Almas de fuego

Publicado en Edición 47 | Lunes 18, de Abril de 2016 | Actualizado el Martes, 10 de Abril de 2018

Bomberos

[FOTO 1]: Almas de fuego
El incendio se registró en la quebrada el Loro, la noche del martes 20 de octubre, cerca de las 8 de la noche. Gracias a la intervención oportuna de los bomberos, la deflagración no logró alcanzar las residencias cercanas. Foto: Paola Andrea Niño León. Foto
 

La labor de un bombero no solo es apagar incendios porque más allá de las llamas, hay otras emergencias que son atendidas sin importar qué complejidad representan. Estos hombres de gran valor dedican más que el tiempo, la vida, a su prioridad: el servicio a la comunidad.

Repica la campana. Es la señal de que ha pasado algo grave. El teniente Jorge Peña González, un hombre de tez blanca, de contextura gruesa y voz fuerte, alerta a unos ocho bomberos que hacen parte de su equipo para atender una nueva emergencia. Son especialistas en alistarse. En menos de un minuto ya están todos dentro del vehículo contraincendios. “Es un incendio estructural”, le informa el teniente a su equipo.

Son aproximadamente las 10 de la noche. Los bomberos están a disposición de la comunidad las 24 horas. Esta vez alistan el vehículo color rojo por tratarse de un incendio. El maquinista Jorge Mongüí se encarga de graduar la cantidad de agua que utilizarán para apagar los lengüetazos de fuego que salen por las ventanas de un edificio de una universidad en Bucaramanga. “Rápido, rápido, se propaga el incendio”, ordena el teniente Peña a sus coequiperos Yesid Peña, William González y Mauricio Contreras.

Mauricio es quien baja primero para forzar los candados que en ese momento impiden un fácil ingreso. Yesid baja cargando una enorme manguera blanca conectada al carro cisterna y que no es como una común de jardín, pues a diferencia de las que hay en casa es ajustable la cantidad de agua que pasa por ella y al grado de dispersión, según la necesidad del momento. William es clave en el instante, pues es quien da largas a la manguera.

Es así como el equipo se da a la tarea de trabajar con esfuerzo y dedicación. Una vez frente a la emergencia el teniente Jorge Peña indica cómo proceder para apagar las llamas. “Jaime, Jaime, me regalas agua… muchachos, ojo con el vapor en la cara”, grita preocupado. Mauricio Contreras se une a las instrucciones del teniente: “ahí hay más manguera, tírela compañero, tírela”. Cuando están terminando de apagar las llamas, el teniente Peña concreta: “a su derecha… neblina (humo)… cierre, cierre… ya no más agua, ya no más agua… Peñitaaa”.

Cuando los bomberos creen que las llamas se extinguieron, se dan cuenta que el humo ha abarcado el segundo piso. William corre angustiado en busca de una escalera para ingresar por la parte trasera del edificio, pues necesitan abrir las ventanas de inmediato para poder liberar el humo. Contreras observa que no hay acceso al lugar y enseguida le avisa al teniente: “hay que romper puertas”. Con herramientas especiales, se disponen a romperlas, pero es inútil, entonces recurren a forzarlas con varias patadas porque la preocupación no da espera.

Esta es una escena recurrente para el cuerpo de bomberos, que cada día atiende en promedio como mínimo 15 emergencias. Estas van desde atender incendios, accidentes de tránsito, rescates en espacios confinados, en alturas y aguas profundas, manejo de materiales peligrosos, hasta el rescate de mascotas como gatos, perros y loros, pero todas estas acciones las realizan con el mismo empeño, pues como lo dice Mongüí “todas las emergencias por más pequeñas y simples que parezcan, tienen el mismo valor”.

Según la emergencia que se presente, disponen de diferentes máquinas las cuales están clasificadas por colores. Mauricio Contreras explica que “las rojas atienden incendios, las blancas son ambulancia o rescate, y las verdes o amarillas son carro tanques”.

El Cuerpo Oficial de Bomberos de Bucaramanga se divide en tres compañías, los turnos son de 24 horas, durante las cuales están predispuestos para atender las situaciones que se presenten en la ciudad, Girón o Chimitá.

