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Violencia obstétrica, un abuso invisible

Publicado en Revista | Viernes 21, de Noviembre de 2014 | Actualizado el Sábado, 22 de Noviembre de 2014

Colombia no tiene una legislación que prevenga y sancione el maltrato dado a las mujeres por parte del personal médico durante su trabajo de parto en los hospitales y clínicas. En Latinoamérica solo en Argentina, México y Venezuela se ha tipificado como un delito debido a los numerosos casos que se registran.

[FOTO 1]: Violencia obstétrica, un abuso invisible
La resolución 2003 del año 2014 define los procedimientos y condiciones de inscripción de los Prestadores de servicios de salud y de habilitación de servicios de salud en Colombia. Foto suministrada Foto

Durante todo su proceso de embarazo Marina Suárez* estuvo con ansias de poder acariciar y abrazar a su pequeña hija, pero no sabía que su parto natural sería un evento que le traería traumas futuros y el deseo de no tener más hijos. 

Con su rostro nostálgico y agobiado por los recuerdos narró que durante su trabajo de parto recibió críticas, insultos y comentarios negativos por parte del personal médico. “Me decían gritándome que si fui capaz de abrir las piernas para tener relaciones sexuales que ahora no me quejara”, narró Suárez.

A pesar de que el médico que atendió su caso le reiteró durante toda su etapa de embarazo que se debía practicar una cesárea, esta mujer fue reacia a la prescripción del profesional, porque su bebé siempre estuvo en una óptima posición y su embarazo fue normal y no de alto riesgo. “No quise realizarme la cesárea y me dijeron que la vida de mi hijo corría bajo mi responsabilidad”, contó Suárez. 

Según ella, como era de escasos recursos y no tenía seguro médico que cubriera los gastos de hospitalización, su esposo tenía que pagar la cesárea que era más costosa que la atención médica por un parto normal.

Cuando llegó a la clínica tenía contracciones muy fuertes, pero las enfermeras la obligaron a rasurar sus genitales, a ducharse con agua fría a pesar de los dolores y le practicaron un lavado de colon. Luego fue separada de su esposo y conducida a la sala de parto donde daría a luz a su bebé.

Durante su trabajo de parto le practicaron sin consentimiento una episiotomía o cirugía menor que ensancha la abertura de la vagina y le practicaron un raspaje de útero sin anestesia, además estuvo sola por más de una hora sin poder ver a sus familiares ni a su hija. “Mi esposo compró la anestesia y la llevó al hospital, pero ellos nunca me la aplicaron”, dijo la mujer.

“Sufrí mucho en mi parto, luego de eso tuve estrés postraumático”, afirmó Suárez. Para ella el sufrimiento en su parto no es simplemente una mala práctica del equipo médico sino un tipo de violencia contra las mujeres que en el país aún está oculta.

Silenciosas e invisibles durante muchas décadas, las mujeres han empezado a contar los hechos que suceden dentro de las salas de parto.

En Colombia el abuso obstétrico no está tipificado dentro de la violencia de género y no existe una política pública que proteja los derechos de las mujeres. Solo en algunos países de América Latina este tipo de maltrato recibe el nombre de violencia obstétrica.

Una luz de esperanza

En Bucaramanga solo la Fundación Camino Claro realiza acciones que permiten visibilizar la violencia obstétrica, sensibilizar y educar a las mujeres respecto al tema. La organización comenzó sus labores en el año 2006 orientando a familias con niños que tenían Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad (Tdah), pero investigaciones realizadas por los miembros fundadores de la iniciativa advirtieron que lo importante no era la sintomatología de los niños sino la calidad del vínculo afectivo que éstos tuvieran con sus padres en la gestación y el nacimiento.

En 2010 nació legalmente la Fundación Camino Claro con el lema ‘Gestar, Parir, Nacer y Criar Transforma el Mundo’. En la actualidad, la iniciativa promueve el embarazo consiente, la lactancia materna,  los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres y la humanización del parto, el nacimiento y la crianza. 

Según Liliana Casto Morato, psicóloga y fundadora de la organización, cuando se creó el proyecto desconocían el término de violencia obstétrica, pero debido a investigaciones realizadas de las experiencias de parto de las mujeres colombianas y marcos legales de otros países han podido conocer qué es la violencia obstétrica y sus principales características.   

“Las mujeres desconocen la existencia de este tipo de violencia, porque nadie les enseña cómo debería ser un parto ideal”, aseguró Castro.

[FOTO 2]: Violencia obstétrica, un abuso invisible
La Fundación camino Claro realiza actividades como Amamantar al Parque, Oxitofiestas, eventos comunitarios, talleres, capacitaciones y charlas en su mayoría en barrios de escasos recursos del área metropolitana. Foto suministrada Foto

Castro también expresó que la litotomía o posición acostada durante el parto es la menos indicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que las mujeres den a luz y solo favorece la comodidad del médico. La postura más recomendada es la de cuatro puntas o posición mamífera.

