El rostro del habitante de la calle

Publicado en Edición 45 | Miércoles 23, de Septiembre de 2015 | Actualizado el Miércoles, 06 de Diciembre de 2017

Habitante de Calle

 

Aunque Bucaramanga registra las cifras más bajas del país en relación con el desempleo, desigualdad social, pobreza e indigencia; es la capital con el mayor incremento de habitantes de calle entre 2014 y 2015.

Bajo el inclemente sol del mediodía por la carrera 33 cerca de la Clínica Bucaramanga se escuchaban unos gritos que pedían ayuda. “Una empanadita por favor, una empanadita, tengo hambre. Qué alguien me ayude, tengo hambre por favor”, gritaba Jhon, un habitante de la calle que llegó a Bucaramanga cuando apenas tenía 12 años buscando una mejor vida.

Un hombre que pasaba por allí, viendo lo que ocurría, sacó de sus bolsillos unas monedas, le compró una empanada y una avena, y se las regaló. El rostro de Jhon expresó alegría. El celador de un parqueadero aledaño le dijo en forma de regaño: “Diga gracias, no sea mal educado”. Jhon le respondió con una sonrisa.

“Él llegó muy niño acá, llegó solo, su familia quedó en Cúcuta. Le hacía favores a la dueña de un almacén, aquí en Cabecera, y ella le regalaba ropa. Él se subía a los buses a pedir dinero pero ahora ha quedado como un indigente, en la miseria”, comentaban los vendedores ambulantes del sector.

Esta es una de tantas situaciones diarias que viven los 1.657 habitantes de la calle que hay en Bucaramanga, según las estadísticas de la Secretaría de Desarrollo Social de Bucaramanga, confirmado por un informe publicado en junio de 2014 por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). En ese documento, el Dane advierte que aunque la capital santandereana ocupa el penúltimo lugar en pobreza y desigualdad del país no registra cifras tan positivas para el caso de la indigencia.

El cruel abandono y la triste soledad se convierten en los compañeros de aquellos que por diferentes circunstancias tienen que vivir en las calles de Bucaramanga. A veces cualquier rincón o esquina se convierte en su hogar. Recargados sobre una cortina de metal, recostados sobre la banca de un parque o simplemente, tirados sobre un cartón, los indigentes, como les dicen algunas personas en forma peyorativa, son para la administración municipal un “problema”.

La Ley 1641 de julio de 2013 define al habitante de la calle como una persona sin distinción de sexo, raza o edad, que hace de la calle su lugar de habitación, ya sea de forma permanente o transitoria. Esta Ley establece los lineamientos de la política pública nacional para la atención del habitante de calle.

Para el caso de Bucaramanga, el Concejo Municipal emitió el Proyecto de Acuerdo 076 del 17 de octubre de 2013, que ordena la formulación de una política social que le brinde protección y seguridad a esta población, pero sobre todo, que les garantice espacio de supervivencia.

La población en situación de indigencia aumenta cada día (ver tablas), su destino no tiene rumbo fijo, su camino es largo y su paradero, incierto. No se sabe dónde y cómo duermen, qué comen o qué piensan. Las bolsas negras de plástico, algunos cartones y la basura reciclada los acompañan. Las plantas de sus pies simulan zapatos cuando no los hay y probablemente, con un poco de droga conseguida en la calle, buscan adaptarse a cualquier inclemencia del tiempo, no importa si hace calor o frío.

La historia de Samuel

Las manecillas del reloj marcaban las tres y cuarenta de la tarde, un hombre, como salido de la nada, apareció caminando por el barrio San Luis diciendo con cara de angustia y ojos bien abiertos: “mono, ¿tiene algo de comer o beber que me regale?”

Vestía una camiseta amarilla viva con tintes sucios y un jean roto, sus zapatos eran dos pedazos de cartón amarrados a sus tobillos. Un joven que pasaba por el lugar lo invitó a la panadería más cercana y mientras mordía el pan con fuerza decidió contarle el porqué de su desventura. 

