Cuando a la vida se le pone salsa

Publicado en Edición 48 | Miércoles 27, de Julio de 2016 | Actualizado el Jueves, 16 de Noviembre de 2017

Salsa

[FOTO 1]: Cuando a la vida se le pone salsa
Andrés Valbuena y su compañera de baile María José Hernández Moreno comparten la pasión por la salsa. Foto: Julián Mateo Sánchez Estepa. Foto
 

Esta es la historia de varios bailarines que saben mover el cuerpo, que le ponen alegría a un trabajo profesional. Ellos hacen parte del grupo Clave Latina.

En la escena hay maquillaje y trajes brillantes. Dos niñas ensayan. Son las cuatro de la tarde y las pequeñas se mueven a ton y son, en la academia de salsa Clave Latina, que tiene su sede en Bucaramanga. En el salón contiguo está Diego Valbuena, el director, quien no duda en comenzar a contar su historia comenzando con la anécdota más importante: la de su hijo Andrés.

Su pequeño nació prematuro y pronto fue diagnosticado por los médicos con hipoacusia severa. Su condición de discapacidad no podía ser una excusa para transmitirle al niño lo que ya llevaba en la sangre por herencia: bailar salsa. Aunque los especialistas le indicaron que uno de sus oídos perdió su capacidad en 70 por ciento y el otro en 89; las vibraciones que llegan a su cuerpo disparan esa energía que lo hacen brillar en el escenario.

Diego es de los que se plantea retos grandes. Cuando su pequeño apenas tenía dos años, decidió probar suerte en el programa de televisión Bailando por un sueño. En 2006 se presentó a la convocatoria, pasó cada una de las eliminatorias y logró quedar entre los cuatro hombres que participarían del concurso. Fue asignado como pareja de baile de la actriz Carolina Sabino. Aunque no logró llegar a la final, califica esta oportunidad como “una gran experiencia”, pero sobre todo como un trampolín para impulsar sus proyectos.

El más importante fue entrenar a su hijo Andrés. Ahora él tiene doce años y aprendió a bailar viendo los ensayos de los demás. “Desarrolló su memoria fotográfica a partir de la atención”, dice, resaltando que es uno de los bailarines que más se fija en los detalles, repitiendo los pasos para evitar errores. Su compañera de salón es María José Hernández, una niña de 11 años que ya ha representado a la ciudad y el país en competencias nacionales e internacionales.

“Bailo salsa porque este es un ritmo muy rápido y de mucha precisión. Los demás bailes me parecen aburridos… uno de los momentos más gratos que he tenido como bailarina es haber logrado el primer puesto con mi amiga Catalina en la categoría Dúo Lady el año pasado en Medellín”, dice María José quien luce un traje color verde neón y unas zapatillas adornadas con piedras brillantes.

Sostener una conversación con esta experimentada bailarina es fascinante. No demora en explicar que su talento lo ha pulido a punta de “mucha disciplina, de ensayar y ensayar hasta que todas las figuras, cargadas y pasos salgan perfectos”, dice la pequeña, indicando que una vez termina la jornada escolar en la mañana, realiza las tareas y en las tardes-noches corre a la academia para practicar su rutina. “Debes sentir un gusto por este ritmo. Cuando nos gusta algo lo hacemos por pasión y cuando hay ganas de aprender no da miedo equivocarse. Aprendemos todos los días”, agrega con sabiduría a su corta edad.

[FOTO 2]: Cuando a la vida se le pone salsa
Con tan sólo once y doce años estos niños bailan como profesionales. Foto: Julián Mateo Sánchez Estepa. Foto

Cuando le preguntan por su pareja de baile, Andrés, es contundente. “Él coge rápido las coreografías. Nos entendemos por señas, por mímica. Nadie se da cuenta de su condición auditiva”, comenta la chica mientras se alista a continuar su baile del día.

Aunque es Cali, la capital del Valle del Cauca, la que se lleva la fama de salsera por su tradición y múltiples escuelas en la enseñanza de esta profesión; Bucaramanga ya toma vuelo en esta área. Bucaramanga cuenta con cuatro academias de formación como Latin Dance Studio, Fusión Latina Martín-Gabo y la Compañía Artística Clave Latina, sin contar que la capital santandereana ofrece discotecas especializadas en este ritmo como Calison, Aguanilé Salsa Club y el Bar Cepitá. 

