El tren que nunca dijo adiós

Publicado en Edición 47 | Lunes 18, de Abril de 2016 | Actualizado el Miércoles, 20 de Abril de 2016

Tren

[FOTO 1]: El tren que nunca dijo adiós
Así lucía la locomotora emblemática de los Ferrocarriles de Colombia. Ésta transportaba pasajeros por la región del Magdalena Medio. Foto suministrada cortesía Vanguardia Liberal- Javier Gutiérrez. Foto
 

Los ferrocarriles de Colombia eran los únicos capaces de transportar 400 pasajeros y más de 100 toneladas en carga, para un viaje que podía durar 24 horas. Muchas personas recuerdan aún el ruido de las campanas que avisaban que la aventura iba a comenzar.

 En la mente de muchos santandereanos no existe la posibilidad de volver a vivir la experiencia de transportarse sobre rieles, pero sí es posible reconstruirla por medio de recuerdos de quienes trabajaron por casi dos décadas sobre una máquina que significaba para entonces una locomotora de progreso para el país.

Las tardes en las que cientos de habitantes se reunían con rostros de alegría, los niños gritaban y corrían a su alrededor, cuando sentían que la locomotora se acercaba a la estación; los pasajeros se bajaban a vender todas sus mercancías como si fuera  una plaza, lo que se mostraba como un centro de atracción.

Así como los pasajeros hallaron su afecto por el ferrocarril, algunos maquinistas encontraron su amor en el tren. Esa es la historia de Abelino Ayala, un pensionado de la Asociación de Ferrocarriles Nacionales, quien en uno de sus viajes conoció al amor de su vida.

En una noche de lluvia Ayala se dirigía a la estación de Antioquia. Llevaba pocos pasajeros. Miró hacia atrás y vio a una joven que estaba sola, de cabello largo y color negro, delgada y de estatura baja. Mientras ella tomaba una copa de aguardiente en la cantina del tren, Abel pensó en la posibilidad de acercársele una vez terminara su turno. Fue así como se le acercó y terminaron tomándose hasta dos litros del licor durante el recorrido. “Le pedí su número y como son las mujeres, me dio uno falso. No volví a saber de ella”, cuenta entre risas.

Lo que no se imaginó Abel es que dos meses después, cuando el tren tomaba rumbo hacia Barrancabermeja, se encontraría a la misma chica de la cantina: Martha Durán. Y de ese amor, nacieron dos hijos.

El libro Café ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos, publicado en el año 2012, explica que aunque el ferrocarril beneficiaba a muchas personas fue la ‘maquinaria política’ de finales de la década de 1990 que hizo que este medio de transporte masivo dejara de funcionar. Sin embargo, el libro aclara que otro factor que influyó en esta decisión fue la crisis económica, reduciendo los fondos que el gobierno tenía destinados para su funcionamiento, sumado a la reducción de los salarios de los ‘pilotos’ ferroviarios y el despido masivo de sus funcionarios.

Argemiro Chávez, a quien sus amigos lo conocen como El negro, es otro conductor pensionado.

¿Será que algún día tendremos de nuevo el tren? Es la pregunta que hacen quienes vivieron al ritmo de una locomotora.

Recuerda que fácilmente un trayecto en tren era como estar de vacaciones. Adentro, cualquier pasajero podía encontrar comida, bebidas y baños, camas y hasta había fiestas. El solo tiquete costaba mil pesos de la época, para un trayecto que sumaba casi un día. Por ejemplo, el recorrido Barrancabermeja-BucaramangaSanta Marta que duraba 18 horas.

-Mire, acá en mi celular tengo unas fotos-, dice El negro y comienza un relato nutrido por los recuerdos. Uno de ellos, por ejemplo, es que las personas estaban siempre atentas a la llegada del tren. Este era apetecido por mujeres que trabajan en el servicio doméstico, quienes veían en la gran locomotora una distracción para invertir su día libre. Las familias paseaban con sus hijos en trayectos cortos que no duraban más de una hora pero “la sensación de solo subirse al tren ya generaba alegría”, dice.

La historia del tren tiene sus inicios a finales del siglo XVIII y principios del siguiente con la máquina de vapor que fue perfeccionada, entre tantos, por el inglés James Watt. Este invento significó no sólo un avance en el desarrollo económico de Europa y uno de los símbolos de la Revolución Industrial, sino que permitió reemplazar el uso de los carruajes.

Según varios documentos publicados en la web, el inglés Richard Trevithick inventó en 1804 la primera locomotora sobre rieles, lo que generó una buena comercialización de esta maquinaria hasta 20 años después cuando apareció el primer servicio de ferrocarril en Inglaterra.

[FOTO 2]: El tren que nunca dijo adiós
Esta es la imagen panorámica de la estructura que componía el servicio de ferrocarril, en lo que ahora se conoce como el Café Madrid. Foto suministrada cortesía Vanguardia Liberal- Mario Hernández. Foto
 

Para los periodistas de la revista virtual La otra opinión, en 1845 después de establecida la primera línea comercial en Inglaterra, Colombia expidió las primeras autorizaciones para desarrollar un ferrocarril que uniera los océanos Atlántico y Pacífico, este sería el ferrocarril de Panamá, “la primera vía férrea colombiana”.

