“Tü sutaletuin moju sin tü wayukalirua”: Los colores tristes de los wayúu

Publicado en Edición 44 | Viernes 17, de Julio de 2015 | Actualizado el Viernes, 17 de Julio de 2015

[FOTO 1]: “Tü sutaletuin moju sin tü wayukalirua”: Los colores tristes de los wayúu
En primer plano, los colores vivos y alegres de las tradicionales mochilas wayúu, y de fondo, las madres reunidas con Matilde planeando una marcha contra la triste situación de desnutrición infantil. Foto Linda Samara Díaz. Foto

En medio del desierto, bajo el sol ardiente y la sequía que azota a La Guajira, con una temperatura de más de 40 grados centígrados, Matilde López Aprushana, líder indígena wayúu, realiza su rutinario recorrido hacia las olvidadas rancherías de su etnia que están a menos de veinte minutos de Riohacha, la capital departamental.

En el camino se encuentra barro tostado por donde antes pasaba el río Ranchería, el más grande que atravesaba la región pero que por culpa de la sequía más larga de los últimos treinta años se ha convertido en una pista de agujeros donde la comunidad trata de rebuscar gotas del preciado líquido. En otros resguardos indígenas, lejos de este lugar, la comunidad sobrevive con el agua que obtienen de los jagüeyes, unos depósitos artificiales de agua, así como por los molinos de viento que instaló el gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla en 1955. 

 

[FOTO 3]: “Tü sutaletuin moju sin tü wayukalirua”: Los colores tristes de los wayúu
Entre los años 2008 y 2013, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) reportó 4 mil 151 niños muertos por desnutrición en La Guajira. Foto Linda Samara Díaz. Foto

[FOTO 4]: “Tü sutaletuin moju sin tü wayukalirua”: Los colores tristes de los wayúu
Debido a la sequía más larga en los últimos treinta años, el río Ranchería, reconocido por ser el más grande que atraviesa el departamento de La Guajira, se ha convertido en un gran sendero ausente de líquido, ausente de vida. Foto Linda Samara Díaz. Foto

Al llegar a una de las rancherías indígenas, la líder encuentra a toda la comunidad reunida bajo la sombra de un viejo rancho, el mismo que ha sido testigo del trabajo comunitario al que no solo se dedican mujeres sino niños, hombres y ancianos: tejer. Esta actividad  se convirtió en la principal fuente de sostenimiento económico de la población.

A dos horas de esta ranchería está Uribia, la capital indígena de Colombia. Allí funciona el Mercado Nuevo, un lugar controlado por los Alijunas, foráneos que no son más que comerciantes informales que le compran las artesanías a los wayúu para luego revenderlas en el mercado nacional e internacional. “En este lugar se ha creado un ‘mercado negro’ donde se desconoce el valor cultural y monetario de nuestro trabajo artesanal”, dijo Elías Peláez*, un indígena de Uribia que solicitó la reserva de su identidad.

Los wayúu consideran que estos comerciantes informales se aprovechan de su necesidad. Por sus mochilas el máximo pago que reciben es de 60 mil pesos, pero hay algunos que sólo han recibido 18 mil, cuando en distintos rincones del país su precio puede llegar a por lo menos 300 mil pesos.   “Es triste que estos acaparadores se llenen los bolsillos de dinero lucrándose con nuestra necesidad”, replica Matilde en medio del trabajo comunitario de los tejidos, listos para ser enviados a Uribia tras dos semanas y media de elaboración. 

 

[FOTO 5]: “Tü sutaletuin moju sin tü wayukalirua”: Los colores tristes de los wayúu
En el año 2014 los indígenas presenciaron la sequía más fuerte durante los últimos treinta años en el departamento de la Guajira. Foto Linda Samara Díaz. Foto

Miguel Ángel Epeeyüi, escritor de la cultura wayúu, asegura que existe un intento del Gobierno Nacional por preservar y proteger los derechos de autor y el trabajo artesanal por medio de la institución pública Artesanías de Colombia, encargada de velar y comercializar nacional e internacionalmente los productos artesanales. Sin embargo, “las artesanías y artesanos wayúu están huérfanos de políticas públicas por parte del gobierno municipal y departamental, ¡ni siquiera existe un presupuesto para esto!”, dice el escritor.   

