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Magdalena, la realidad del conflicto armado sobre las tablas

Publicado en Edición 46 | Viernes 18, de Marzo de 2016 | Actualizado el Viernes, 18 de Marzo de 2016

Magdalena

[FOTO 1]: Magdalena, la realidad del conflicto armado sobre las tablas
“Lila, la hija de Magdalena, fallece a los cinco meses de nacida”. Este fragmento de la obra fue tomado de experiencias reales, historias de mujeres que perdieron sus bebés a causa de falta de atenciones médicas en medio de enfrentamientos armados en el oriente colombiano. Foto: Laura Camila Pinilla. Foto

Hablar de la construcción de memoria histórica por medio del arte escénico es remitirse a la historia de vida de una actriz, quien en compañía de miles de víctimas del conflicto armado alzaron su voz para defender sus derechos en medio de la crudeza de la guerra que azotó el oriente colombiano.

 Cuando Diana Tada era estudiante de derecho y voluntaria para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), de la Organización de Naciones Unidas (ONU), lejos estaba de imaginarse que esta experiencia le llevaría a contar hoy con su nueva profesión, las historias y vivencias de miles de víctimas del conflicto armado.

La historia se remonta al año 2002, cuando esta joven ejercía un arduo trabajo de campo con víctimas del conflicto en las regiones del Magdalena Medio y el Catatumbo, y Arauca. Su labor tenía un sentido social y consistía en educar a miles de familias en proceso de resistencia al desplazamiento forzado, ejecuciones extrajudiciales y maltrato sexual. Todas eran apoyadas por este organismo de cooperación internacional. Al comienzo dictaba clases de Derechos Humanos a familias locales, más adelante pasó a ser funcionaria de Naciones Unidas, lo cual la condujo a viajar hasta rincones de Colombia en conflicto.

La resistencia de los educandos era evidente, la labor no era para nada fácil. Diana cuenta que todo se convirtió en un aprendizaje para ella. “Como eran poblaciones tan difíciles, tan lejanas, que no conocían mucha terminología jurídica; empecé a hacer algo que me encantaba en ese momento que era el teatro”, afirma Tada. 

Gracias a su experiencia personal y afinidad con el teatro -disciplina que ya se encontraba estudiando de manera profesional- decidió llegar a las personas por medio del arte, convirtiendo sus clases magistrales en diferentes talleres artísticos, en los que creaba espacios para que las víctimas pudieran exteriorizar sus historias, llegando a un ejercicio de catarsis y aprendizaje por medio de la expresión teatral.

Diana desempeñó esta labor hasta el año 2007, año para el cual había recopilado más de 3 mil historias, además de un tejido de relaciones muy cercanas con diferentes líderes de víctimas, a cargo de mesas municipales y departamentales. Fue allí donde empezó ‘la comezón’ por darle un sentido social a su carrera profesional. “Como ser humano, me estaba llenando de historias, de karmas, de dolores, y de cosas que me afectaban. Como artista, sabía que la solución a todo esto era sacarlo. Además me empezó a generar una responsabilidad, tenía que contarlo de alguna forma, no melancólica, exagerada, ni dramática; sino de una forma más amorosa”, cuenta la artista.

 Tras largas horas de escritura y arduas ediciones de esta historia compuesta por miles de pequeños testimonios de vida, nace Magdalena, una obra de teatro inspirada en la recopilación de cinco años de trabajo de campo. Esta obra fue escrita y producida por la actriz Diana Tada y dirigida por el dramaturgo peruano Wili Pinto Cárdenas, quien fundó el grupo de teatro Maguey hace más de 29 años. Con la colaboración de ambos artistas, emerge una representación pionera de un movimiento que se generó a partir de la necesidad de contar historias de una manera diferente.

Una verdad escondida detrás de la obra

 Magdalena relata la vida de una mujer cuyo nombre hace honor al río que la engendró. El río Magdalena es la más importante vía fluvial de Colombia, tiene una longitud de 1.558 kilómetros, y atraviesa el territorio de sur a norte desembocando en el mar Caribe.

