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“Ellos no son de la calle, son nuestros”: Aguapanelazo Colombia

Publicado en Edición 48 | Miércoles 27, de Julio de 2016 | Actualizado el Jueves, 16 de Noviembre de 2017

Aguapanela

[FOTO 1]: “Ellos no son de la calle, son nuestros”: Aguapanelazo Colombia
En la capital santandereana hay por lo menos mil habitantes de calle según datos oficiales. El Aguapanelazo Colombia es una iniciativa de voluntarios que les lleva alimento cada semana. Foto suministrada: Cristian Fabián Nonato. Foto
 

Esta obra social es una apuesta por brindarles afecto y algo de alimento a los habitantes de calle de varias ciudades del país. En Bucaramanga, cada semana un grupo de voluntarios reparte agua de panela y pan en la Avenida Quebradaseca y la carrera 15.

Alonso Álvarez es un sacerdote misionero de La Consolata y una de las almas del Aguapanelazo, una iniciativa nacional que en Bucaramanga asumió el nombre de Diego Alejandro Triana, en conmemoración a un joven de 16 años que se alistaba como voluntario pero que perdió la vida en un accidente de tránsito. “Fue en  noviembre del año pasado, un viernes, Diego fue el primero en levantar la mano cuando les preguntamos quién estaba dispuesto a participar en esta experiencia”, cuenta el sacerdote.

El padre Alonso Álvarez dice que todos los compañeros recuerdan a Diego como un joven de alma caritativa y por eso, en honor a su espíritu bautizaron así a esta actividad comunitaria que busca atender a una población vulnerable, olvidada por muchos. Según el censo de la administración municipal, en las calles de la capital santandereana viven 1.147 habitantes de calle, de los cuales 85 por ciento son hombres entre los 18 y 40 años. Pese a los esfuerzos contemplados en los planes de desarrollo, aún son pocos los recursos y las fundaciones que trabajan en ofrecerles oportunidades a estas personas.

Jonathan Enrique Acuña Paula, psicólogo y uno de los fundadores del Aguapanelazo en Ibagué, ciudad donde tuvo origen esta iniciativa, sostiene que Bucaramanga, Medellín, Cúcuta y Bogotá son las más activas con el Aguapanelazo. Una o dos veces a la semana, un grupo de niños, jóvenes y adultos recorre las calles más olvidadas ofreciéndole alimento a toda persona que carezca de un hogar. “En la actividad participan estudiantes de colegio, padres y madres de familia, universitarios y profesionales de diferentes carreras como psicología, comunicación, administración, ingeniería civil, industrial y eléctrica”, dice Acuña.

[FOTO 2]: “Ellos no son de la calle, son nuestros”: Aguapanelazo Colombia
El Aguapanelazo quiebra el estigma que pesa sobre los habitantes de calle. Los voluntarios explican que son personas necesitadas de mucho afecto, quienes esperan cada semana su visita para contagiarse de alegría. Foto suministrada: Cristian Fabián Nonato. Foto
 

Walter Blanco Duarte, estudiante de Psicología de la Universidad de Investigación y Desarrollo y líder del Aguapanelazo Bucaramanga, asegura que el punto de encuentro es en el Parque Centenario en la calle 33 con 86 a las seis y media de la tarde todos los sábados. Allá se reúnen en promedio un grupo de 30 personas que reparten 300 vasos de agua de panela recorriendo uno de los lugares más críticos de la ciudad debido al consumo de drogas, la indigencia y prostitución: la Avenida Quebradaseca y la carrera quince.

Para quienes aún son escépticos de participar por el estigma de la inseguridad en estos lugares, Blanco indica que el grupo siempre se mantiene unido para recorrer las calles y que no han tenido ningún altercado, también porque las autoridades conocen ya de la actividad. “Hemos llegado a reunir 80 voluntarios para repartir los alimentos”, agrega. Plataforma fue testigo de uno de los recorridos que comenzó por el parque Centenario, continuó por la carrera 19, la calle 28, pasó por el Instituto Tecnológico Salesiano y regresó por la carrera 29 y la Avenida Quebradaseca.

El padre Alfonso Álvarez afirma que aunque esta es una actividad que brinda calidez y alimento a personas desprotegidas, es el gobierno quien debe realizar programas que transformen para bien esta realidad. “Como obra social esta iniciativa es un aporte, pero el país necesita de grandes reformas para lograr un verdadero desarrollo social”, reitera. Para el padre, el Aguapanelazo es  más un acto de misericordia, viendo la situación en que se encuentran los habitantes de calle.

El padre Álvarez explica que el estigma contra esta población se rompe cuando los voluntarios logran una proximidad y cercanía con ellos, cuando en el acto de bondad los habitantes de calle sienten que alguien les está dando una mano. En ese momento, por un instante, quedan atrás los pensamientos de miedo o inseguridad. Son seres humanos. “Gracias. Dios la bendiga. Esas son las palabras que más escuchamos cuando reciben el alimento. Al acercarnos uno encuentra bondad y no maldad. Uno ve cómo corren a llamar a otros compañeros para que no se queden sin comer”, relata Leidy Paredes, una voluntaria, estudiante de Administración de Empresas de las Unidades Tecnológicas de Santander.

José Luis Martínez, coordinador del Aguapanelazo en Bucaramanga y estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad de Santander, explica que la actividad se desarrolla en tres etapas. La primera corresponde a la búsqueda de los recursos para comprar los alimentos, de manera que varios de los voluntarios salen a los barrios con alcancías y carteles explicando la obra social. “La gente es muy amable y no importa cuál es su condición económica. Quienes no tienen dinero se ofrecen a darnos panela, pan, vasos desechables y hasta ollas”, dice.

El Aguapanelazo Colombia cuenta con una red de 400 voluntarios en todo el país.

Una segunda fase es la cocina. El agua de panela la preparan en el Centro de Animación Misionera (CAM), de los Misioneros de La Consolata en el barrio Mutis, de Bucaramanga. La envasan en termos a los que les adaptaron unas ruedas para poderlos transportar en taxi hasta el punto de encuentro. Listos los alimentos, el grupo de voluntarios se reúne para coordinar la entrega de los vasos y el pan, pero también para cantar con alegría y transmitir buena energía a quienes son testigos de la obra social. “Vamos repitiendo hasta el cansancio: ellos no son de la calle; son nuestros”, indica Martínez, explicando que además llevan guitarras y hasta señales de ‘Pare’ para poder cruzar las calles con tranquilidad.

Los voluntarios están convencidos de que el Aguapanelazo de alguna forma cambia en algo la vida de otros y sensibiliza a muchos. “Invitamos a todos los que quieran participar. Esta no es una iniciativa con fines económicos, políticos ni religiosos. Es una manera de apreciar lo que cada uno tiene en su casa y ver la realidad de estas personas que necesitan tanto”, señala Lisseth Jaimes, terapeuta y animadora del Aguapanelazado Diego Alejandro Triana.

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