El concepto de violencia obstétrica es bastante amplio, pero se reconoce en el plano físico cuando se realizan cesáreas sin justificación médica, tacto vaginal hecho por varias personas, episiotomía sin consentimiento o incisión quirúrgica que ensancha la vagina de la mujer, raspaje de útero sin anestesia, rasurado de genitales, enema, administración de medicamentos sin autorización de la gestante, rotura artificial de la bolsa o indicación de permanecer en una posición incómoda durante todo el proceso de parto. 

Desde lo psicológico este tipo de abuso se reconoce porque el personal médico realiza comentarios irónicos o descalificadores hacía las mujeres cuando expresan dolor, las mujeres tienen imposibilidad de plantear preguntas, estar acompañadas por algún familiar o tienen impedimento de un contacto inmediato con el recién nacido.   

Según la psicóloga, “las mujeres están pariendo solas o en cautiverio y debido al trauma obstétrico que vivieron, deciden no tener más hijos”.

En Colombia y en otros países

Venezuela fue el primer país del mundo en reconocer legalmente la violencia obstétrica en el año 2007 como la apropiación del cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud. El trato jerárquico deshumanizador, el abuso de medicación, la incapacidad de la mujer de decidir sobre su cuerpo y  la patologización del proceso natural de gestar y parir, son algunos distintivos de este tipo de abuso.

En Argentina el concepto fue tipificado en el año 2009 en la ‘Ley de Protección Integral a las Mujeres’. En México en abril del presente año se reformó la ‘Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia’ y reconoció como delito toda acción u omisión por parte del personal médico y de salud que dañe, lastime, denigre o cause la muerte a la mujer durante el embarazo o parto.

En el caso de Colombia no hay una ley que detenga este tipo de abusos y proteja a las madres gestantes. Castro recalcó que, “en el país existe la violencia obstétrica, aunque no es legalmente visible como un tipo de violencia de género”.

Johana Otero, coordinadora científica del Observatorio de Salud Pública de Santander, sostuvo que la organización analiza la información emitida por el Sistema de Vigilancia en Salud Pública (Sivigila) sobre la violencia sexual o intrafamiliar contra la mujer, pero no realiza un seguimiento a la violencia obstétrica en el departamento. 

[FOTO 3]: Violencia obstétrica, un abuso invisible
Según el Observatorio de Salud Pública de Santander la atención a la madre gestante debe ser un procedimiento prioritario dentro de los servicios de atención de urgencia y de consulta externa en los centros médicos en Colombia. Foto Nathalie Serrano Foto

Ana Patricia González, coordinadora materno infantil de la Secretaría de Salud de Santander, argumentó que cada institución prestadora de salud debe cumplir estándares de calidad reglamentados por el Ministerio de Salud y Protección Social para prevenir la violencia obstétrica. También mencionó que hace falta actualizar la resolución 412 del 2000 que establece los procedimientos de obligatorio cumplimiento y guías de atención en los centros de salud.

La OMS reconoce que la violencia contra la mujer es un importante problema de salud pública y una violación de los derechos humanos. Sin embargo, Castro argumenta que el sistema de salud colombiano es deshumanizador y que los profesionales médicos y las instituciones prestadoras de salud se niegan a aceptar este tipo de violencia.

“Los profesionales que se gradúan de los claustros universitarios creen que las mujeres son objeto de sus prácticas médicas y no sujetos de derechos”, indicó Castro. La psicóloga también dijo que en los hospitales colombianos no hay una infraestructura eficiente para atender a las mujeres durante su parto o para aquellas que deben suspender su embarazo por situaciones enmarcadas en la ley.

La Sociedad Colombiana de Obstetricia y Ginecología  reconoce que la tasa de cesáreas en Colombia ha crecido en los últimos años. La cesárea incrementa el riesgo de muerte, las complicaciones maternas graves y la morbilidad respiratoria neonatal comparada con el parto vaginal. Los factores médicos, socioculturales y económicos son los que incrementan  su uso.

La institución busca promover una mejor calidad de salud en las clínicas y hospitales, estrategias de educación y continuas auditorías para involucrar actores sociales y generar un cambio cultural para reducir las cesáreas en el país.

La Fundación Camino Claro espera que en los próximos años la legislación colombiana tenga una política pública que ampare a la mujer, permita un parto digno y humanizado, reconozca la violencia obstétrica como un tipo de violencia de género  y dé mayor libertad a las mujeres para decidir sobre su sexualidad.

*Nombres cambiados por solicitud de la víctima.

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