En Santander, la salud agoniza

Publicado en Edición 43 | Martes 14, de Abril de 2015 | Actualizado el Miércoles, 06 de Diciembre de 2017

Hay problemas en el acceso y la atención a los pacientes que padecen distintas enfermedades. Para un santandereano no es tan fácil acceder a los servicios de salud a pesar del gran presupuesto que se destina para ello.

[FOTO 1]: En Santander, la salud agoniza
Aunque la salud es un derecho fundamental, las EPS niegan muchos servicios y medicamentos a los pacientes. Ilustración Tatiana Ortega Foto

Desde el momento en que una persona marca el número telefónico de una Entidad Promotora de Salud (Eps) se somete a la primera espera. No contesta una persona. Lo hace una grabación que le da al usuario varias opciones según sus necesidades.

Andrea Mantilla* es una mujer de 51 años que sufre de hipertensión y que cada cuatro meses debe esperar al menú de la grabación para pedir una cita. La última vez que lo hizo tardó en el teléfono 26 minutos hasta que una persona de carne y hueso le respondió lo siguiente: “Su cita es para dentro de un mes”.

Si para la hipertensión, que es una enfermedad controlada, la cita puede tardar hasta un mes. Los pacientes con problemas de salud más delicados deben someterse a esperas más largas. Es el caso de Noralba Daza, de 55 años, a quien le detectaron hipotiroidismo. Esta se produce cuando la glándula de la tiroides deja de funcionar afectando el metabolismo y por tanto, el de los tejidos y órganos del cuerpo. A Daza la operaron en octubre de 2012 y sólo logró recibir la primera cita de control para saber cómo estaba funcionando su tiroides en junio de 2013.

[FOTO 2]: En Santander, la salud agoniza
Los pacientes se quejan de los servicios de salud, señalando que se volvió una cuestión de dinero. Ilustración Diana Trocha Foto

“Estoy cansada de todos los días estar llamando a pedir una cita. Así como ellos exigen que los usuarios cumplamos con los pagos, así deberían cumplir con los servicios, la última cita de control la tuve en junio de 2014, es decir, un año después de la primera. Ahora imagínese para cuándo me darán la próxima, además, me toca estar insistiendo por teléfono ya que no me puedo acercar personalmente”, contó Daza, a quien su Eps le dio un papel con un número para que siga intentando llamar.

Como Mantilla y Daza son decenas las personas que se quejan por el sistema de salud. Un indicador de esta situación se refleja en las filas o espera que prefieren hacer los pacientes en la Defensoría del Pueblo porque desesperados buscan a un abogado que les ayude a interponer una tutela. Se cansaron de llamar, de esperar la cita, de que les dieran los medicamentos o les autorizaran exámenes especializados o cirugías. Una persona que trabaja en esta entidad del Ministerio Público cuenta que por cada jornada los abogados atienden a cuatro personas. A cada una le destinan de a por lo menos una hora para escuchar sus historias y argumentar las tutelas.

Esperanza Peña es una de estas mujeres que ante la negación de su Entidad Promotora de Salud (EPS), decidió ir a la Defensoría. Ella sufre de diabetes, una enfermedad crónica que hace que la hormona conocida como insulina, se deje de producir de forma natural e impida que la glucosa llegue a las células del organismo impidiendo el buen funcionamiento de tejidos y músculos del cuerpo. Como consecuencia perdió una de sus piernas y su capacidad visual disminuyó.

“Decidí poner una primera tutela porque no me querían autorizar las diálisis. Ahora, vengo insistiendo en que por mi condición física y económica requiero de un subsidio de transporte para seguir asistiendo al tratamiento”, dijo Peña. Esta mujer vive en una vereda conocida como Pueblo Viejo en el municipio de Coromoro, en el suroccidente del departamento a cuatro horas de la capital santandereana.

El caso de Peña pone en evidencia lo que les ocurre a los pacientes que requieren servicios de salud pero que viven en áreas rurales del departamento. Si en la ciudad resulta complejo acceder a la salud, la pregunta es cómo lo hacen las personas del campo donde el número de hospitales y de especialistas es menor.  

El olvido toca las puertas del campo santandereano
Fabián Mendoza tuvo que vivir en carne propia la pérdida de dos seres queridos. Su esposa, quien se encontraba en estado de embarazo, sufrió el llamado “paseo de la muerte”. Desde Landázuri, pasando por Vélez hasta llegar a San Gil, tardó ocho días reclamando una atención digna, pues, padecía dengue avanzado y, su estado de salud empeoraba mientras transcurrían las horas.

Según relato, en cada puesto de salud la demoraron entre tres y cuatro horas hasta que la remitieron al Hospital Universitario de Santander. Pero al llegar allí su estado de salud estaba tan deteriorado al punto que ella y su bebé fallecieron ese día. “En el campo no existen brigadas de salud de ningún tipo y menos para orientar y saber de los casos prenatales que allí existen”, expresó Mendoza.

El Hospital Universitario de Santander (HUS) es el epicentro de las atenciones médicas del departamento y según datos suministrados por la institución, cada año en promedio atienden a 2 millones de usuarios que no solo corresponden a los de los 87 municipios del departamento sino también de las regiones de Cesar, Sur de Bolívar, Arauca y Casanare.

Eimer Sánchez Sánchez, director del HUS, explicó que el presupuesto destinado para la atención de esta población es de 7 mil millones de pesos, de los cuales 10 por ciento, 700 millones, provienen de recursos de la Secretaria de Salud Departamental. El otro 90 por ciento, 6 mil 300 millones, corresponden a recursos propios, es decir, a los convenios que tiene el Hospital con distintas Eps al prestar sus servicios.

El presupuesto contempla gastos para el suministro de medicamentos, para los cuales se destinaron 10 mil millones de pesos. Otros 8 mil millones fueron asignados para material médico quirúrgico y 6 mil millones más para insumos médicos. Además, el Hospital cuentan con 730 profesionales calificados para atender emergencias y especialidades (ver tabla 1).

*Nombres cambiados por cuestiones de seguridad.

 

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