De río a caño. Un paraíso olvidado

Publicado en Revista | Jueves 05, de Mayo de 2016 | Actualizado el Miércoles, 06 de Diciembre de 2017

[FOTO 1]: De río a caño. Un paraíso olvidado
El Río de Oro separa el malecón del casco antiguo con los barrios del sur de Girón. Foto: Carolina Cabrera. Foto
 

La contaminación del Río de Oro en Girón, Santander, acabó con la práctica cultural de los paseos de olla que solían realizarse a sus orillas cerca del malecón del pueblo. 

Sentando en una silla en el Parque Peralta, del municipio de Girón, Luis Francisco Mantilla rememora con nostalgia aquella época en que barequeaba a orillas del Río de Oro. Eran los años 80 cuando las aguas eran cristalinas y los pobladores extraían pepitas de oro que, como él, luego comercializaban. Se las vendía a María Antonia, una comerciante de joyas. De eso sólo queda el recuerdo, pues “ahora sólo se puede sacar basura del río”.

La riqueza del río era abundante en especies. Hace 30 años en una atarraya fácilmente se podían capturar mojarras, bocachicos y choques; hoy pululan las ratas y cucarachas. El Río de Oro nace en el sector del Picacho y desemboca en el río Suratá, llevando sus aguas hasta el caudaloso río Magdalena.

Según un informe de la Alcaldía de Girón y el Concejo Municipal para el Plan de Desarrollo 2012-2015, el municipio cuenta con abundancia de recursos hídricos provenientes del Río de Oro, Ruitoque, La Angula Alta y la cuenca media del río Sogamoso. Sin embargo, a pesar de la aparente abundancia del recurso hídrico en el Municipio, éste se encuentra severamente afectado por la deforestación de las cabeceras y los cauces de las microcuencas, así como por la contaminación con aguas servidas residenciales, industriales, aguas residuales de la actividad agropecuaria y falta de conciencia ciudadana en relación con el manejo de residuos sólidos.

Dicho informe también indica que estas aguas residuales domésticas e industriales provienen de los municipios de Girón, Bucaramanga y Floridablanca. El último municipio vierte estas aguas en el Río Frío, el cual se une al Río de Oro en el casco urbano de Girón.

Corroborando la magnitud del problema, la Empresa Pública de Alcantarillado de Santander (Empas) indica en el Plan de Saneamiento y Manejo de Vertimientos (PSMV) 2008-2017, que el Río de Oro es el sector de mayor número de vertimientos existentes con 14 puntos: 12 provenientes de la planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) La Marino en Girón y dos del norte de Bucaramanga. Adicionalmente algunas partes del afluente reciben los drenajes de Río Frío y la quebrada La Iglesia, por lo cual, le da una connotación importante en su intervención.

[FOTO 2]: De río a caño. Un paraíso olvidado
Las aguas de Río de Oro están ennegrecidas por la contaminación y el puente del parque Gallineral de Girón, donde bañistas se lanzaban por diversión. Foto: Carolina Cabrera. Foto
 

El Empas señala que a pesar de la estrategia programada de atención en obras, dirigidas al traslado de las PTAR La Marino y el Norte, no se solucionará este problema debido a que algunos colectores se irán trasladando con entregas provisionales, pero no se haría la reducción puntual del vertimiento, por lo cual se proyecta mantener los 14 puntos de vertimientos.

Fue la contaminación la que sepultó la tradición del típico “paseo de olla”, dice Luis Francisco Mantilla, mientras él y su familia esperan una solución pronta a la contaminación del río, ya que no pueden ir a bañarse, hacer lo sancochos y asados como lo solían hacer cada fin de semana como lo era hace treinta años atrás.

María Silva, quien proviene de una tradición familiar de “paseo de olla”, recuerda que la única que los llevaba del paseo, al Río Frío hace 32 años, era su tía Rosalba. Como María vendía alimentos en la plaza, era muy fácil contar con los insumos para el tradicional sancocho: yuca, arracacha y costilla.  “Lo único era tener lista la olla y coger río arriba, no se necesitaba días para planearlo como ahora”, dice, explicando que todo se cocinaba en leña.

Por las facilidades económicas que encontró de vivienda y servicios a un menor costo, María Silva se mudó de Floridablanca a Girón, un municipio al que ella de forma sarcástica le dice “la olla” por las altas temperaturas que se registran allí.

Después del cambio, María y su familia querían continuar con los paseos. Pese a la contaminación que reportan las instituciones, encontraron por suerte un lugar  conocido como “El Zancudo” en la vereda Llano Grande de Girón, a unos 25 minutos de distancia del centro colonial. Allí el agua es la excepción al crudo panorama, ya que en ese punto aún no tiene contacto con algunas de las vertientes de aguas residuales.

El Empas indica en el ya mencionado Plan de Saneamiento y Manejo de Vertimientos, que existen cuatro corrientes receptoras primarias del sistema de alcantarillado que son: El Río Frío, la Quebrada La Iglesia, el Río de Oro y el río Suratá.

Otro era el panorama del río en 1983 cuando, según el relato de María Silva, estaba rodeado de abundantes árboles y se prestaba para el juego de los niños. Era un sitio además predilecto para realizar ‘paseos de olla’, que recuerda comenzaban desde las ocho de la mañana. Las familias tenían listos los alimentos desde el día anterior para comenzar con la cocinada de los alimentos a orillas del río.