El personaje principal de la obra comienza su historia, encontrando en el nororiente colombiano  al amor de su vida, un pescador con el cual contrae matrimonio y tiene una hija llamada Lila. Pero la guerra no cesa y Magdalena tiene que vivir dolorosamente la desaparición forzada de su esposo. Este es uno de los conflictos que afectó con mayor fuerza a los habitantes de los 31 municipios que componen la región del Magdalena Medio.

Según el Registro Único de Víctimas (RUV) de la Unidad Nacional de Víctimas, una base de datos oficial que lleva el reporte de violaciones a derechos humanos en Colombia, entre los años 1985 y 2015 se registraron alrededor de 8 mil 28 casos de desaparición forzada en esta región; 3 mil 963 en Arauca, y 2 mil 291 en la zona del Catatumbo.

La desaparición forzada fue una práctica recurrente en la zona perpetrada por los paramilitares del Bloque Catatumbo de las Auc, en cabeza de Salvatore Mancuso. Este ordenaba que en vez de cometer homicidios dejando evidencias, se desaparecieran las personas con el fin de ocultar el crimen y “disminuir” tasas de inseguridad en la zona. Según las investigaciones de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, estos crímenes contaron con la complicidad de varios funcionarios de la fuerza pública y se caracterizaron por la sevicia. En decenas de casos, las víctimas fueron arrojadas al río o incineradas para borrar su rastro.

[FOTO 2]: Magdalena, la realidad del conflicto armado sobre las tablas
Un pequeño grupo de desplazados, habitantes de la zona La Estanzuela, del barrio Nuevo Girón, de Girón; y miembros activos de la Asociación de Desplazados La Estanzuela, Asodeses. Foto: Laura Fernanda Tamayo. Foto
 

En la representación artística que escribe Tada, el relato continúa contando la historia de vida de Magdalena, la cual sigue adelante impulsada por la fuerza de ver crecer a su hija recién nacida, hasta que un enfrentamiento entre grupos armados acaba con la vida de su pequeña a través de una bala perdida. En relación con las cifras de asesinatos, el Registro Único de Víctimas reportó 44 mil 544 homicidios cometidos en la región del Magdalena Medio entre los años 1985 y 2015; 18 mil 316 en Arauca, y 11 mil 659 en el Catatumbo.

Los enfrentamientos entre grupos armados fueron un rasgo que marcó principalmente el municipio de Barrancabermeja en esta región. La guerrilla se encontraba posicionada en este puerto petrolero desde los años 60 aproximadamente, sostenía su poderío con un rentable negocio de contrabando de gasolina, y dominaba el territorio a su antojo. No obstante, el grupo de paramilitares de las Autodefensas de Santander y el Sur del Cesar, Ausac, camuflados por medio de distintos pseudónimos como “Los Masetos” o “La Red de la Armada”, intentaron ingresar al municipio para demostrar autoridad en la zona, y eliminar a la guerrilla o a cualquiera que tuviera filiaciones con este grupo armado.

Esta tensión generada por ambos actores insurgentes desembocó en lo que hoy se conoce como la masacre de Barrancabermeja del 16 de mayo de 1998. En esta fueron asesinadas siete personas y 25 más durante las siguientes semanas después de ser secuestradas. Testimonios de desmovilizados que fueron cómplices de la tragedia le confesaron a Justicia y Paz que las víctimas eran ajenas al conflicto entre grupos armados, y que aun siendo consciente de este hecho, el jefe de la Ausac dio la orden de asesinar tortuosamente a las personas secuestradas. Más de 100 personas fueron afectadas en diversas formas este día en Barrancabermeja, muchas de ellas, civiles inocentes que perdieron la vida como Lila, la hija de Magdalena en la representación artística de Diana Tada.

Finalmente, en medio de su soledad, Magdalena  es víctima del desplazamiento forzado de su pueblo, por lo que tiene que emigrar a una ciudad, y como vendedora de flores, tratar de comenzar una vida desde cero. El RUV documentó que en los últimos 30 años, 313 mil 309 personas han sido víctimas del desplazamiento forzado en el Magdalena Medio; 152 mil 263 en el Catatumbo, y 107 mil 377 en el departamento de Arauca.

