discapacidad

Caminos sin límites

Publicado en Edición 46 | Lunes 28, de Marzo de 2016 | Actualizado el Lunes, 28 de Marzo de 2016

Discapacidad

[FOTO 1]: Caminos sin límites
Las personas en situación de discapacidad, como este señor, se enfrentan a una mole de ciudad donde la indiferencia persiste. Foto: Stefany Uribe Cueto. Foto

Aunque la administración pública asegura que existen programas y proyectos que promueven la inclusión para personas en situación de discapacidad, tres historias evidencian que los obstáculos persisten. Y que ha sido en realidad su tenacidad y las de sus familias las que les han permitido salir adelante.

 ¿Alguna vez se imaginó que una persona que no viera lo guiara? Esta es la pregunta que plantea Javier González, un hombre de 34 años a quien la vida le dio un giro inesperado cuando tenía ocho años. A esa edad le diagnosticaron en el ojo derecho glaucoma, una enfermedad que reduce la visión de forma progresiva. Aunque inicialmente confiaba en que una cirugía le permitiría recobrar este sentido, durante la intervención quirúrgica hubo complicaciones. Con el tiempo su otro ojo, el izquierdo, sufrió un desprendimiento de retina. Entonces, la ceguera fue total. 

Pese a su situación, la invidencia ni la falta de oportunidades en el campo fueron un obstáculo para González, quien creció en un pueblito en el vecino departamento de Norte de Santander. Apenas terminó primero de primaria cuando sus padres lo trajeron a Bucaramanga y muy pronto, debido a la difícil situación económica, tuvo que trabajar. Comenzó vendiendo pinchos en Girón, luego repartió volantes durante la jornada electoral y desde hace nueve años es el encargado de la emisora de la plaza de mercado de San Francisco. “Aprendí a recorrer la ciudad por instinto y a salir adelante”, dice el funcionario.

Javier cuenta que el trabajo en la emisora le ha ayudado a desarrollar otras habilidades. Aprendió por ejemplo a realizar instalaciones eléctricas. “Cuando había un corto en la emisora le preguntaba al técnico cómo se hacía”, dice, explicando además que les ayudó a los funcionarios de la Electrificadora de Santander a instalar los contadores de la plaza.

González cree que personas como él en situación de discapacidad pueden salir adelante con el apoyo de la familia, pero también de la aplicación de una política de inclusión. “Lo clave es ayudar a la persona, no infundirle miedo porque los incapacitan mentalmente. Qué a uno le digan que uno es un berraco; eso motiva mucho”, indica.

El error de unos, la lucha de otros

“Con Chucho aprendimos a vivir”. Es la frase de Martha Elizabeth refiriéndose a su hijo Jesús Almeida Pedraza, quien nació con parálisis cerebral y síndrome convulsivo. Esta es una enfermedad que afecta sus capacidades para hablar y mover gran parte de su cuerpo. Aunque tiene 20 años, su mamá dice que es como un niño al que le gusta jugar, ver televisión y estar atento a todo lo que ocurre a su alrededor.

Martha explica que ha sido un reto sacar adelante a su hijo y que en este camino ha contado con el apoyo incondicional de su esposo Édgar Almeida y de su otro hijo, Juan Manuel, quien -aunque como soldado profesional fue asignado a la región del Urabá- siempre está pendiente de su hermano. La familia se sostiene económicamente del cuidado de una finca que administran en la vereda Tabacal, en el municipio de Los Santos (Santander).

[FOTO 2]: Caminos sin límites
Javier González es locutor y responsable de la emisora de la plaza de mercado de San Francisco desde hace nueve años. Foto: Stefany Uribe Cueto. Foto
 

Pedraza asegura que la condición de su hijo pudo evitarse de no ser por “negligencia médica” de los especialistas que atendieron a su niño al nacer. Con apenas diez días de nacido el pequeño convulsionó, no recibía leche materna… Algo estaba mal pero no querían decirle nada. Debían practicarle una cirugía; los médicos lo que hicieron fue suministrarle un medicamento.

