Ascensoristas, ¿tradición o necesidad?

Publicado en Edición 47 | Lunes 18, de Abril de 2016 | Actualizado el Miércoles, 20 de Abril de 2016

Ascensoristas

[FOTO 1]: Ascensoristas, ¿tradición o necesidad?
Milcíades Herrera ejerciendo su labor de ascensorista en el edificio Centro Colseguros de Bucaramanga. Foto: Laura Estupiñán. Foto
 

Este es un antiguo oficio que no ha dejado de existir. Alguna vez fue una popular y necesaria profesión, que terminó siendo casi borrada por el ‘botón automático’. Son pocos y particulares quienes aún eligen el sube y baja para ´ganarse la vida´.

 - ¿A usted le gusta este oficio?

- Pues sí, a pesar de que a veces las personas no han tenido un buen día y se desquitan con uno, se aprende a manejar la situación. Ya se vive con eso-.

Así responde Milcíades Herrera, un hombre soltero de 30 años que desde hace 18 meses trabaja como ascensorista en el edificio Colseguros, en el centro de Bucaramanga, por la calle 36. El ascensor en el que pasa la mayor parte de su tiempo no se puede pedir, no hay botones para llamarlo en ningún piso, solo funciona por dentro. Por ello, es necesario que haya quién lo opere, para evitar inconvenientes.

El aparato tiene un aspecto poco acogedor, viejo, de un tono grisáceo y algunos de sus acabados están oxidados. Es muy angosto, mide 2.20 metros de altura, pero de ancho sólo tiene 1 metro. Este ascensor tiene algo en particular, su ventilación es la propia ‘colombianada’: un Patton versión mini está incrustado en el techo generando más ruido que utilidad.

El ascensorista debe parar en cada piso y llevar el cálculo de ellos, ya que no hay visualización de estos dentro del ascensor. Por esto, su labor es indispensable, pero agotadora. Estar todo el día metido allí, es sofocante.

- ¿Usted no se cansa de estar todo el tiempo dentro de un ascensor?-, preguntamos.

- Claro, a veces por la rutina uno se cansa de cierta manera; no físicamente, sino mentalmente-.

Para Milcíades, estar dentro del ascensor se ha vuelto parte de su rutina, alrededor de mil personas entran y salen de este a diario, pero no todos saludan. Recuerda que muy pocas personalidades se han subido al elevador que él opera. Uno de ellos fue el senador Juan Manuel Galán, hijo del inmolado Luis Carlos Galán, candidato presidencial para las elecciones de 1982.

“Acá vino el hijo de Galán, uno que es senador, él llegó porque trataron de montar sede política en el edificio. Estaba acompañado de policías y escoltas. Cuando se montó al ascensor, no saludó porque estaba con la comitiva y todo eso, pero apenas se bajó me dijo: - Buenas noches”, recuerda el ascensorista.

Este nativo de Lebrija prefiere no montarse en un ascensor cuando no está en horario laboral: “A veces los uso, a veces no, a uno no le quedan ganas de montarse”. Sin embargo, cuando lo hace, inconscientemente toma el mando. Esto no quiere decir que no le guste lo que hace, está adaptado a su trabajo y le agrada porque la mayoría de personas que se montan, son muy amables.

El horario en el que se desenvuelve este "ascensorista estrella" es de lunes a viernes de 8:30 de la mañana a 12:30 del mediodía y de 2:30 a 7 de la tarde; los sábados de 8:30 de la mañana a 1 de la tarde. Vive en Floridablanca en una casa en El Reposo, un barrio cerca al Cacique, yendo hacia el sur.

En casos en que el ascensor deje de funcionar, existe un timbre que alerta a los celadores. Estos en seguida corren a auxiliar a quienes estén adentro. El día del temblor del 10 de marzo que alertó a toda la comunidad santandereana, Milcíades estaba en su lugar de trabajo, pero no corrió mayor riesgo:

-Iba para el piso 12 con dos pasajeros más, alcanzamos a llegar al piso, tan pronto se abrió la puerta, empezó a temblar-, relata.

- ¿Se sintió mucho?

- Claro, aunque como quedó en el piso 12, las puertas quedaron abiertas y ahí nos bajamos. Pero sí se sacudió bastante. El vigilante salió corriendo hasta la 36 (risas).

El lugar en el que trabaja Milcíades es particular. Entre tantos edificios del centro de Bucaramanga, este es de los más llamativos de color beige, antiguo, y con numerosas ventanas. Tiene 14 pisos distribuidos entre oficinas públicas, de abogados y locales de todo tipo. Al ingresar, su antigüedad se hace cada vez más notoria, sus paredes están agrietadas y la pintura un poco acabada, pero el elevador bate el récord en reliquias. En el tercer y cuarto piso se encuentra el Instituto de Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana del municipio de Bucaramanga (Invisbu), del quinto piso para arriba, hay siete oficinas en cada uno, lo cual da un total de 98. Por fuera, hay locales de vestidos de novia, peluquerías, cacharrerías, cafetería, de todo un poco.

[FOTO 2]: Ascensoristas, ¿tradición o necesidad?
Ascensor del edificio Colseguros, el cual desde sus inicios ha contado con ascensorista, puesto que no se puede pedir. Foto: Laura Estupiñán. Foto
 

A un señor que se dirigía al octavo piso no puede con la curiosidad y se detiene un rato para contar que recién construido el edificio funcionaba una emisora que se llamaba Radio Bucaramanga. “Imagínese yo tengo 58 años, cuando pasaba por aquí era 1970 y el edificio ya estaba construido”.