Las mochilas wayúu, que en wayuunaiki se traduce a susu>u, tienen un valor cultural proveniente de herencias invaluables, y en ellas se plasma por medio de sus tejidos un lenguaje visual que interpreta el universo, la naturaleza y el sello espiritual de los indígenas. La simbología plasmada en las mochilas se debe además, al Kanasü, que significa dibujo o diseño ancestral. Entre más complejo el Kanasü más costosa es la pieza y mucho más apreciada la mujer que lo sabe tejer.

La comunidad es testigo de la gran paradoja que visita hace mucho tiempo a su tierra, uno de los departamentos más ricos del país, que en los últimos 20 años habría recibido cerca de cinco billones de pesos en regalías, está muriendo de hambre. Entre los años 2008 y 2013, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) reportó 4 mil 151 niños muertos por desnutrición en la Guajira: 2 mil 671 a causa de enfermedades alusivas a ésta, 278 por inanición, y mil 202 que no alcanzaron a nacer. Todos ellos pertenecientes de la cultura wayúu.

El arte aún no salva a los wayúu

Desesperados por la mortalidad infantil en su departamento, la líder Aprushana junto a una comitiva de indígenas se dieron a la tarea de viajar por sus propios medios a Bogotá y hacer visible la situación ante el Congreso de la República. El 29 de abril de 2014 llegaron al capitolio con botellas llenas del agua sucia, la misma que extraen de lo que alguna vez fue el río Ranchería para mostrarles el tipo de agua que consumen.

Allí, la Comisión Séptima del Senado citó a once funcionarios, entre ellos el Ministro de Salud, Alejandro Gaviria, y en ese entonces el director del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), Marco Aurelio Zuluaga, para responder por la crisis alimentaria en La Guajira y plantear soluciones de corto plazo al drama que vive este departamento.

 

[FOTO 6]: “Tü sutaletuin moju sin tü wayukalirua”: Los colores tristes de los wayúu
Matilde López Arpushana recibió el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos (DDHH) en la categoría “defensora del año”, otorgado por la fundación sueca Diakonia en colaboración con la Unión Europea (UE), el 9 de septiembre de 2014, en Bogotá. Foto Linda Samara Díaz. Foto

 

[FOTO 7]: “Tü sutaletuin moju sin tü wayukalirua”: Los colores tristes de los wayúu
La búsqueda de agua es una de las tareas más difíciles para la comunidad wuayúu en medio del desierto. Foto Linda Samara Díaz. Foto

Los indígenas también exigieron que se solucionara el problema de la escasez de agua, argumentando que la salud no podría existir si no se conserva este líquido vital. Ante esta situación, Rafael Ceballos, alcalde de Riohacha, afirmó que “hay serias limitaciones para el aprovisionamiento de agua potable para estas poblaciones, y esto empieza a tener incidencia en la salud de los niños ocasionando la muerte”.

No obstante, los wayúu en medio de la escasez tienen que hacer prosperar los cultivos, trabajar con el pastoreo y demás actividades de auto-sostenimiento. Pero en consecuencia de la falta de agua los indígenas intensificaron la actividad ilegal de extracción de carbón vegetal, la cual consiste en la tala indiscriminada de árboles para la elaboración del carbón, y de esta manera obtener dinero por su comercialización.

La líder Aprushana, en medio de la reunión ante los funcionarios, protestó por la negligencia de la  estrategia nacional De Cero a Siempre, actividad a cargo de la Alta Consejería Presidencial para Programas Especiales, la cual consiste en crear planes, programas y acciones que garanticen el desarrollo infantil de la primera infancia. La Alta Consejería ha destinado un equipo de trabajo que se encargue de implementar la estrategia en cada departamento, entre ellos el Icbf, el cual se  encarga específicamente de la operación de servicios de esa estrategia en los Centros de Desarrollo Infantil.

“¿De qué habla el Icbf? Éste no puede decir que los niños son sujetos de derechos. ¡Los niños de La Guajira no son sujetos de ningún derecho!, solamente establecido en el papel, pero resulta que con el papel nadie come”, afirmó la líder.