Diez años después, las líneas ferroviales en el interior del país, fueron financiados por la nación, las empresas privadas, departamentos y asociaciones mixtas, comenzando en Barranquilla, Cúcuta, Medellín, El Pacífico, Santa Marta, La Dorada, La Sabana de Bogotá-Girardot.

Gustavo Santís reconoce que no todas las historias recorridas sobre rieles fueron felices; también hubo amargas. El 31 de mayo de 1991 iba tranquilo al mando de la locomotora que tan solo dos horas atrás había dejado la estación de Santa Marta con rumbo al puerto petrolero de Barrancabermeja, cuando de forma repentina dos hombres se subieron al tren.

-¿Quién es Gustavo Santís?-, preguntaron los hombres, a quienes Gustavo recuerda ocultaban su identidad con sombreros además de portar jeans sucios y unas botas pantaneras que generaban temor. 

-¡Bájese que mi comandante lo está esperando!- le gritaron los sujetos.

- “Que sea lo que Dios quiera”-  recuerda Santís que se dijo para sí mismo. Y no era para menos, los sujetos hacían parte del Frente 30 de las Farc, y si esta guerrilla atentaba contra su vida quedarían desprotegidos su esposa y sus hijos. Eran plenos años 90, cuando las Farc seguían expandiéndose por todo el territorio nacional, cometiendo extorsiones y secuestros.

[FOTO 3]: El tren que nunca dijo adiós
La estación del Café Madrid se caracterizaba por tener a disposición varias bodegas para el almacenamiento de alimentos y mercancías. Foto suministrada cortesía Vanguardia Liberal- Jesús Villamizar. Foto
 

El tren llevaba no solo personas ese día, también a su cargo transportaba dos coches de 40 toneladas de comida que eran insumos para el Ejército Nacional de Colombia.

Cuando llegaron al lugar donde se encontraba el comandante, lo primero que Gustavo notó es que este portaba una boina muy linda; que muchas veces le dieron ganas de pedírsela, pero él se contestaba mentalmente: “si se la pido, este tipo me ‘pela’ aquí”. Gustavo recuerda que el jefe guerrillero no hacía sino llamarlo por su nombre, cosa que lo preocupaba porque esto podría ser malinterpretado por los pasajeros a bordo, quizá tildándolo de infiltrado.

Tuvieron que pasar cuatro horas hasta que la guerrilla les dio vía libre para poder salir de ese lugar. Cuando Santís comenzó a revisar el tren, se dio cuenta que se habían llevado todos los insumos que tenía que llevar al Ejército, pero lo más importante fue que no habían dejado víctimas humanas. “Todo los días le doy gracias a Dios por no dejar que me pasara nada ese día y poder volver con mi familia”, expresa Gustavo. 

En 1954 fueron creados los Ferrocarriles Nacionales de Colombia (FNC) por el gobierno del presidente Gustavo Rojas Pinilla con el fin de unificar el sistema de transporte ferroviario que hasta la fecha, estaba compuesto de varias empresas locales administradas por las regiones con el fin de operar y mantener su infraestructura y equipos para prestar un servicio eficiente.

Los FNC estaban integrados por cuatro divisiones administrativas centrales: Magdalena, Antioquia Santander y El Pacífico, a su vez, formadas por la unión de ferrocarriles departamentales y ferrocarriles privados recientemente nacionalizados. Para el año de 1991 ferrocarriles nacionales contaba con un total de 2 mil 690 kilómetros de vías férreas. Santís recuerda las travesuras en los vagones llenos de mercancía que transportaban a diario. La estación de Barrancabermeja era la más hermosa porque estaba conformada por ocho carriles, haciéndola una de las más grandes. Al mando de una locomotora transcurría la vida de Gustavo, eran momentos de gran felicidad para él cada vez que comenzaba una nueva aventura. Ahora sigue al comando, pero no precisamente de una máquina sino de un conjunto residencial llamado Santa Isabel. Es en ese lugar donde recuerda cada anécdota de su vida.

Para Argemiro Chávez ha sido muy complicado volver a estar al lado de su familia, debido a que no era frecuente verla a diario por los largos viajes que hacía en el tren. “Fueron momentos de sensaciones muy extrañas al tener que acostumbrase a convivir con la familia”. A los maquinistas les es imposible olvidar más de cuarenta años de historia, que marcaron sus vidas. Chávez y Santís se sienten muy orgullosos de hacer parte de la historia de los Ferrocarriles de Colombia.

[FOTO 4]: El tren que nunca dijo adiós
El 4 de junio de 2012 un incendió borró casi por completo la poca infraestructura que quedaba del ferrocarril. Aunque en 1996 el Ministerio de Cultura profirió el Decreto 746 protegiendo todas las antiguas estructuras ferroviarias, en Santander no fue visible un esfuerzo por preserva este monumento nacional. Foto suministrada cortesía Vanguardia Liberal- Marco Valencia. Foto
 

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