Una obra con muchas adiciones y pocas respuestas

Publicado en Edición 44 | Miércoles 15, de Julio de 2015 | Actualizado el Jueves, 16 de Julio de 2015

El Viaducto de La Novena

[FOTO 1]: Una obra con muchas adiciones y pocas respuestas
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Desde hace 17 años las autoridades municipales reconocieron la necesidad de hacer una obra que conectara al Centro de Bucaramanga con la Ciudadela Real de Minas y el sur de la ciudad, pero solo hasta 2010 comenzó la construcción del Viaducto de La Novena. Después de cinco años la obra fue entregada en el doble del tiempo estimado, tras varias adiciones en dinero y tiempo respecto a lo establecido originalmente en el contrato.

El Viaducto de la Novena o Puente Bicentenario, contrario a lo que muchos bumangueses creen, no fue una obra pensada en la administración de Fernando Vargas, el exalcalde de la ciudad que la Procuraduría inhabilitó durante once años para ejercer cargos públicos por irregularidades en procesos de contratación. La idea de esta construcción data de 1993 cuando el Área Metropolitana de Bucaramanga realizó un estudio para conocer la viabilidad de una obra que conectara a la Ciudadela Real de Minas con el sur de la ciudad. El objetivo era presentar este estudio a la administración municipal para concretar su ejecución.

Pero un año después de que el Área Metropolitana presentó el estudio a la  administración municipal, ésta decidió contratar un estudio adicional para evaluar la viabilidad de la propuesta. 

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Aunque el Viaducto ya fue inaugurado, siguen las obras de adecuación de las vías de acceso a la megaestructura. Foto: Jessica Tatiana Garrido Espinosa. Foto

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Después de obstáculos en el proceso de licitación, la obra quedó a cargo de la Unión Temporal Viaducto La Novena y comenzó el 30 de julio de 2010. Foto: Jessica Tatiana Garrido Espinosa. Foto

La práctica de estudio tras estudio fue constante entre 1993 y 2009, dilatando la decisión de licitar y comenzar la construcción del Viaducto. La conclusión siempre fue la misma: aunque existía la necesidad de desarrollar una obra para mejorar la movilidad de la capital santandereana, no había el presupuesto suficiente para comenzar siquiera con sus cimientos.

Fue sólo hasta el 27 de mayo de 2010 que la Alcaldía de Bucaramanga anunció, después de 17 años de ser pensado el proyecto, que ya estaba listo el contrato para la construcción de la obra a la que para entonces bautizó como “carreteable”. Pero antes de esta fecha hubo un obstáculo durante el proceso de licitación: en la primera convocatoria quienes licitaron no cumplieron con los parámetros exigidos, razón por la que ésta se postergó.

A la segunda convocatoria se presentaron nuevas propuestas y consorcios, pero la Alcaldía antes de asignar la licitación modificó en varias oportunidades los cronogramas de la presentación de dichas propuestas así como las fechas de estudio y adjudicación del proyecto. Esto generó malestar entre los consorcios, profesionales de la región e incluso la Sociedad Santandereana de Ingenieros, que advirtieron presuntas prácticas de corrupción durante el proceso.

Sin embargo, las denuncias no prosperaron y el Municipio le adjudicó el proyecto vial a la Unión Temporal Viaducto de La Novena, un consorcio compuesto por dos empresas: Mexicana de Presfuerzo S.A., de origen mexicano, y la compañía colombiana Sig Southwestwern International Group S.A. El Municipio celebró el inicio de la obra el 30 de julio de 2010, fecha en la que el consorcio se comprometió a entregar “el carreteable” en 22 meses, en mayo de 2012.

Desde esa fecha pactada transcurrieron cinco años en los que el constructor no sólo modificó la longitud del puente de 512 metros a 550 metros, sino que realizó nuevos estudios y solicitó prórrogas en tiempo y dinero para terminar la obra. Dichas decisiones elevaron los costos de construcción iniciales estimados en 96 mil millones de pesos a un total final de 134 mil millones.

Según los documentos del contrato de construcción analizados por Plataforma y obtenidos mediante derechos de petición, el consorcio Viaducto de La Novena justificó una gran parte de las adiciones hechas al contrato que suman alrededor de 36 mil millones de pesos en la modificación de la longitud del puente y los nuevos estudios que se realizaron para ello.  

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Después de obstáculos en el proceso de licitación, la obra quedó a cargo de la Unión Temporal Viaducto La Novena y comenzó el 30 de julio de 2010. Foto: Jessica Tatiana Garrido Espinosa. Foto

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Tras la solicitud de prórrogas y adiciones por parte del Consorcio, la obra que se estimaba en 96 mil millones tendrá un costo final de 134 mil millones. Foto: Jessica Tatiana Garrido Espinosa. Foto

La lupa de la Contraloría

Después de las modificaciones hechas por los constructores al contrato y la obra, la Contraloría de Bucaramanga realizó una serie de denuncias sobre una supuesta “desfinanciación” del proyecto. Aunque las obras estuvieron detenidas durante dos meses, por falta de pruebas la denuncia del organismo de control tampoco prosperó y el Municipio y el constructor acordaron un nuevo plazo de 13 meses para la entrega del puente.

Sin embargo, esta promesa también se incumplió y el Municipio autorizó otros 176 días más de plazo, es decir, unos seis meses adicionales. En ese momento el Consorcio argumentó la demora  en retrasos en la entrega de materiales, ocasionados por el paro agrario campesino durante el segundo semestre de 2014 y la escasez de acero que se registraba desde 2013.

Después de un poco más de cinco años desde la firma del contrato e inicio de las obras, el Viaducto de La Novena fue entregado el pasado 10 de abril. Sin embargo, varios habitantes del sector y del barrio Mutis así como del movimiento Dignidad Ciudadana advirtieron que la obra no contempló la adecuación ni ampliación de las vías de acceso al puente y semaforización.

En la actualidad, los ciudadanos reclaman a la administración municipal soluciones al respecto, pues aunque la obra resalta por su iluminación, la rimbombancia se diluye cuando la entrada y salida del viaducto en realidad son “cuellos de botella”.

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