muerte

Hola, soy Iván y soy tanatólogo

Publicado en Edición 47 | Lunes 18, de Abril de 2016 | Actualizado el Martes, 26 de Abril de 2016

Maquilladores

[FOTO 1]: Hola, soy Iván y soy tanatólogo
Iván Rincón y Alex Castellanos son de los pocos expertos que existen en la ciudad en la práctica de la tanatología. Foto suministrada por Carlos Jerez. Foto
 

En la ciudad hay pocas personas expertas en preparar y maquillar los cuerpos sin vida para su respectivo funeral. Plataforma logró hablar con dos de ellos sobre este particular oficio.

 ¿Tana qué?  Así es, tanatólogo o para que todos entiendan, maquillador de personas fallecidas. En la ciudad no hay más de seis y encontrarlas no es fácil. La búsqueda comienza tocando las puertas de varias funerarias de Bucaramanga, quienes son las que contratan los servicios de estos profesionales expertos en hacer incisiones exactas en los cuerpos de las personas fallecidas para prepararlas para el respectivo velorio. También son quienes aplican el maquillaje para que sus seres queridos se lleven el mejor recuerdo antes de darles el último adiós.

-“Acá está el número de Iván Rincón, él es tanatólogo. Todo depende de que él les quiera hablar”- , dice el director de una funeraria de la ciudad.

A las cuatro de la tarde de un día normal en el Cementerio Jardines de La Colina en Bucaramanga, nos disponemos a cumplir la cita que por teléfono coordinamos con Iván. La espera es de hora y media, pero es justificada. Recibe una llamada: debe preparar el cuerpo de un bebé. Como es habitual, los tanatólogos siempre están a la espera de lo impredecible, así, como es la muerte.

A las 5:30 de la tarde por una puerta aparece Iván. Un hombre muy silencioso, quizá porque gran parte del tiempo trabaja bajo esa condición. Lo acompaña Alex Castellanos, quien por el contrario es hablador y lo ayuda en esta conversación en la que tres periodistas tratan de comprender uno de los oficios más curiosos que existen.

[FOTO 2]: Hola, soy Iván y soy tanatólogo
Los tanatólogos usan un traje especial que lleva el nombre de “antifluidos” para poder preparar los cuerpos de personas fallecidas. Es un traje azul manga larga, con guantes, botas media caña, máscara y un gorro. Foto: suministrada por Iván Rincón Foto
 

Iván comienza a explicar cómo es la preparación del cuerpo desde que llega del Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses, más conocido como Medicina Legal: “…ahí es donde intervengo para dejarlo como si estuviera en un profundo y eterno sueño”. Inicia el proceso de preparación del organismo con una incisión a la altura del cuello, concretamente en el lado de la arteria yugular en donde inyecta un químico derivado del formol pero mucho más suave, que no deja al cuerpo ni tieso ni rígido, acto seguido, drena toda la sangre que es la que se encarga, una vez sin vida, del proceso de descomposición de los órganos y la estructura corporal en general.

La tanatoestética y la tanatopraxia son técnicas que se derivan de la tanatología que es, según el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, el estudio de la vida que incluye a la muerte, y tiene como objetivo proporcionar ayuda profesional y brindarle a los familiares de los fallecidos una última imagen de este, lo más natural posible. La tanatoestética se centra en técnicas de maquillaje para difuntos; mientras que la tanatopraxia muestra las diferentes formas de embalsamamiento y conservación de cuerpos.

Después, son necesarios ciertos cuidados estéticos como el afeitado o la aplicación de lacas de uñas, aunque esto depende de las decisiones de sus seres queridos que suelen responder a los gustos del fallecido. También se depilan las cejas y se hidrata el cuerpo con cremas especiales a base de formol. Tras esto, se procede a maquillar el difunto con diversos productos, algunos importados y otros traídos de Medellín.

Iván explica que nunca va a olvidar la primera vez que ejerció su oficio. Acicaló a una señora de 80 años que falleció en su casa, en el barrio Morrorico, pero la diligencia no fue nada fácil porque tuvo que bajar el cuerpo de la mujer, que era de contextura gruesa, por varias escaleras. Morrorico es precisamente un barrio de Bucaramanga que se caracteriza por sus calles empinadas. “Me habían dicho que yo solo me iba a encargar de recoger los cuerpos, pero cuando llegué al laboratorio no solo tuve que maquillarla, sino también realizarle la autopsia, para entonces no tenía ni idea de cómo se hacía”, dice, explicando que por su experiencia, ya no lleva la cuenta de cuántos muertos ha preparado.

Entre risas y orgullo Iván y Alex cuentan sus anécdotas  y las valientes labores de su vida cotidiana, teniendo siempre presente la delicadeza, el respeto y la carga emocional que conlleva  un duelo.

-Hay que tener mucha paciencia y agilidad en este oficio, los familiares quieren que su ser querido esté en la sala de velación lo más pronto posible, se impacientan cuando ha pasado una hora-, explica Iván Rincón, aclarando que como mínimo la preparación de un cuerpo tarda hora y media.

-Y eso cuando es muerte natural y no ha pasado por Medicina Legal”-, agrega Castellanos a la explicación.

Los tanatólogos coinciden en que en varias ocasiones se tienen que enfrentar a retos en la preparación de cuerpos cuando estos pasan por Medicina Legal, es decir, cuando la muerte ha sido violenta. “…hay que ser muy cuidadosos dependiendo del tipo de muerte”, afirma Rincón.

Ambos relatan con algo de decepción que aunque llevan seis años en este oficio carecen de un título profesional, pues aunque comenzaron a realizar el curso técnico de Tanatopraxia en el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), no pudieron finalizar porque su profesión es inesperada, y les exige estar disponibles en todo momento.

Ellos lamentan que en Santander aún no haya una universidad que ofrezca el título profesional; la oferta se limita sólo a la acreditación técnica y tecnológica. Cosa distinta sucede en Medellín, donde averiguaron que ofertan el programa de investigación criminal, ligado a la tanatopraxia y las ciencias forenses. “Aquí es muy complicado porque no le dan tanta importancia a la tanatología ni a las ciencias forenses, pero es un tema que requiere mucho estudio y atención”, asegura Rincón.

[FOTO 3]: Hola, soy Iván y soy tanatólogo
En el laboratorio de tanatología se encuentra el mesón de acero y los diferentes materiales como las mangueras, la inyectora, el maquillaje y un tubo rojo con los cuales trabajan para el tratamiento del cuerpo. Foto: suministrada por Alex Castellanos Foto
 

Son las siete de la noche. La luna ilumina el cementerio. Como suele ser, el ambiente es silencioso, el viento sopla y no deja quietas las veletas que están sobre las tumbas. Iván y Alex terminan su trabajo y se despiden, afirmando que “a la muerte, como al mar, hay que respetarla”. Ellos son tanatólogos, los últimos en darle un retoque al adiós.

[FOTO 4]: Hola, soy Iván y soy tanatólogo
Bases, rímel, sombras, labiales y esmaltes son usados por los tanatólogos a la hora de maquillar los rostros de las personas fallecidas. Foto suministrada por Iván Rincón Foto
 

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