Los Zambrano Rodríguez: tres generaciones de narices rojas

Publicado en Edición 47 | Lunes 18, de Abril de 2016 | Actualizado el Miércoles, 20 de Abril de 2016

Tongorines

[FOTO 1]: Los Zambrano Rodríguez: tres generaciones de narices rojas
Tongorito sostiene en sus manos un baluarte inolvidable de su carrera: el momento en que compartió set de grabación junto a Pacheco y los mejores payasos de la época. De izquierda a derecha: Mery Rodríguez, Pedro Zambrano, Tuerquita el payaso junto a su esposa, y Alberto ‘Pernito’ Noya con su mujer. Foto
 

Ocho décadas divirtiendo al público colombiano, y una familia que creció bajo la luz de un reflector de circo, es el legado que ha dejado Pedro Zambrano al arte clown en Colombia, por medio de su grupo de payasos Los Tongorines.

A finales de la década de los 60, el payaso Tongorito en lo más alto de su carrera artística disfrutaba junto a sus colegas Tuerquita, Pernito y sus esposas, en el estudio de grabación de uno de los programas más representativos en la historia de la televisión colombiana: Animalandia, conducido por El Gran Pacheco.

Los ojos de Colombia están puestos en Pedro Zambrano (Tongorito), quien con su show acaba de sorprender una vez más al público. Este fue un momento inolvidable que marcó su carrera, así lo recuerda a sus 85 años con prominente nostalgia desde la sala de su casa en el barrio Santa Cruz en Girón, Santander.

Hallar la casa de Los Tongorines no es una tarea difícil, -en una calle estrecha del barrio- sostiene en la cabecera de la puerta un pequeño letrero que anuncia la llegada a un hogar habitado por tres generaciones que llevan el clown en la sangre. Decorada por cuadros, carteles y fotografías que compilan toda una vida de ‘payasadas’. Tongorito le abrió la puerta a Plataforma, y en compañía de su familia relató cómo fue su vida en los circos, esta es su historia…

Nació en Bucaramanga en 1930. Desde niño demostró gran interés y gusto por los circos que llegaban a la ciudad, alcanzó tal afición que hacia la década de los 50 su mamá, cansada de perseguirlo y sacarlo de los circos, decidió enviarlo a una correccional con la intención de evitar que su vida siguiera transcurriendo bajo una carpa.

“Mi mamá me sacaba de los circos a palo o a piedra, y yo le decía que a mí me gustaba eso, que no me molestara. Ella me echaba a la policía, me mandaba a la correccional y todo eso para qué”, relata sentado desde su mecedora al lado de su esposa Mery, y dos de sus hijos Mauricio (Pulguita) y Milton (Tongorín), quienes son parte del legado de Los Tongorines.

Fue así como en 1954 debutó en el Circo Negrín Hermanos, tras muchos intentos por ser incluido en el acto, apropiándose por primera vez de la identidad que lo acompaña hasta hoy. Maquillado y listo para salir a escena, Pedro se encontraba aún sin un nombre artístico que lo identificara, hasta que detrás de bambalinas uno de sus compañeros decide bautizarlo haciendo alusión al sombrero de su vestimenta: Tongorito. A partir de ese día y por el resto de su carrera, conservó la misma forma de maquillarse en todas sus presentaciones.

Amor con olor a serrín

 Detrás de la mecedora, sentada en una pequeña banca, una mujer morena, de corta estatura y con una enorme sonrisa; alza la mano tímidamente para opinar sobre las anécdotas que narra su familia, contando desde su punto de vista lo que es la vida en el circo. Su nombre es Mery Rodríguez, compañera de vida y esposa de Tongorito; cuando era estudiante de Comercio en la ciudad de Bogotá, lejos estaba de imaginarse que terminaría siendo una artista de circo.