 

Un caso que visibiliza la desnutrición infantil es el de Luis, un niño indígena de seis años, con estatura de 81 centímetros y que había perdido más del cincuenta por ciento de su masa corporal.

En una ranchería a más de cuatro horas de Riohacha, Matilde habló con la familia de Luis para que lo dejara en manos suyas y así llevarlo a un centro de salud en la capital, donde vive ella. Dos semanas después al salir de allí, Luis fue atendido en la casa de la líder, mientras terminaba de recuperarse por completo.

Una noche mientras esta madre sustituta dormía, un ruido que provenía de la cocina interrumpió su descanso. Era Luis, hurgando entre la nevera, buscando con desesperación algo para comer. De inmediato, ella le pidió al niño que regresara a la cama y al mismo tiempo se dirigió a su dormitorio para conciliar el sueño. Tiempo después, quizás 40 minutos más tarde, el ruido volvió a despertarla pero este sonido ya no provenía del abrir y cerrar de la nevera. Era el del plástico de una bolsa que estaba en la cocina. Luis estaba dentro de la caneca de la basura buscando nuevamente algo de comer. 

 

[FOTO 9]: “Tü sutaletuin moju sin tü wayukalirua”: Los colores tristes de los wayúu
Pese a la desnutrición infantil, las sonrisas inocentes de los niños wayúu han creado resistencia en su pueblo indígena. Foto: Linda Samara Díaz. Foto

A diferencia de muchos niños que se sumaron a la cifra de mortalidad por causa de hambruna y falta de agua, Luis le ganó la batalla a la muerte.

El alcalde de Riohacha afirmó que hasta el momento el gobierno no ha logrado hacer lo suficiente para frenar la situación de desnutrición y pobreza de los indígenas. “No se ha resuelto la problemática del agua, que es lo principal, y así como otras formas de generar ingresos para estas comunidades”, dijo Rafael Ceballos.

El 23 de julio del año 2014 se creó en Rioacha un centro de recuperación nutricional llamado en lengua wayuunaiki TepichiKana’a, que significa por la vida de los niños. Este centro nutricional se encarga de atender a los menores indígenas que presenten problemas alimenticios y nutricionales.

Sin embargo, los planes acordados en la Comisión Séptima del Senado para frenar esta situación ya fueron destinados a distintos organismos institucionales del departamento.Un acuerdo pactado en la Comisión fue identificar a las comunidades indígenas más afectadas por desnutrición. En Riohacha focalizaron 400 comunidades de las más de 6 mil que hay.

Para solucionar el problema del agua, la Corporación Autónoma Regional de la Guajira (Corpoguajira), máxima autoridad ambiental del departamento, se comprometió a realizar estudios geológicos y geoeléctricos financiados por el Gobierno Nacional para construir cinco pozos de abastecimiento de agua en distintos puntos de ubicación aledaños a las comunidades.

Indígenas amenazados

Frente a sus insistentes denuncias en contra de la desnutrición infantil y la negligencia gubernamental, Matilde Aprushana y otros activistas han recibido amenazas por parte de la banda criminal ‘los Rastrojos’. El 5 de noviembre de 2014 circuló un panfleto firmado por esta banda, amenazando a Francisco Ipuana y Ketty Pusaina, dos indígenas que han respaldado las denuncias de Aprushana.

“Ustedes han dañado la buena imagen de personalidades públicas a cargo de este programa quienes fueron separados de sus cargos por culpa de sus denuncias y deberán pagar con sus vidas tal falacia, si se niegan a abandonar la ciudad”, señala el panfleto.

Pese a las amenazas, Matilde y la comunidad wayúu siguen resistiendo en el territorio exigiéndole al gobierno la protección de sus derechos y el apoyo para hacerle frente a la desnutrición y las dificultades que han tenido para acceder a agua potable.

 

[FOTO 11]: “Tü sutaletuin moju sin tü wayukalirua”: Los colores tristes de los wayúu
La elaboración de las artesanías wayúu es realizada por todo el colectivo étnico para así poder comercializar sus tejidos y de esta manera sobrevivir. Fotografía: Linda Samara Díaz. Foto

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