Yo contamino, tú contaminas… ellos contaminan

Publicado en Edición 48 | Miércoles 27, de Julio de 2016 | Actualizado el Miércoles, 06 de Diciembre de 2017

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Así lucían los caños y quebradas de la ciudad y el área metropolitana al finalizar 2015 y durante los primeros meses de 2016. Las temperaturas se elevaron de manera tal que el recurso hídrico fue escaseando. Las autoridades contemplaron racionamientos. Foto: Roberto Cárdenas. Foto
 

Qué estamos o no en temporada de verano o de lluvias. Ahora ni siquiera hay certeza de hasta cuándo se prolonga el tiempo seco y el de inundaciones, pues los fenómenos atmosféricos se atizan por los altos niveles de contaminación.

 Las autoridades ambientales advirtieron a comienzos de año que de los 87 municipios de Santander 22 estuvieron en crisis a principios de año por la sequía. De estos, 19 estuvieron en alerta roja. El caudal del río Magdalena, el principal afluente del país, disminuyó de forma ostensible. Quien haya visitado el puerto petrolero de Barrancabermeja fácilmente pudo haber notado cómo rápidamente se fueron formando islas de arena por la reducción del nivel del agua. Para entonces, las autoridades señalaron que el caudal pasó de cuatro metros a uno.  

Lo mismo sucedió con la Ciénaga San Silvestre, en el mismo municipio; con el río de Oro, en Girón, la Represa Piedras Negras y 12 quebradas más en Lebrija; el río Chicamocha, en Los Santos; el río Suárez, en San Benito, así como los afluentes que surten los municipios de Guapotá y San Isidro. Los pobladores expresaron preocupación porque durante meses, tras la sequía, no lograron la productividad que esperaban de sus cultivos. Y los vecinos que lograron construir un reservorio de agua con dificultad compartían el preciado líquido.

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El Río de Oro es uno de los más contaminados de la ciudad y el área metropolitana. Habitantes de Girón, Zapatoca, Nuevo Girón y Llano Grande son los más afectados por la contaminación. Allí las autoridades de salud han reportado brotes de varicela, afecciones en la piel y enfermedades respiratorias. Foto: Karen Sánchez. Foto
 

Los afectados y la autoridad ambiental le atribuyeron la sequía al fenómeno de El Niño. Sin embargo, el experto Jairo Puente Brugés, ingeniero ambiental de la Universidad del Atlántico, aseguró que es producto de una combinación de factores. Aunque en múltiples boletines de prensa la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (Cdmb) indicó que el fenómeno no tardaría y sugería a los ciudadanos un mejor manejo del recurso hídrico, Puente Brugés reiteró: “el problema no es solamente El Niño”.

El experto indicó que El Niño es un proceso atmosférico que se deriva del aire caliente del Pacífico que pasa por los países latinoamericanos dejando su rastro con olas de calor, un hecho que viene ocurriendo desde 1993. Sin embargo, este se ha ido agravando por la deforestación, la sedimentación de los ríos, el cambio climático, la ausencia de lluvias, la aparición de lluvias ácidas, la contaminación ambiental y las islas de calor.

Sin árboles y sin agua

El ingeniero ambiental Julio Roberto Camargo Gómez, coordinador del Recurso Hídrico de la Cdmb, explicó que la tala indiscriminada de árboles y la deforestación de los cultivos genera que las fuentes hídricas sufran desabastecimiento. Lugares como Girón, Barrancabermeja, Lebrija y las zonas aledañas a quebradas o ríos en Bucaramanga son las que de forma recurrente evidencian este problema.

Carlos Ramírez, agricultor perteneciente a la comunidad de Llano Grande en Girón, contó que su única forma de cultivar y abastecerse de agua es el río de Oro, uno de los 10 afluentes más contaminados de Colombia según la publicación del estudio de Saneamiento para vertimientos, elaborado por el Ministerio de Vivienda. Ramírez comentó que por ahora no cuentan con otra opción para acceder a agua, pues si quieren realizar cisternas artesanales deben pagar cinco millones de pesos a la alcaldía del municipio.