Bajo las restricciones que tenía su conservadora familia, Mery logró ir al circo en compañía de su tía y sus dos primos. Durante uno de los shows más representativos de Tongorito en la época, quedó iluminada bajo el reflector al lado de cientos de personas y fue allí cuando comenzó un amor lleno de tropiezos, que terminaría siendo la semilla de una familia ambulante acostumbrada a convertir una carpa de circo en su hogar. Se convirtió en bailarina, animadora, presentadora, e incluso maestra de estudio de una generación del circo de los Hermanos Gasca.

“La diferencia entre el circo antiguo y el de ahora era el olor a aserrín, eso atraía a la gente, ellos pasaban y decían ‘uy huele a circo’”- Tongorín

Fruto de esta inusual unión, nacieron cuatro hijos que se enorgullecen de la vida que sus padres les dieron. Los días para la familia Zambrano no transcurrían de forma normal, Tongorito cambió la educación tradicional de los colegios por la formación artística que recibían a diario sus hijos en el circo. A diferencia de la mayoría de niños, que recuerdan el barrio donde crecieron, Los Tongorines mencionan con alegría el paso de los años recorriendo los rincones del territorio colombiano.

A pesar de que el talento de Tongorito les llevó a debutar en múltiples tapetes, hubo un circo en especial que marcó la historia y crecimiento de la familia Zambrano. El Nueva Ola Circus fue el lugar donde aprendieron de los mejores maestros el arte de hacer clown como en los viejos tiempos. Gracias a estos conocimientos adquiridos, y fruto de innumerables errores en el proceso, se creó el colectivo artístico de payasos Los Tongorines conformado por: Milton (Tongorín), Mauricio (Pulguita), Peter (Pitín), y Jonson (Regalito).

[FOTO 2]: Los Zambrano Rodríguez: tres generaciones de narices rojas
Gracias al profesionalismo de su trabajo, Los Tongorines han sido motivo de múltiples visitas de periodistas a su hogar. Documentales, crónicas y noticias se han publicado a lo largo de los años para dar a conocer su trabajo. Foto
 

Muchos de ellos ya no hacen parte de este grupo en la actualidad; Peter por un lado, se ha convertido en un artista de talla mundial, engrandeciendo la herencia que su padre le dejó desde el principio. Su capacidad de hacer reír al público lo ha llevado a países como Chile, Brasil y Uruguay e incluso en una ocasión a viajar de la mano de Tongorito hasta Mánchester, Inglaterra. Jonson ‘Regalito’ Zambrano, después de un accidente automovilístico abandonó a Los Tongorines para siempre, pero su recuerdo sigue vivo como puede apreciarse en las fotografías que hoy adornan la casa.

La profesión más seria del mundo

 La grandeza de estos artistas no se debe solamente al ejemplo de grandes maestros del clown, al contacto con circos de reconocido prestigio, ni a la pasión por la  comedia heredada de su padre; sino también a la disciplina y esfuerzo empleados día a día para convertirse en los mejores payasos.

Mientras Mauricio se pone de pie para ir a buscar algunos álbumes familiares, Milton atiende a algunos pequeños que se asoman para saludar a su abuelo y les pide cómicamente que hagan silencio. Es así como entre risas y bromas en familia, Los Tongorines desmintieron el mito de que la vida en el circo es desordenada e indisciplinada. “Usted quiere ver una profesión seria, vaya vea un payaso. La gente no sabe el valor tan grande que tenemos, hacer reír es difícil, por eso es una profesión importante”, afirma Pulguita, mientras el ambiente en la sala se torna serio.

Los horarios en el circo eran como un chiste mal contado, Tongorito y su familia acostumbraban a tener largas jornadas de trabajo, en las que se podía evidenciar el compromiso de cada uno para dar lo mejor de sí bajo los reflectores. Se creería que después de una extenuante presentación el elenco del circo iba a descansar, pero en realidad ahí comenzaban los arduos ensayos para corregir los errores de la pasada puesta en escena.

