmente. No obstante, todos los organismos vivos, incluyéndonos los humanos, tenemos lógicamente diferentes microorganismos internos, e incluso entre nosotros mismos podemos alterarnos.

Así, tanto en el caso de los animales como las plantas, van a sufrir los que llegan a una región como los que estaban con anterioridad en ese sitio, pues van a padecer esas variaciones principalmente por microorganismos que afectan las defensas propias de cada cuerpo, las cuales están asociadas a su sistema inmune.

(Pfm): Finalmente, vemos que la región del Magdalena Medio se ve inmersa en esta situación de caza y tráfico de especies silvestres, ¿cuáles son las condiciones de ese ecosistema que permiten esta situación?
(A.G.):
El Magdalena Medio es una zona muy similar a la selva del Amazonas, un lugar tropical lluvioso, en donde el ecosistema ha ido alterándose. Se han talado los bosques como primera medida, y segundo, se han utilizado estos terrenos para introducir monocultivos como el de la palma de aceite, y alterando las condiciones de primates, aves, reptiles y de otras especies nativas, tanto animales como vegetales que eran de la región. Este debilitamiento de los espacios en los que viven, las hacen vulnerables de ser cazadas.

[FOTO 9]: Tras las huellas del tráfico de especies
El Guacamayo azul o Ara ararauna, propio de Suramérica, es una especie de ave monogámica, pues una vez encuentran pareja permanecen con ella hasta su muerte. Foto: Alexánder Rojas. Foto
 

Descarga el artículo

  • Logo-upbtv-60
  • estacionv-logo60
  • logo-labora-60
  • logo-radio-catolica-metropolitana-horizontal-60
  • logo-upb-60-vigilado-min-educacion-web

Acerca del sitio

Este sitio web pertenece a la Revista Plataforma - Pfm de la Universidad Pontificia Bolivariana - Seccional Bucaramanga

www.plataformaupb.com

Contáctenos

  •   Dirección: Autopista a Piedecuesta Km 7 | Universidad Pontifica Bolivariana - Seccional Bucaramanga
    Oficina K514
    Floridablanca, Santander (Colombia)
  •   E-mail::
  •   Teléfono: 57-7-6796220
    Extensión 592