“Empecé hace seis años en esto. En mi familia peleábamos mucho y me fui a la calle, donde aprendí a sobrevivir con el reciclaje”, cuenta mientras se rasca la cabeza con sus manos que ponen en evidencia el trajín de estos años. Con la mirada perdida reconoció su adicción: “Me dediqué a la drogadicción, chino, pido cosas por ahí para conseguir drogas…”

-¿Alguna institución los ayuda? Por cierto, ¿cómo es su nombre?

“Samuel, yo soy Samuel y a veces voy a esas partes donde ayudan, pero es lejos, ¿sí me entiende…?”, dice y luego de una pausa continúa con su relato: “a veces nos reunimos todos (otros habitantes de calle), comemos y ahí la pasamos”, dice entre risas. Su aspecto denota que no supera los 30 años de edad. En su brazo izquierdo sobresalen dos grandes cicatrices.

-¿Dónde vive?, ¿dónde se queda?

“Yo me quedo en una casa”, señalando hacia un parque, “es a quince minutos, vivo con la familia”. 

-¿Con su familia?

 “Sí, pero ellos son unos…”, arrugó su nariz y manoteó “ellos son unos, usted viera…”

Calló otra vez, tomó un sorbo de gaseosa y de repente, evadió el tema. Hizo ademán de irse, agradeció, se levantó de la silla y dijo: “me porto bien, vea que yo me porto bien” y camina calle arriba.

El silencio y el olvido                                                                                                                                         En Bucaramanga, 60 estudiantes universitarios se unieron en “Humanizando no discriminando”, un proyecto académico que busca atender a las poblaciones más vulnerables, entre ellas, el habitante de calle. Leslie Patiño, líder del grupo, asegura que el programa genera espacios de dignificación porque son cada vez más los habitantes de calle en la ciudad, ya sea porque muchos de ellos afrontan problemas de drogadicción y de violencia intrafamiliar, o no tuvieron un apoyo del Estado.

Según Patiño, no existe una política pública integral que atienda a esta población, pero sobre todo  les ofrezca un proyecto de vida así como acceso a la educación, a espacios deportivos, artísticos y culturales. “Las instituciones se han quedado en una etapa asistencialista y no han avanzado hacia las de rehabilitación y resocialización. Estas requieren del apoyo de diversas entidades públicas”, sostiene la líder.

Los estudios realizados por “Humanizando no discriminando” señalan que 90 por ciento de esta población son hombres entre 18 y 40 años. Las actividades más recurrentes que realizan son el rebusque, la mendicidad, el reciclaje y el robo. Los lugares que concentran más habitantes de calle son el centro de Bucaramanga, la Puerta del Sol y el barrio Ciudad Norte. La mayoría de ellos vive en parches o combos y en improvisados ranchos o cambuches.


La historia de Giovanny refleja las dificultades y las razones por las que terminó siendo un habitante de calle. A los 24 años su madre falleció y esto lo sumió en una tristeza que intentó suplir consumiendo drogas. “Un amigo me recomendó el bazuco, lo que pasa es que el cuerpo comienza a pedir más y más. Y así me metí en este cuento de andar por la calle”, narra el joven.

Su diario transcurrir lo vive entre parques y esquinas solitarias, rebuscándose para comer en parqueaderos y en ciertas ocasiones en los semáforos. “He querido rehabilitarme, pero uno no se aguanta, estar encerrado en esas instituciones no es fácil y más, cuando uno necesita droga. Hay unas que no sirven para nada. Ojalá algún día pueda, aunque sea difícil”, comenta Giovanny.


“La mejor solución es la prevención”: Yolanda Tarazona, secretaria de Desarrollo Social.

La funcionaria encargada de desarrollar los programas de atención al habitante de calle conversó con Plataforma sobre esta realidad que, a su juicio, puede solucionarse con educación y formación en valores en los hogares.

