Mi mejor amiga: la máquina de escribir

Publicado en Edición 47 | Lunes 18, de Abril de 2016 | Actualizado el Miércoles, 20 de Abril de 2016

Tinterillos

[FOTO 1]: Mi mejor amiga: la máquina de escribir
La máquina de escribir hoy extinta en las oficinas públicas, redacciones de tabloides y notarías de turno, sigue siendo la compañera fiel en el trabajo de los ‘tinterillos’. Foto: Shara Layton. Foto

Ser ‘tinterillo’ es un oficio que llena de orgullo a aquellas personas que trabajan en las calles del centro de Bucaramanga, buscando salir adelante con una máquina de escribir, sus dotes de buenos escritores y amplios conocimientos jurídicos. América Peñuela, Jesús Velasco, Anthony Chavarro, Asdrúbal Velasco y Uriel Castro son algunos de los 14 que con su larga trayectoria en el oficio cuentan cómo llegaron  a ser los ‘abogados de las calles’.

 -Buenas tardes Doña América, ¿se acuerda de mí?-, preguntó Wilmar sin bajarse de su taxi.

-No-, respondió ella con cara pensativa mientras cambiaba el papel de su máquina.

-Yo vine la semana pasada, acuérdese, yo le mandé a hacer una declaración de renta. Es que tengo una duda, en la EPS me dijeron que tengo una deuda hace tres meses…, insiste el taxista.

-Mire, debe realizar una declaración extra juicio y presentarla en la notaría,- orienta América.

-Muchas gracias doña América, cualquier duda estaré pasando por acá de nuevo-, concluyó Wilmar conduciendo desde la esquina de la Dian, por toda la carrera 14.

Esta es una conversación cotidiana entre un cliente y un digitador, también conocido como ‘tinterillo’, quien se dedica a realizar diferentes documentos (derechos de petición, declaraciones de renta, contratos de arriendo, balances y solicitudes) con la herramienta que les da para vivir, la máquina de escribir, y que a pesar de las nuevas tecnologías, 37 años después, aún quedan muchas personas que persisten en esta labor.

A las 9 de la mañana de un día cualquiera, América llega a su espacio de trabajo, un pedazo de andén de la carrera 14 frente a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian). Allí tiende una mesa de reducido tamaño y ubica una silla al igual que sus otros 13 compañeros, saca su máquina marca ‘Brother’, y a su lado derecho pone una resma de hojas blancas quedando a la espera del primer cliente del día.

América, al igual que sus compañeros, espera que este sea un día productivo, pues su trabajo es de paciencia, “el trabajo día a día va siendo más escaso. Uno depende más que todo de los clientes viejos porque ya cada vez a uno lo van utilizando poco. Usted una carta no la necesita todos los días”-, comenta Jesús, un tinterillo de 61 años conocido por ser de los pioneros en este oficio, hace 37 años.

Son las 10 de la mañana y América no recibe ningún cliente, desconcertada pero acostumbrada, se llena de paciencia, pues recuerda con satisfacción  que su arduo trabajo les dio un título  profesional a sus dos hijos de 27 y 30 años.

Muchos de los que pasan por la carrera 14 y observan a los tinterillos dicen que es un trabajo muy fácil y no se paga arriendo; pero el día a día de estas personas se torna difícil: exponerse al robo o ‘cosquilleo’, solventar los costos que trae su oficio, entre esos, los 60 mil pesos que les cobran al mes en el parqueadero de motos de al frente por la guardar en las noches su puesto de trabajo.

América no es la única que vive de este oficio. De hecho llegó allí porque otro ‘tinterillo’ le presentó a quien en algún momento fue su esposo. Él es Antony Chavarro, el más antiguo del oficio, quien desde hace 37 años es parte de la segunda generación del gremio. Es un moreno de contextura gruesa, barba abundante y aspecto descomplicado, que llama la atención entre el grupo de ‘tinterillos’ y sin dejar de lado su sentido del humor se ríe de que sus compañeros lo apodaron “El mocho”. Esto porque perdió su brazo izquierdo, tras una descarga que recibió de 114 voltios cuando trabajaba en una compañía perforadora de petróleo. El incidente ocurrió hace 16 años, los mismos que lleva laborando como redactor valiéndose de una sola mano.

Justo a las 3 de la tarde, mientras Antony está a la espera de un cliente nuevo, pide un tinto a un vendedor que pasa por el lugar y le pregunta a su compañero Uriel Castro, o como él lo llama “Lagartija”, si desea uno.

-Esa que está allá de rojo, es mi hija-, dijo Antony señalando a otra ‘tinterilla’, una mujer grande y joven de piel morena. -¿Cuánto tiempo es que lleva usted aquí?-, le preguntó Antony a su hija.