Al ascensor le hacen mantenimiento cada mes. El día que se lo hacen, Milcíades dura más de una hora sin algo que hacer, así que se dedica a colaborarle a los de seguridad con su labor. Así mismo, cuando él debe ir al baño o contestar una llamada, cualquier cosa que requiera salir del ascensor, ellos le ayudan con el mando del transporte. Mantienen una buena relación y un gran ambiente de trabajo.

De la necesidad a la tradición

Subiendo unas cuadras y cruzando a la izquierda, exactamente en la carrera 16, queda Rafael J. Turbay e Hijos S.A. Este es un edificio color verde que aparentemente se ve acabado y viejo, pero por dentro es otra cosa. Desde sus inicios en la década del 60 contó con ascensorista y desde entonces mantiene la tradición. Sus pisos son relucientes y cuenta con dos ascensores perfectamente cuidados.

En el piso 10 está Gustavo Turbay, tercera generación del creador de la sociedad, Rafael Turbay.  En su oficina hay un mueble grande en el que conserva una gran biblioteca. En ésta, guarda una colección de autores colombianos en la que se destaca el libro de Mario Mendoza, Satanás.

-¿Le gusta leer?

- Me encanta. “La lectura es ver con otros ojos las cosas, entonces cada uno ve distinto”.

- O sea que… ¿usted se ha vuelto muy culto por la lectura?

- Por todo. Cuando tenía veinte años di la vuelta al mundo. Eso fue la gloria.

- ¿A qué países fue?

- Venezuela, Brasil, Argentina, Chile, Ecuador, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda. Fueron ocho meses fascinantes.

Esta vuelta la dio siendo cadete de la Escuela Naval. Actualmente es Oficial graduado de la Armada del año 72. En ese mismo mueble están exhibidas la espada de la Armada y la daga. También estudió administración de empresas y fue pionero de la carrera de Bellas Artes en la Universidad Industrial de Santander, UIS, pero no la terminó, sólo hizo seis semestres.

Hoy, con 68 años, administra el Rafael J. Turbay e Hijos S.A. Con una tenue sonrisa dibujada en su rostro, relata un poco de la historia de la edificación:

-Fue el primer edificio de diez pisos construido en Bucaramanga. El más alto en esa época. Inicialmente era un almacén, también construido por mi abuelo, importaba varias cosas de Europa, por ejemplo, vidrios. Él tenía una granja donde ahora queda el barrio Mutis y la alcaldía se la expropió, entonces con lo que le pagaron, construyó este edificio. Desde un principio fueron locales comerciales y oficinas.

Se fundó hace cincuenta años, en 1965. Es una sociedad de familia. Hoy, son cinco hermanos, Gustavo es hijo de Eugenia Turbay. La mayoría de oficinas son de contadores y abogados. En total son cincuenta, distribuidas en los 10 pisos; en el primero hay locales comerciales.

[FOTO 3]: Ascensoristas, ¿tradición o necesidad?
Con la construcción del edificio Turbay, fueron instalados estos ascensores, considerados de los primeros en Bucaramanga. Foto Laura Estupiñán. Foto
 

-Desde un principio se necesitó una persona responsable que manejara el ascensor. Los nuestros están buenos porque tienen ascensoristas, sino estarían vueltos nada. Igualmente, se les hace mantenimiento permanente, eso es lo más costoso-, añade.

Javier Abaunza está en el ascensor a la espera que alguien solicite movilizarse hacia algún piso del edificio. Mientras oprime los botones, recuerda que el susto más memorable de los años que lleva ejerciendo este oficio, fue el día que se quedó en medio de la nada.

- ¿Alguna anécdota que lo haya marcado?

- Sí, una vez hubo un daño en el cuarto de máquinas, la cabina se fue sola hacia abajo y quedé en un muro que está en el vacío, en medio de las dos cabinas. Esa es una de las que uno dice: estoy vivo de milagro. El peligro era que el otro ascensor bajara y me golpeara. No tenía de dónde tenerme. Aunque no me asusté-, relata.

Este ascensorista de 53 años, proveniente de Chima, un pueblo situado al sur de Santander, cuenta que las veces que se ha quedado dentro de la máquina, no ha sentido pánico. Se considera un hombre que no le teme a las alturas; por ende, en los momentos que se presentan incidentes dentro del ascensor, él mantiene la calma y controla la situación.

-¿Le ha pasado algún accidente teniendo personas aquí dentro?

-Sí, una vez el ascensor se paró y me tocó pasar a las personas por medio del muro que está en el vacío. A muchos les dio miedo, pero en ese caso debo trasmitirles calma y decirles “Imagínense que están en el primer piso”.

El edificio tiene tres turnos para los ascensoristas: 6 de la mañana a 2 de la tarde de corrido, de 2 de la tarde a 9 de la noche, y el horario de oficina tradicional. Ya sea pulsando botones, informando sobre la ubicación de las oficinas o abriendo y cerrando las puertas, los ascensoristas perviven en algunos bloques siempre con un ‘¿a qué piso?’, a despensas del eterno vaivén de sus pasajeros y del colosal progreso.

[FOTO 4]: Ascensoristas, ¿tradición o necesidad?
Luis Carlos Méndez González es ascensorista desde hace 24 años del edificio Turbay en el centro de Bucaramanga. Foto: Laura Estupiñán. Foto
 

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