Magdalena, después de mucho sufrimiento, regresa a su pueblo natal, esta vez para convertirse en una líder social, que quiere hacer oír la voz de otras víctimas y que está dispuesta a cambiar su realidad. Casos como éste, generaron un movimiento de hombres y mujeres que se hicieron cargo de mesas municipales y departamentales, y que lideraron la defensa de miles de víctimas en proceso de reparación.

Otra ‘cara’ de la realidad

Un claro ejemplo de estos líderes es la historia de vida de Pastora Salguero Vargas, una aguerrida mujer que con empuje volitivo ha luchado hace más de 10 años por los derechos de la población víctima del conflicto armado en Santander. Se conoció con Diana Tada en el año 2008 en lo que ella denomina “una lucha cuerpo a cuerpo con el Esmad (Escuadrón Móvil Antidisturbios)” para no ser desalojada del asentamiento humano en el que se encontraba en ese tiempo. Ahora es habitante de la zona La Estanzuela del barrio Nuevo Girón, de Girón; y líder activa de la Asociación de Desplazados La Estanzuela, Asodeses. 

En una emotiva reunión con diferentes víctimas de desplazamiento, organizada en su apartamento, Pastora cuenta lo que para ella significó ser parte de la construcción de memoria histórica gracias a la obra escrita y protagonizada por su compañera de lucha. “Es una obra sensacional que causa dolor, llanto y alegría en algunos momentos. Ella ha resumido totalmente toda esa problemática de dejación y abandono por parte de las entidades estatales hacia nosotros la población víctima, y el sufrimiento que hemos tenido al llegar a tierras ajenas que no se conocen, a abrirse un espacio en medio de situaciones tan duras”.

Como respuesta a estas crisis y devastadoras situaciones de la población víctima en Colombia, el Congreso de la República realizó la reforma de la Ley 387 de 1997- que solo concebía como víctimas a los desplazados- a la Ley 1448 del 10 de junio de 2011. Esta última abre un universo de caracterización de la población afectada por el conflicto, así como la exigencia de atención, asistencia y reparación integral a estas personas. La Unidad Nacional de Víctimas es el organismo encargado de ejecutar las disposiciones generales para el cumplimiento de esta Ley.

Sin embargo, la realidad para los habitantes de La Estanzuela sigue siendo una difícil lucha, en la cual el reclamo de sus derechos como víctimas se ha convertido en un sin número de trámites y papeleos que culminan en la no atención de las entidades a cargo. La líder afirma que la repartición de viviendas en la zona ha sido inequitativa y completamente desproporcional en relación con el número real de víctimas necesitadas, y que los subsidios declarados no han llegado a tiempo ni con la frecuencia pactada. “En realidad, por parte de las administraciones ha sido una burla a cada una de las necesidades nuestras. A pesar de que tenemos los recursos, la legislación y constitucionalidad de nuestro lado, los gobiernos municipales no han cumplido”, asegura Pastora mientras sus compañeros de mesa asienten.

[FOTO 3]: Magdalena, la realidad del conflicto armado sobre las tablas
Pastora Salguero es una mujer que conoce ampliamente la legislación decretada para la población víctima, además de toda la terminología necesaria para defender sus derechos. Foto: Laura Fernanda Tamayo. Foto

En la actualidad, estas dos líderes siguen luchando con tenacidad por el reconocimiento de los derechos de la población víctima. Diana planea a futuro llevar su obra de teatro a ciudades como Cali y Medellín, para extender la voz de estas historias a otros rincones del país, y seguir construyendo memoria por medio del arte. Así mismo, continúa trabajando con organizaciones en defensa de los derechos humanos, y gracias a estas ha vuelto a encontrarse con Pastora Salguero, quien siete años después, mantiene una actitud de agradecimiento y camaradería con la actriz. Cada una desde su rol, sigue ejerciendo un liderazgo social que se mantiene de pie frente a la lucha que representa la reparación integral de las víctimas del conflicto armado en Santander. 

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