[FOTO 2]: Almas de fuego
Los bomberos, además de luchar por las necesidades de las personas, también se ocupan por el bienestar de todos los seres vivos. Foto: Suministrada Bomberos de Bucaramanga. Foto
 

En una de las compañías trabaja el bombero más antiguo, José Ángel Acevedo Viviesca, quien lleva 35 años en la institución y se ha desempeñado como maquinista durante 32 años, su motivación es poder servir a la comunidad. Cuando se le pregunta sobre cuál ha sido la situación más difícil que ha vivido, recuerda la muerte de una niña de tres años un Día de las Madres. Fue un accidente. Para avivar las llamas de un asado, una mujer volteó una pimpina de combustible y sin querer la arrojó sobre la pequeña, quien era su hija. “Fue impactante”, recuerda.

José Ángel tiene un vínculo muy fuerte con otras instituciones y sus compañeros, pues él los considera como parte de la familia; quebrantando su voz recuerda a su esposa, fallecida hace seis años, quien era muy allegada a los bomberos y querida por todos, además de ser su apoyo incondicional. Acevedo dice que “hay que llevar esta labor con amor, yo quiero mucho a Bomberos”.

La estación central se divide en dos partes, el área administrativa y el área de operaciones donde están el patio de máquinas, puerto de herramientas, comedor; en el sector de arriba se encuentra la central de comunicaciones, una de las más avanzadas de Latinoamérica, además, cuentan con alojamiento y un gimnasio. El teniente Jorge Peña afirma que “las tres compañías tienen un total de 87 bomberos, dentro de estos hay 18 aspirantes, que se encuentran capacitándose durante 6 meses, para que puedan ingresar a las filas”.

De nuevo repica la campana, son alrededor de las ocho de la noche, el teniente Peña informa que “ha ocurrido un incendio forestal”, casi al compás del sonido de alerta, el maquinista Jaime Mongüí enciende motores, mientras los bomberos Carlos Angarita y Hernando Torres preparan su equipo y suben al vehículo.

El equipo de un bombero pesa 35 a 45 kilos, consta de un pantalón, botas, chaquetón y casco, los trajes están marcados, cada casco tiene un número ‘fluorescente’ en especial que los identifica. Este material resiste los 900 grados de temperatura.

Al llegar al lugar del siniestro, cruzan una cerca y bajan a un precipicio, la deflagración se extiende por la vegetación que rodea la quebrada el Loro; Angarita y Torres corren por las mangueras, después de haber inspeccionado el lugar. Mongüí grita “cuidado hay una caída profunda, hay que bajar con cautela”.

Con la poca luz que irradia la linterna, el maquinista indica por dónde hay que comenzar “empecemos por la parte superior para que al bajar no se queme la manguera”, “listo, listo, suelte agua Mongüí”, dice Angarita. Mientras tanto Torres ayuda a tirar la manguera, a pesar de la complejidad del terreno, logran apagar el fuego.

Cuando la deflagración ha finalizado, toman un respiro. Para olvidar la tensión del desastre tienen un método muy especial y efectivo, que consiste en sobrellevar con humor las situaciones que se han presentado. “Esto es como un antídoto para nosotros porque nos ayuda a canalizar las emociones”, expresa Hernando Torres.

Todos los días a las cuatro de la tarde como lo estipula el horario de trabajo, los bomberos se reúnen para jugar voleibol en la cancha de la estación. Allí, estos hombres de gran valor se divierten y olvidan los momentos de impacto a los que se enfrentan en su labor.

Jaime Mongüí, quien lleva 28 años en la institución y es maquinista e instructor de rescate vertical, recuerda que lo que más le ha causado tristeza es ver que las víctimas sean niños. Esta situación la presenció en el barrio 12 de Octubre, donde un alud de tierra se desprendió, causando una avalancha sobre varias viviendas en 2014. “Ser bombero implica mucho riesgo, uno no sabe si va a volver, pero cuando recuerdo que somos una institución y somos parte de la solución, acudimos de inmediato”, afirma.

La labor de los bomberos está comprometida al servicio de los que necesitan una ayuda, a pesar de los riesgos, acuden con entrega y pasión a cada situación, ser valientes es una característica que los distingue del resto de la sociedad, en una frase corta Mongüí resume el fin de su labor “a veces es mejor ser útil que importante”.

El trabajo de los bomberos de la ciudad de Bucaramanga se basa en el trabajo en equipo, en tener la capacidad de entrega y sacrificio para la comunidad en general, porque su deber es proteger a todos aquellos que se enfrentan alguna vez, cara a cara, con el peligro.

[FOTO 3]: Almas de fuego
La deflagración de algunos edificios de Bucaramanga se ha podido controlar gracias a la rápida acción de los bomberos de la ciudad. Foto: Paola Andrea Niño León. Foto
 

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