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Abraham Gamboa: El de los mil y un amigos

Publicado en Edición 48 | Miércoles 27, de Julio de 2016 | Actualizado el Jueves, 16 de Noviembre de 2017

[FOTO 1]: Abraham Gamboa: El de los mil y un amigos
Abraham explica que la situación económica actual es dura, pero él continúa con su trabajo. Cada día, desde 1982, llega a las cuatro de la mañana para atender a los deportistas y bumangueses que llegan al estadio Alfonso López. Foto: Daniela Gómez. Foto

34 años de trabajo, constancia, fútbol y amistad han pasado desde que Abraham Gamboa ubicó su negocio frente a la entrada sur del estadio Alfonso López, en Bucaramanga. Hoy, pese a las dificultades y cambios que han llegado con los años, sigue ahí. 

“Qué más ‘don Abra’”. “¿Cómo le ha ido viejo?” Estas son las frases de cariño que los comensales le tienen a Abraham Gamboa, un bumangués de 58 años, de tez morena, ojos grandes de iris negro y manos fuertes. Un personaje del estadio Alfonso López de Bucaramanga. De las más de 20 casetas de comida que funcionaban allí hace tres décadas; hoy sólo sobrevive la suya y la de su esposa Nohemí Martínez.

Como reza su nombre de origen hebreo, Abraham, “padre de una multitud”, es el ‘padre’ de la venta de frutas, salpicón, empanadas, papas rellenas, tinto y café ‘perico’ en el estadio Alfonso López de Bucaramanga, amigo de decenas de deportistas que todos los días van a la villa deportiva a entrenar. Es testigo de varias proezas que él mismo ha visto crecer. No hay bumangués que frecuente el estadio y no conozca a este hombre. “Sí, llevo acá 34 años. Cuando llegué esto estaba lleno de casetas. Esto era una fiesta. Ahora la situación es más difícil”, señala.

Tres décadas atrás cargaba en una zorra de palo la mercancía que necesitaba transportar desde la plaza hasta este lugar, muy cerca de la gran ciudad universitaria de la Universidad Industrial de Santander (UIS). El talante para el trabajo, dice, lo trae en sus venas. Desde los 14 años, su papá, de cuyo nombre hace mofa pues fue bautizado como Fructoso, lo mandaba a repartir leche a los alrededores de la Universidad.

La caseta, que es el lugar de trabajo de Abraham, está pintada de amarillo y verde. No es en vano. Es hincha fiel del Atlético Bucaramanga, el equipo de fútbol local. Sobre la vitrina exhibe vasos con fruta, jugos y unas llamativas empanadas y papas rellenas para los comensales que llegan buscando algo de energía y se dejan tentar por sus delicias. “Conozco al viejo desde que empecé a entrenar en el estadio, somos muy buenos amigos”, apunta Rommel Grajales, un pesista que se sienta a escuchar la conversación.

[FOTO 2]: Abraham Gamboa: El de los mil y un amigos
La prioridad de Abraham es su familia. Es usual ver a sus nietos jugando alrededor del estadio y visitándolo en su caseta durante las vacaciones. Foto: Daniela Gómez. Foto
 

-“¿Cómo describe a Abraham?”-
-“Muy jovial, muy buen amigo, muy generoso, cuando le queda algo, lo regala. No deja perder nada”, responde Rommel.
-“Discutimos a veces, pero al otro rato nos reímos”­, agrega Abraham.

Entre risas, Abraham reconoce que no fue muy buen alumno. “Fui como malito para las matemáticas”, apunta recordando sus épocas de estudiante en el Instituto Técnico Superior Dámaso Zapata. Su familia es numerosa, es el noveno de 16 hermanos, cinco mujeres y 12 hombres, de los cuales uno falleció a muy corta edad, además de ser el consentido de su madre María de Jesús.

Recuerda con agrado las travesuras con sus hermanos y las recetas de su mamá. “A mí me gusta mucho la cocina y sé mucho”, dice, explicando que esto es un legado de su madre, quien siempre le insistió que aprendiera sobre este arte. Entre las recetas que más le gustan están el sancocho, las costillitas y las chorotas, unas bolitas de maíz, rellenas de ajo, cebolla y carne.

La vida de Abraham no ha sido sencilla, ha tenido que atravesar momentos duros, como la muerte de su madre hace cinco años y un accidente en moto que sufrió cuando tenía 22, poco tiempo antes de empezar a trabajar en la caseta. “Me salí de la carretera, iba para Matanza. [Después del accidente] me iban a quitar la pierna izquierda”, dice. Tras seis meses de recuperación en el hospital y 14 meses con su pierna enyesada, logró superar la situación. Asegura ser un hombre tan sano, que en 34 años laborales sólo se ha ausentado una vez del trabajo, cuando tuvo que ser intervenido por una operación de hernia umbilical mal practicada.

Fue esa vez que reconoció que sus comensales sentían un gran afecto por él. Jugadores de fútbol, entrenadores y deportistas en general le expresaron su apoyo en la convalecencia con llamadas y visitas al “viejo”, como le dicen de cariño.

Nohemí Martínez y Abraham Gamboa tuvieron dos hijos, Jonathan y Luz Karime, de 22 y 30 años. Su hijo estudia en las Unidades Tecnológicas de Santander y su hija es contadora pública. Con orgullo afirma que ellos son profesionales gracias a su trabajo en la caseta. La familia Gamboa Martínez sigue creciendo, con una enorme sonrisa se refiere a sus nietecitos, Johan, de nueve años; Sebastián, de cuatro y Mariana, de dos meses.

Al hablar de sus nietos, recordó con emoción la celebración de su cumpleaños número 58. Su familia preparó una fiesta sorpresa, en la que cantó su nieto Johan, logrando emocionar a Abraham hasta las lágrimas. Sin duda alguna, la unión es una característica notoria de su familia, al igual que sus creencias religiosas. “Católico toda la vida”, afirma, esto inculcado por sus padres.

[FOTO 3]: Abraham Gamboa: El de los mil y un amigos
Solo hay cuatro fechas del año en las que Abraham se ausenta: el 24, 25 y 31 de diciembre y el 31 de enero. Para él son días familiares. Foto: Daniela Gómez. Foto
 

Es así como durante 34 años Abraham llega cada día a las cuatro de la mañana a su caseta, manteniendo intacta su amistad con los deportistas. “Don Abraham es un personaje, una gran persona”, afirma Yadinys Amarís Rocha, judoca número 130 en la clasificación a los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Así como Yadinys, quienes frecuentan el estadio Alfonso López reconocen el carisma de Gamboa. “Es un hombre que no tiene distinciones para atender a niños, abuelitos, a todos los atiende con cariño”, expresa Juan de la Cruz Estévez Avellaneda, presidente del Club Deportivo Bumangués, quien estaba presente durante la charla.

Este ‘diomedista’, amante de la salsa y seguidor indiscutible del Atlético Bucaramanga se caracteriza por su generosidad y ética laboral. Trata a todo el que llega a su caseta con igual amabilidad, es el amigo de todos y en espera de más, pues a diario recibe con la misma disposición del primer momento a quienes se acercan a su negocio como él lo llama, con orgullo y gratitud. “Aquí empecé, aquí llegué, yo creo que hasta que me muera”, afirma. 

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