[FOTO 5]: El rostro del habitante de la calle
Yolanda Tarazona, secretaria de Desarrollo Social de Bucaramanga. Foto tomada de www.alcaldiadebucaramanga.gov.co. Foto

Revista Plataforma (Pfm): ¿Cuáles cree que son los factores que conducen a una persona a ser un habitante de calle?
Yolanda Tarazona (Y.T.):
Hay muchos factores precipitantes, pero el más importante es el tema familiar, debido a la desarticulación y a la descomposición en los hogares, generando violencia intrafamiliar y consumo de sustancias psicoactivas. A esto se suman los problemas económicos y la desescolarización, que en muchas ocasiones lo que provocan es la expulsión a la calle de algunos miembros de la familia.

(Pfm): ¿Cuántos habitantes de la calle hay en la actualidad en Bucaramanga?
(Y.T.):
Bucaramanga tiene registrado aproximadamente mil 230 habitantes de la calle. De este dato, 80 por ciento  de las personas (984 personas) no son de Bucaramanga.

(Pfm): De acuerdo con este panorama, ¿qué programas está implementando la Secretaría de Desarrollo Social para asistir al habitante de la calle y disminuir estas cifras?
(Y.T.):
Para reducir la habitabilidad en calle la mejor solución es la prevención. La Secretaría tiene unos programas que se trabajan en la primera infancia, la niñez, la adolescencia y la juventud. Porque si se previene que una niña no se embarace a temprana edad, que los niños no se desescolaricen, que se evite el consumo de sustancias psicoactivas, que se mitigue o disminuya la violencia intrafamiliar, muy seguramente, el número de habitantes en calle se reduciría.

La Secretaría trabaja desde dos campos: uno es el de prevención en la infancia y la juventud, en el que psicólogos y trabajadores sociales desarrollan programas sobre el buen uso del tiempo para la utilización del tiempo libre y prevención del consumo de sustancias psicoactivas. Y el otro es de atención, cuando ya la persona vive en la calle, ofreciéndole programas que se desarrollan en convenio con otras instituciones sobre higiene personal, psicoterapia, terapia ocupacional y alimentación. Así nació el programa “Regreso a casa”, que consiste en llevar a estas personas a varios hogares de paso. Durante 2014, 78 de estas personas retornaron a sus lugares de origen.

(Pfm): ¿Existen organizaciones o instituciones que colaboran en la atención de los habitantes de la calle?
(Y.T.):
La Secretaría de Desarrollo Social tiene un comité liderado por la Gestora Social de Bucaramanga, que integra a los sectores de salud, justicia, protección así como los hogares de paso que contrata el Municipio y las entidades sin ánimo de lucro. Eso significa que los procesos se trabajan en red.

(Pfm): El habitante de la calle hace parte de una población vulnerable en el tema de los derechos humanos, en este caso ¿quién los representa o quién vela por sus derechos?
(Y.T.):
Cuando el programa “Regreso a casa” se pone en marcha y se lleva a los habitantes de calle a un hogar de paso, ellos cuentan con el acompañamiento de la Policía Nacional y de la Defensoría del Pueblo.

(Pfm): ¿Cuántos habitantes de la calle se han rehabilitado?
(Y.T.):
No se cuenta con un dato actualizado, ya que la rehabilitación es un proceso largo porque el habitante de la calle recae con mucha frecuencia.

(Pfm): ¿Cuánto es el presupuesto destinado para atender a esta población?
(Y.T.):
En 2014, la Secretaría invirtió mil 300 millones de pesos en programas para atender a esta población. Gracias a la gestión en 2014, Bucaramanga fue seleccionada como una de las cinco ciudades del país para desarrollar foros nacionales sobre el habitante de calle, para discutir sobre esta realidad y desarrollar política pública. Esto porque aumentaron los recursos para atención, porque se trabaja de forma articulada entre instituciones y se sistematizó el censo. 

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