Hermanos Mantilla Álvarez, orgullo santandereano

Publicado en Edición 45 | Miércoles 23, de Septiembre de 2015 | Actualizado el Miércoles, 06 de Diciembre de 2017

Músicos

[FOTO 1]: Hermanos Mantilla Álvarez, orgullo santandereano
El maestro Rito Mantilla Álvarez a sus 57 años dirigiendo el coro de la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela en 1980, en el que interpretó obras como “La Poesía”, de Jorge Federico Haendel, y “La Novena Sinfonía”, de Ludwig van Beethoven. Foto suministrada archivo familiar. Foto
 

Los hermanos Rito y Roberto Mantilla Álvarez dejaron en alto el nombre de su país y región, uno como director de orquesta y otro como clarinetista. Plataforma narra las anécdotas de estos dos santandereanos que con su talento se convirtieron en orgullo nacional.

Su historia musical es de cuna. Rito y Roberto Mantilla Álvarez nacieron en una familia de principios católicos integrada por Daniel María Mantilla Rodríguez y María Luisa Álvarez Ortiz. Su padre era el clarinetista principal de la Banda Sinfónica de Bucaramanga y fue quien les enseñó las notas, los instrumentos y la pasión para lograr una promisoria carrera.

Desde muy pequeño, Rito soñó con ser un gran director, compositor y arreglista de Colombia. A los diez años su papá le enseñó a interpretar la trompeta, pero desistió porque técnicamente no logró acomodarse a la forma correcta de usar la boquilla. Fue así como se decidió por el corno francés, un instrumento de técnica compleja que requería la dedicación y perseverancia que siempre lo han caracterizado. Logró dominarlo “al derecho y al revés”, recuerda.

A los 12 años, Rito ya daba sus primeros pasos en la dirección de una orquesta. Su padre dirigía la Banda Bolívar, en Bucaramanga, y cuando él se ausentaba le gustaba ensayar con los músicos. “Como director comencé a formarme prácticamente solo pues practicaba con la banda sin ningún acompañante”, cuenta.

La primera vez que mostró su talento en público fue una Semana Santa de 1935 cuando la Banda Bolívar se presentó en Piedecuesta. Daniel Mantilla tenía planeado contratar a algún colega amigo para que dirigiera la banda pero fueron los mismos músicos quienes pidieron una oportunidad para Rito. Siendo un niño tomó la batuta, se subió a una mesa para alcanzar la altura adecuada y coordinó a la perfección las melodías. Los aplausos de decenas de personas no se hicieron esperar.

Con esta experiencia y su constante formación musical Rito llegó a ser director de la Orquesta Sinfónica de Cúcuta y Girardot así como de la Banda de la Guardia Presidencial durante los gobiernos de Guillermo León Valencia, Carlos Lleras Restrepo y Alberto Lleras Camargo. Rito explica que pese a las diferencias políticas que tenía con algunos de ellos, entabló una gran amistad.

Y de la violencia partidista de los años 50, aprendió que  a pesar de ser conservador el color de partido no le impediría reconocer el talento de otro. Cuando cumplió su ciclo en la Sinfónica de Cúcuta sugirió que en su cargo fuera sucedido por el maestro liberal Víctor Guerrero. Para Mantilla prevalecía la capacidad y la formación musical de sus colegas.

[FOTO 2]: Hermanos Mantilla Álvarez, orgullo santandereano
Partitura de la adaptación de la obra “El Carbón”, de Ligia Espinosa, realizada por el maestro Rito Mantilla, la cual transformó de una guaracha a un pregón caucano. Foto suministrada archivo familiar. Foto

En su vertiginosa carrera, Rito Mantilla fundó la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia, y asumió también la dirección de la Coral Nacional y del Coro de Soldados de Bogotá. “Cogí una obra fácil, y vi que algunos cantaban. Los soldados lo lograron con disciplina”, dice Rito al referirse a su experiencia como director del Coro de Soldados, lo que significó un reto pues sus alumnos no tenían conocimientos de música.

Rito desarrolló gran parte de su carrera musical en Colombia y Venezuela, su mayor logro llegó en 1966 cuando la Universidad de Michigan, de Estados Unidos, lo invitó a ser el director de la Orquesta Sinfónica. En el Congreso Nacional de Bandas y Directores, debutó con la obra “Preludio y Fuga en Sol Mayor", de Johann Sebastian Bach. “El director de la Orquesta de la Universidad de Michigan se asustó, me preguntó que por qué no escogía una obra más sencilla”, cuenta Rito. A pesar de ello, él insistió en presentarla y representó uno de los mayores triunfos de su vida. “Nunca había escuchado tantos aplausos, a mí me daba vergüenza, recibía los aplausos y me sentaba”, recuerda con emoción.  

Fue tal su reconocimiento que le ofrecieron seguir siendo director de orquesta, además de docente, en Estados Unidos. Pero consideró que su misión era retribuirle el conocimiento a su país. “No quería vivir fuera de mi país, para mí Colombia es Colombia”, dice, aclarando además que nunca le gustó hablar y escribir en inglés.