Aunque el joven Jesús no puede pronunciar palabras, se comunica con sus padres mediante señas y se moviliza por los patios de la casa en una silla de ruedas. Estudiar no ha sido fácil. Durante su adolescencia, su mamá lo llevó a la escuela más cercana, pero allí sólo ofrecían preescolar, las instalaciones carecían de infraestructura para su movilidad y además los profesores no tenían la experticia para trabajar con personas en condición de discapacidad. Lo más duro, recuerda Martha, fue que Jesús recibió burlas de sus compañeros. Fue entonces cuando cansados de la situación decidieron retirarlo del colegio.

[FOTO 4]: Caminos sin límites
Jesús Almeida desarrolló una parálisis cerebral y síndrome convulsivo, que sus padres atribuyen a malos procedimientos médicos. Foto Andrea Niño. Foto

El tratamiento médico también ha sido una travesía. Prácticamente con el trabajo de la finca han tenido que solventar los costos, pues tocaron todas las puertas posibles sin que ninguna institución les abriera una. “Por parte de la Alcaldía han hecho ‘miles’ de censos y nos preguntan cómo fue, por qué fue, qué tiene, qué necesitan, pero nunca nos han dado ni el valor de un caramelo”, explica Martha. En 2010 participaron en un evento nacional que recauda donaciones para apoyar a personas como Jesús, pero la ayuda se limitó a un par de terapias.

Pese a las dificultades, los padres de Jesús aseguran que seguirán con la fortaleza de sacar adelante a su hijo: “nosotros dos vivimos y trabajamos para él”.

[FOTO 3]: Caminos sin límites
Jesús Mateus es estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad Pontificia Bolivariana Seccional Bucaramanga. Explica que la Universidad es la que ofrece más garantías de accesibilidad. Foto Breyner Soledad. Foto
 

Un tema de voluntad

En Santander hay por lo menos 44 mil 820 personas en condición de discapacidad, de los cuales 22 mil 034 son hombres y 22 mil 786 son mujeres, según datos del Departamento Nacional de Estadística (Dane). Jesús Mateus, Javier González y Jesús Almeida, hacen parte de los rostros de una realidad que merece el desarrollo de una política pública y el apoyo de la sociedad.

En la ciudad, hay algunas iniciativas que buscan atender las necesidades de esta población. Por ejemplo, en la Secretaría de Desarrollo Social Departamental existe una Oficina de Discapacidad que durante el cuatrienio anterior, según Leticia Salazar Santamaría, impulsó dos proyectos de socialización a instituciones y apoyo económico a programas que promueven el acceso de estas personas a derechos fundamentales como la educación, el trabajo y el deporte.

En vivienda pública, el Instituto de Vivienda de Interés Social y Reforma Urbana (Invisbu) asegura que a mediados de 2015 la Administración Municipal entregó 125 casas a personas en condición de discapacidad. Dichas viviendas, entregadas en los barrios Transición, La Independencia, La Feria, Girardot, Altos del Progreso, Villa María, Los Colorados, Limoncitos, Villas San Ignacio y La Esperanza, cuentan con rampas, ampliación de baños y barandas dependiendo de la necesidad de los beneficiarios.

Sin embargo, en adecuación en infraestructura para la movilidad, personas como Jesús Mateus, consideran que la ciudad está muy atrasada. Mateus, quien sufre una paraplejia en sus piernas, advierte que el Sistema de Transporte Masivo Metrolínea no cumple con su promesa de inclusión. “Los alimentadores (buses) prometían una opción para movilizar personas con discapacidad, pero realmente usted va y se monta a un Metrolínea y no tiene la máquina que permita la accesibilidad”, dice el joven.

Mateus, quien estudia Ingeniería Civil en la Universidad Pontificia Bolivariana Seccional Bucaramanga (UPB), agradece que la Universidad sea la que ofrece mejores condiciones de accesibilidad y aprovecha la oportunidad para cuestionar por qué muchos ciudadanos no saben hacer uso de rampas ni ascensores, ni dan prioridad a quienes en realidad los necesitan.

En esto coincide Laura Andrea Quintero Rivera, psicóloga del Departamento de Bienestar Universitario de la UPB, quien considera que además de los programas e iniciativas, lo clave es la conciencia ciudadana, las actitudes y acciones con las que la sociedad asume la situación de las personas con alguna discapacidad. Las historias de Javier González, Jesús Almeida y Jesús Mateus son un ejemplo de la tenacidad propia y la de sus familias que han enfrentado múltiples barreras, demostrando que las limitaciones no están en las personas.

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