[FOTO 3]: De río a caño. Un paraíso olvidado
La Quebrada de Las Nieves que atraviesa el casco antiguo de Girón está llena de escombros y basuras de residentes del municipio. Foto: Carolina Cabrera. Foto
 

Al ser el “Zancudo” un lugar tan alejado, ubicado en la parte alta del río, María tuvo que contratar un camión mediano donde cupieran su familia, los “cutes” y uno que otro vecino que se unía al paseo. El pago del transporte lo acordaban sencillo: “un plato de sancocho y unas cuantas cervezas”.

La Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (Cdmb) determinó en el Plan de Ordenamiento del recurso hídrico de Río de Oro y sus afluentes principales del Río Frío y Río Lato, realizado en el 2013, que el recurso hídrico es contaminado a lo largo de su curso. Según el documento, en la parte alta del afluente la calidad es buena, luego le caen variados vertimientos y pasa a inadecuada; más adelante “se autoregenera y pasa a ser dudosa, finalmente se vuelve inadecuada y a medida que sigue su cauce, recupera su calidad hasta encontrarse con el río Magdalena”.

Al llegar al “El Zancudo” las mujeres toman la tarea de cocinar mientras  los hombres buscan leña y montan el fogón. Lo niños ya conocen los límites seguros del río y como familia se cuidan entre todos. Al mediodía, ya cansados de chapotear y guiados por el olor de la comida, los niños se acercan al fogón a tomar el exquisito sancocho. Más tarde las mujeres preparan melcochas, las cuales se hacen a base de panela y se riegan en las piedras llamadas lajas para endulzar la tarde, mientras los adultos disfrutan del sabor de un café cocinado a leña.

A las cuatro de la tarde se finaliza el “paseo de olla”, lo primero que se sube al camión son los niños y luego la olla. El río empieza a  oscurecer, quedando solo con el ruido de la naturaleza. María Silvia, ya cansada pero con una sonrisa en su rostro, dice “hoy la gente no disfruta de un río, prefieren ir a una piscina donde se pierde el contacto con la naturaleza”.

Viviendo en el río 
Jaime Cala Galán se desempeña como arenero en el Río de Oro desde hace más de 45 años, mientras trabaja le gusta narrar cómo desde sus 10 años ejerce este oficio de seis de la mañana a cinco de la tarde. A diferencia de Luis Mantilla, Jaime Cala dice que aún se pueden pescar peces como choques y coroncoros.

A sus 55 años de edad, Cala culpa al agua del río de la debilidad de sus huesos, pero justifica seguir en esta labor con la frase “como el pobre es pobre, tiene que guerrear lo que venga”. A pesar de trabajar desde 1970 en esta actividad, dice que por necesidad sigue ejerciendo esta labor, la cual abastece de arena a las construcciones de viviendas en Girón.

Julio Roberto Camargo, coordinador de recursos hídricos de la Cdmb, plantea que un río contaminado afecta la calidad de vida de las personas al generar olores y vectores como la presencia de zancudos o ratas que llevan enfermedades a los hogares, al igual que afecta los recursos del aire y suelo.

Jaime Cala recuerda que hace 30 años los turistas llegaban para disfrutar del río. Había paseos de olla y además, era tal la riqueza del lugar, que todavía podía hacerse minería artesanal, extrayendo las valiosas pepitas con ayuda de una batea. Aunque la contaminación es alta y los paseos sobre la ribera son un asunto del pasado, Cala advierte que todavía puede encontrarse el valioso mineral llegando al Río Negro, pero a su juicio a los alcaldes que han pasado por la administración municipal no les han interesado “aprovechar bien los recursos”.

“Poco se preocupan por descontaminar el agua. Se le ha dado la espalda a los ríos”, dice Julio Roberto Camargo, coordinador de Recursos Hídricos de la Cdmb, explicando que la descontaminación de los ríos está en mora por falta de voluntad de algunos funcionarios y de los municipios, que deben tratar las aguas en barrios y asentamiento.

[FOTO 4]: De río a caño. Un paraíso olvidado
A pesar de la contaminación del Río de Oro, areneros lavan su ropa y siguen con su labor de recolección de arena. Foto: Carolina Cabrera. Foto
 

Alejandro Reyes anhela volver a aquella época cuando pasaba el tiempo descansando debajo de un árbol en el río de Oro. Es un comerciante que vive en Girón hace 35 años, su puesto de trabajo está ubicado en la Batea a las orillas del río, por tal razón, con una expresión de disgusto denuncia  las delicadas condiciones en las que tiene que trabajar.

Reyes, en muchas ocasiones, ha tratado de impedir que los habitantes de calle arrojen basura, laven su ropa y se aseen en el río, reiterando que es “un defensor del río, a pesar de recibir insultos y amenazas por parte de los “vagos”.

El Plan de Desarrollo 2012-2015, Construyo mi ciudad, indica que el municipio de Girón planea conducir las aguas a una futura planta de tratamiento localizada aguas abajo del sector de Chimitá utilizando dos colectores principales: uno, sobre la margen derecha del Río de Oro y otro, que atraviesa la zona urbanizada en la margen izquierda del río, para un total de 7 mil 703 tres metros de longitud de colectores, proyecto que no se ha estudiado aún y que puede ser la solución a muchos problemas de amenaza y riesgo.

Alejandro Reyes hace parte los 180 mil 305 residentes de Girón, que reclaman una pronta intervención sobre la fuente hídrica, pues “es imposible sentarse a descansar porque la plaga de zancudos y el mal olor que emana del afluente  impide disfrutar de la tranquilidad del Río de Oro”. Habitantes como Luis Francisco Mantilla, María Silva y Jaime Cala coinciden con Reyes en la importancia de que la administración municipal y organismos de control tomen medidas correctivas. Esto porque de momento los paseos de olla, la minería artesanal, la pesca y la recreación siguen siendo una añoranza.

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