En su trayectoria de más de 20 años, Rito fue docente en el Conservatorio Nacional de Música pero también arreglista y compositor. Entre sus obras preferidas está “América”, que lleva el nombre de su hija, y “Látigo, sudor y látigo”, de una alta complejidad musical. Su adaptación más reconocida es “El Carbón”, de Ligia Espinosa, cuyo ritmo transformó de una guaracha a un pregón caucano.También realizó arreglos a obras importantes como “Campesina Santandereana”.

Después de hacer un recuento de algunas de sus anécdotas, Rito no se arrepiente de su decisión. Algunos familiares le insistieron que fuera abogado pero él repetía que quería ser “músico y nada más que músico”. A sus 93 años hoy disfruta de la tranquilidad de su casa en el municipio de Girón, en Santander. Es muy poco el material que conserva de su trabajo, tan solo algunos archivos recopilados por sus hijos quienes con orgullo recuerdan el éxito de su padre.

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El maestro Roberto Mantilla Álvarez interpretando el clarinete a la edad de 12 años en su ciudad natal, Bucaramanga. Foto suministrada archivo familiar. Foto

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El maestro Roberto Mantilla interpretando su clarinete luego de ser pensionado de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia. Foto suministrada archivo familiar. Foto

Roberto, el hermano clarinetista
Si Rito era experto en llevar la batuta y dirigir a varios músicos para lograr una sinfonía perfecta, su hermano Roberto era el maestro del clarinete. Aprendió de la mano de su padre y terminó de perfeccionar la técnica junto con el clarinetista Solón Garcés y realizando estudios en el Conservatorio Nacional.

Al igual que Rito comenzó su camino en la música siendo un niño. Su talento fue premiado en el Concurso para Solista de Clarinete de la Banda Nacional, cuando tenía apenas 12 años. El reconocimiento lo llevó a ser el clarinetista principal de la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por el alemán Olaf Roots, en la que además fungió como director en repetidas ocasiones.

Luego de varios años de práctica y preparación en septiembre de 1962 se presentó en el XI Concurso Internacional de Clarinete en Múnich, Alemania. Representó a Colombia junto con Ernesto Díaz y Elvia Mendoza Díaz, intérpretes de viola y piano. Roberto recuerda que el reto era enorme pues su clarinete estaba afinado en La bemol.

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Publicación realizada por el diario Vanguardia Liberal, en la que se destaca el éxito del maestro Roberto Mantilla en el Concurso Internacional de Múnich celebrado el 12 de septiembre de 1962. Foto suministrada archivo familiar. Foto

Pese a la complejidad, Mantilla Álvarez fue el único colombiano que avanzó en la competencia. A la hora de la premiación, el jurado le otorgó el segundo puesto a Mantilla, quien prefirió ceder su lugar a quien se le había asignado el tercer lugar, al considerar que tenía mejores habilidades que él. “Lo que más me gusta es cómo interpretaba porque llegaba a la gente. Las notas que tocaba eran algo hermoso. Él tocaba muy dulce y eso fue lo que precisamente más les gustó en Europa”, recuerda su esposa Ligia Castellanos.

Ovidio Mantilla, su hermano, lo acompañó durante varios meses en Europa y recuerda el día en que entraron a una fábrica de embocaduras preguntando por un par de boquillas para clarinete. No les prestaron mucha atención hasta que Roberto mostró el título de ganador que había logrado en Múnich, “después de eso lo dejaron escoger todas las boquillas que quisiera sin pagar nada”, cuenta Ovidio.

Luego de su éxito en Múnich Roberto, al igual que su hermano, incursionó en la docencia. Aunque en Alemania le presentaron varias ofertas laborales como clarinetista solista, quiso volver a su país para contribuir con la formación de futuros artistas.

Aunque logró el reconocimiento en Europa e incluso en 1963 fue invitado para participar de un concierto brindado por la Orquesta Sinfónica de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, sus familiares coinciden que en Colombia fue poco el reconocimiento que recibió una vez regresó de Alemania.

Este llegó sólo unos años después cuando la Orquesta Filarmónica de Bogotá consignó el nombre  de Roberto Mantilla en el Premio al Mejor Clarinetista. Su esposa dice que “él siempre ha sido muy serio, no le gustaba que le dijeran ‘tan buen músico, tan querido’, nunca le ha gustado eso”, siempre ha hecho su labor con pasión y amor sin esperar elogios.

El amor por la música llevó a que Roberto incluso tomara una decisión difícil. Desde hace muchos años dejó de interpretar el clarinete, pues consideró que si ya no lograba calidad en sus interpretaciones era mejor que este no sonara. Por eso, mantienen guardados dos de los clarinetes que aún conserva de su trayectoria en Europa.

Fue así como los hermanos Mantilla mostraron el talento musical de Colombia ante el mundo. A pesar de las dificultades que tuvo cada uno, la constancia y disciplina llevaron a estos santandereanos a triunfar.

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