Diego Valbuena reconoce que su reto por convertirse en un bailarín profesional comenzó justo cuando nació su hijo Andrés. Para entonces estaba en Bogotá, comenzaba su formación en Licenciatura en Educación Física y se enroló en el aprendizaje de la salsa, dictando talleres y participando del trabajo con distintas academias de la capital. Al cabo de unos años regresó a su ciudad natal, “la Bonita” y junto a varios amigos y aficionados comenzaron de ceros con una academia propia, a la que bautizaron Clave Latina, en el barrio Real de Minas. Crecieron y llovieron los reconocimientos, por lo que tuvieron que buscar un lugar más cómodo en Provenza, donde ahora funciona la sede.

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El grupo profesional infantil de Clave Latina es actual subcampeón mundial del World Latin Dance Cup, competencia que se realiza cada año en Miami-Estados Unidos. Foto: Julián Mateo Sánchez Estepa. Foto

Ya con la experiencia del concurso Bailando por un sueño, seis años después, en 2012, Diego Valbuena se presentó a un concurso similar, Colombia tiene talento. “Pasamos varias rondas pero sufrimos una caída realizando las acrobacias. Por eso no llegamos a las semifinales. Después del programa mucha gente quiso vincularse a nuestra academia y aprender”, cuenta el director.

El trabajo de tantos años ya ha tenido frutos. Durante el World Latin Dance Cup, la competencia mundial más popular de salsa realizada en diciembre de 2015, Clave Latina logró el cuarto lugar. Los aplausos no pararon mientras el jurado reconocía que la academia tenía una propuesta novedosa de baile. Los niños que forman son en la actualidad subcampeones mundiales en esta competencia, son especialistas en la categoría Salsa Cabaret Niños.

Así como su hijo Andrés tiene como pareja de baile a María José; la suya se llama Yury Urrego, una chica de ojos claros y cabello dorado, que impacta con su traje brillante de negro y naranja. Diego recuerda que rápidamente reconoció su talento y comenzaron a participar en varias competencias, entre ellas el concurso de televisión. La salsa terminó enamorándolos y ahora son pareja. “Recuerdo con mucha alegría cuando participamos en Colombia tiene talento… El escenario, las luces, la producción… todo artista quiere que lo reconozcan”, agrega “la mona”, como le dicen a Yury de cariño.

En la escuela, niños, jóvenes y adultos se esfuerzan por ser los mejores en las categorías de este baile profesional. Quienes apenas comienzan y lo hacen más por afición están en la categoría Amateur, que corresponde a la de los principiantes. Están también las categorías semi-profesional y profesional, a su vez con diversas categorías que incorporan acrobacias o que exigen que el baile sea profesor-alumno. Cali propuso otras categorías más como Ensamble, en la que un grupo profesional Cabaret realiza un show con música inédita interpretada por una orquesta; y Grupos Élite, en la que compiten ganadores de certámenes anteriores para generar duelos entre los mejores de los mejores.

 La Clave Latina está en la salsa y la salsa corre por el alma y el corazón de los bailarines que buscan contagiar a los espectadores o a quienes ya sabemos que esta es también nuestra pasión. Recuerdo el 14 de diciembre de 2015. Estaba en la casa y me conecté por Internet al World Latin Dance Cup, en la que participaba Diego. No pude despegarme ni un momento. Mis amigos estaban allí. La salsa bumanguesa tiene representantes.

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Yury Urrego y Diego Valbuena son los directores de Clave Latina, una academia de salsa que tiene su sede en el barrio Provenza, en Bucaramanga. Foto: Julián Mateo Sánchez Estepa. Foto
 

Fe de erratas: En la publicación original de este texto, realizada el 26 de agosto de 2016 y correspondiente a la edición 48 de la versión impresa, de forma equivocada la revista Plataforma otorgó los créditos de las fotografías al periodista y no a su autor, Julián Mateo Sánchez Estepa. Este medio ofrece disculpas y realiza la respectiva corrección, reconociendo la autoría de Julián Mateo Sánchez Estepa de toda la producción gráfica de esta crónica.

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