Sin duda, con el paso del tiempo el grupo de artistas se convertía en una familia, pero a la hora de hablar de los descuidos en escena no había compasión. Los payasos cuentan cómo eran sancionados con multas por las fallas cometidas durante el show. Esto elevaba el nivel de exigencia y demandaba la mayor seriedad por parte de los artistas en cada función. Por esta razón Tongorito y su familia se ofenden en cierta medida cuando se usan los términos ‘payaso’ y ‘circo’ para hacer referencia a lugares y personas desordenadas.

Un ejemplo de la seriedad de esta disciplina es el actor bumangués Fabián Mendoza, quien por medio de su trabajo ha tenido la oportunidad de hacer parte del elenco de varias producciones de la televisión colombiana, y al mismo tiempo del teatro clown.

[FOTO 3]: Los Zambrano Rodríguez: tres generaciones de narices rojas
Dos generaciones del clown unidas para demostrar con vigor el valor de este oficio, que con la pasión y los años se transforma en un estilo de vida. Foto
 

Los Tongorines están muy agradecidos con Fabián por la admiración y cariño que ha desarrollado con el paso de los años siguiendo el trabajo de Tongorito. Mencionándolo en la mayoría de tarimas y talleres donde se presenta, y dándolo a conocer en el mundo de la actuación como el payaso más antiguo de Colombia ejerciendo este oficio, Fabián Mendoza ha engrandecido el legado de este clown.

La familia Zambrano Rodríguez resalta la labor hecha por este actor en el país, no solamente por el profesionalismo y orgullo con el que ejerce su oficio, sino también por el sentido humano que le imprime a su trabajo y a cada lugar donde lo realiza.

Toribio, el burro que suma, resta y transforma vidas

 Son muchos los factores los que influyen en la grandeza de un artista, sería casi imposible hallar la fórmula secreta que usó Tongorito para llegar al estrellato. Sin embargo, si hay algo cierto es que este particular animal reconocido más por su gracia que por su inteligencia, fue un elemento clave en la construcción de un payaso que sacó miles de carcajadas al público colombiano.

“Yo le decía al animal: -a ver Toribio, salga, concéntrese y adéntrese, búsqueme dentro del circo la persona que no pagó la entrada- él salía daba la vuelta, y a la persona que veía comiendo, a ese iba y le caía”, afirma Tongorito en medio de carcajadas al recodar que gracias a este acto inició su historia de amor con Mery. Además, Toribio bailaba, daba besos, jugaba a ser toreado y estar muerto, encantando a los espectadores con su singular comportamiento.

¿Pero cómo lograba Tongorito amaestrar con tanta sencillez a un animal conocido por su terquedad y falta de inteligencia? La educación del animal iniciaba desde pequeño, al comprarlo lo llevaba a su casa y lo mantenía de su lado todo el tiempo usando una soga, simulando el actuar de un cachorro. Por medio de zanahorias y azúcar en los bolsillos lograba que Toribio le obedeciera, no obstante, lo más importante era compartir la mayor cantidad de tiempo con el animal, por lo cual hacían largas caminatas por la carrera 35 de Bucaramanga.

La carrera de Tongorito fue destacada gracias a la presencia de tres burros: Toribio el más importante y el pionero en todo su trabajo como domador de estos animales; Gitano, muy especial también para la familia quienes lo distinguían por su particular color marrón; y Toribio II, recordado por fallecer en el barrio La Joya en los días cercanos a la muerte del  padre de Tongorito. En ese instante, se genera una atmósfera de melancolía en la casa fruto del recuerdo que revive a los familiares perdidos.

[FOTO 4]: Los Zambrano Rodríguez: tres generaciones de narices rojas
Tongorito no le prometió un hogar convencional, después de 50 años juntos, Mery agradece la vida, el tiempo, la alegría y el amor que esta unión le ha dado. Foto
 

A pesar de la tristeza que generan las remembranzas, la familia siempre mantiene una sonrisa en su rostro al contar los momentos felices y los difíciles, una amabilidad y simpatía que deja huella en todo aquel que se interesa por su historia de vida. Con un fuerte abrazo y una nariz de payaso como recuerdo se despiden de Plataforma, asegurando que a pesar de las dificultades “el show debe continuar”.

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