[FOTO 2]: Mi mejor amiga: la máquina de escribir
Sobre la carrera 14, en pleno centro de la capital santandereana, se encuentran en fila los ‘tinterillos’ en sus puestos de trabajo: una mesa, una silla y una máquina de escribir. Foto: Lifeth Cotes. Foto
 

-Papá, ¿usted por qué habla de mí?-, gritó Marleidy Chavarro con voz fuerte y en tono molesto.

A pesar de tener tanta experiencia y una buena cantidad de clientes antiguos “fijos”, los nuevos clientes en su mayoría desprecian a Antony, al ver que empieza a escribir con su única mano.

Antes de terminarse el tinto, Uriel se aburre de ser espectador en la conversación y toma protagonismo. Aunque tiene sólo 25 años de experiencia en el oficio, “El erudito” como prefiere ser llamado en vez de “Lagartija”, tiene más atracción para los clientes. Los que más lo buscan son estudiantes de derecho porque, además de ser abogado, dice ser “el que más sabe”.

[FOTO 3]: Mi mejor amiga: la máquina de escribir
Los ‘tinterillos’ son expertos en digitar decenas de hojas de forma ágil, tras asesorar jurídicamente a sus clientes. Foto: Shara Layton. Foto
 

Sus tres hijos también son profesionales, dos de ellos ingenieros mecatrónicos y uno abogado. No le molesta ser llamado ‘tinterillo’, pues afirma que el término hace referencia al “consejero del rey” y gracias a su trabajo pudo pagar el estudio de sus tres hijos, al igual que el resto de sus compañeros.

El tinto se termina siendo las 4:30 de la tarde, “El mocho” Antony saca un maletín gris en donde guarda su máquina, deja la mesa y la silla dentro del parqueadero y se sienta a esperar al joven que le recoge. 

Al otro costado de la calle, justo al frente de América están Jesús y Asdrúbal Velasco. Asdrúbal, también conocido como “El gordo”, es un ‘tinterillo’ que cuenta con una colección de 14 máquinas de escribir, pues además de coleccionarlas, las rota para poder soportar las horas de trabajo diarias y su respectivo mantenimiento.

Mientras Asdrúbal habla, observa que al otro lado de la acera, en el puesto de América, está una niña pequeña que mira de manera asombrada este artefacto que les da para vivir, y que de manera particular mientras América escribe, hace sonar su tintinar metálico. “El gordo” recuerda uno de sus días de trabajo inolvidables:

-Una máquina como las de nosotros cuesta más o menos unos cinco mil pesos, son tan baratas porque no se consiguen repuestos, y además casi nadie las usa-, asegura Asdrúbal mirando fijamente su máquina.

Velasco relata que un día, y por cosas que sólo el destino puede explicar, llegó a su mesa un señor con su esposa y su hijo y le dijo:

-Le compro la máquina.

-No, cómo se le ocurre…-, dijo Asdrúbal con tono incrédulo.

-Le doy 80 mil pesos-, insistió el señor.

-¿Por qué no simplemente compra una nueva? Le sale más barato-, dijo Asdrúbal un poco desconfiado.

-Mi hijo quiere esa máquina y yo se la quiero comprar. Además son muy difíciles de conseguir. Reciba los 80 mil-, insistió el hombre con tono convincente.

Asdrúbal no lo podía creer, así que no dudó en aceptar semejante oferta. Expresa que estaba dichoso de haber cerrado tremendo negocio y resalta que con la evolución de la tecnología, aumenta la curiosidad de los niños por conocer otras herramientas para escribir diferentes al computador, a las tabletas o teléfonos ‘inteligentes’.

A pesar de ser un oficio que se ejerce en plena calle, este gremio no se quedó atrás y formó su propio sindicato. Diferentes administraciones municipales y departamentales les han ofrecido reubicarlos, pero ellos insisten en quedarse. Más que un oficio, ser ‘tinterillo’ se ha convertido en una forma de vida y un negocio de tradición, una labor que ha sacado familias enteras adelante y del que sus representantes se sienten muy orgullosos.

[FOTO 4]: Mi mejor amiga: la máquina de escribir
Aunque varios de los ‘tinterillos’ se han buscado la forma de adelantar estudios en derecho, la mayoría aplican sus conocimientos en Leyes de forma empírica. Foto: Shara Layton. Foto
 

“Yo llevo 34 años aquí. Mis hijos me dicen que me quieren montar un negocio pero no, yo me quiero quedar aquí. Y gracias a Dios siempre he vivido bien”, concluye Jesús, líder de los ‘tinterillos’.

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