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La Guajira, en medio del desierto, es una de las zonas más áridas del país. Como ha sido documento por los medios durante el último año, la región carece de agua potable. Eso explica por qué muchos habitantes tienen que transportar el preciado líquido en cantinas. Foto suministrada: Julián Andrés Rojas. Foto
 

Entre finales de 2015 y hasta febrero de 2016 esta comunidad perdió por la sequía sus cultivos de tabaco, maíz, limón, piña. Para entonces, cuando una canasta de limones de 25 libras la vendían en 45 mil pesos terminaron ofreciéndola apenas a 3 mil. Una tragedia económica para las familias que producen alimentos en la zona rural y abastecen las ciudades con el mercado campesino.

Varios estudios realizados por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) advirtieron que entre los años 2010 y 2012 el índice de deforestación en el país fue de 166 mil hectáreas, lo que equivale en promedio a 4 mil 500 árboles talados. Y los efectos son devastadores. Jairo Puente indicó que los árboles son fundamentales en la captación de las aguas lluvias y ante su ausencia lo que sucede es que el agua cae de forma directa aumentando la sedimentación de los ríos, generando pérdida de profundidad y del caudal.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y Diversificación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el ciclo hidrológico es el proceso que describe el transporte del agua en la atmósfera, y las lluvias y el consumo del agua juegan un papel fundamental en este proceso. Cristian Uscátegui, jefe de Pronóstico y Alerta del Ideam, afirmó que hubo un déficit de precipitación de las lluvias, de manera que estas se redujeron entre un 40 y 70 por ciento entre junio y diciembre de 2015, agravando el índice de sequía de El Niño. El impacto fue tal que, según el Ideam, este fue uno de los tiempos más secos en Colombia desde 1997.

En una investigación realizada en 2009, Jairo Puente advirtió que zonas industrializadas de Bucaramanga, cerca de construcciones o espacios con poca vegetación, la temperatura variaba entre los 25 y 27 grados siendo 22 el índice promedio. El estudio indicó además la posibilidad de que en una misma ciudad existan zonas en las que concentra la temperatura, aumentando las moléculas contaminantes, conocidas como “islas de calor”. El experto del Ideam, Cristian Uscátegui, confirmó que desde diciembre de 2015 hasta a principios de año, la temperatura se elevó entre seis y siete grados por encima del promedio.

Según el Banco Mundial Ambiental, las emisiones de carbono son uno de los factores más influyentes en la contaminación global, generados por la quema de combustibles fósiles, como el petróleo, el carbón, el gas natural, y la fabricación de cemento.

En Colombia en el año 2013 por medio de la sentencia T-154 la Corte Constitucional analizó un caso de contaminación ambiental por parte de una multinacional que explota carbón en el país, ordenándoles a esta empresa y a otras dedicadas a la minería que debían elaborar un plan de gestión ambiental, con énfasis en estándares internacionales, para disminuir el impacto de la extracción en los ecosistemas.

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La ciudadanía en general no es consciente del uso racional del agua. Cuando escasea o cuando el gobierno anuncia medidas drásticas, es que muchos reconocen la importancia de hacer un uso eficiente. Foto: Roberto Cárdenas. Foto
 

Además de las “islas de calor” atizadas por la industria y el funcionamiento de la minería, las autoridades ambientales consideran que la severidad del clima está asociada a una falta de pedagogía en el uso del agua. El Estudio Nacional de Agua, realizado en 2014 por el Ministerio del Ambiente y el Ideam, advirtió que hay un gran consumo de agua no sólo en la industria sino en el uso doméstico. “La falta de educación ambiental y reflexión hacen que las personas aún no sean conscientes en favorecer el medio ambiente”, dijo Puente Brugés.

En Santander, las lluvias retornaron a finales de abril, y la ciudadanía y los medios de comunicación cambiaron sus titulares anunciando el Fenómeno de la Niña. Mientras la información institucional concentra sus mensajes en que los ciudadanos deben hacer un mejor uso de los recursos; los expertos insisten que el problema no se limita a un asunto del consumo sino de múltiples factores que hacen que el clima sea más severo: las islas de calor, la deforestación y la contaminación. “El problema está relacionado con la negligencia, pero también con la falsa idea de progreso”, concluye Puente Brugés.

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