El drama de las víctimas de minas antipersona

Testimonio
Publicado en Edición 40 | Miércoles 03, de Septiembre de 2014 | Actualizado el Lunes, 06 de Octubre de 2014

Aunque Santander no está en la lista de los departamentos más afectados por minas antipersona, decenas de víctimas viven en el departamento tratando de sobrellevar las huellas de la violencia que aún sigue azotando al país.

[FOTO 1]: El drama de las víctimas de minas antipersona
Eliberto Prada Ardila perdió la visión y sus manos tras pisar una mina en febrero de 1993 en el municipio de Barrancabermeja, Santander. Según datos de la Agencia Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonal, 1992 fue el año en que se registraron más accidentes por minas en el departamento con 63 casos. Foto: Milena Bernal Foto

Eliberto Prada Ardila trata de imaginarse los colores de la ropa que lleva la gente. “Tan bonita su camisa blanca”, dice este hombre de más de cincuenta años al que una mina antipersona le arrebató la visión y sus dos muñecas. Prada estaba en la finca de sus padres en Barrancabermeja, Santander, cuando el 2 de febrero de 1993 ocurrió la tragedia. Fue a las dos de la tarde y cuenta que desde entonces su vida le cambió para siempre.

Santander no es la región del país con más víctimas por la explosión de minas antipersona. Tampoco está entre los territorios más contaminados con este tipo de artefactos explosivos, que fueron dejados por actores armados ilegales para causar daño, pero el departamento sí ha registrado más de un centenar de víctimas. Según datos del Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonal, entre 1990 y 2014 por lo menos 478 personas fueron víctimas de minas en Santander, la mayoría civiles como Prada (Ver tabla 1).

[FOTO 2]: El drama de las víctimas de minas antipersona
Tabla 1 - Fuente: Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonal Foto

Prada era un campesino que ese febrero de 1993 caminaba en su finca cuando sucedió el accidente. Sólo siete días después despertó de un coma sintiendo que su cuerpo estaba incompleto. Desde ese momento comenzó un viacrucis que incluyó viajes a Bogotá para recibir cirugías reconstructivas, peticiones a distintas entidades para que le dieran unas prótesis, tutelas y cartas pidiendo que lo ayudaran. Las peticiones fueron en vano.

Pero a su tragedia se le sumaron otras dos. En Santander en los años 90 arreció el conflicto armado. En 1994, su hermano, un hombre con discapacidad auditiva, fue asesinado mientras trabaja en la misma finca donde Prada pisó la mina. Años después asesinaron al padre y las amenazas en todo el puerto petrolero eran el común del día. Por miedo, su familia aceptó vender su único patrimonio: una finca de 70 hectáreas. “La vendimos en siete millones de pesos. Nos tocó regalarla porque cada vez las amenazas eran más”, dice Prada.

Los datos de la Agencia Presidencial advierten que las zonas más minadas del departamento están concentradas en la zona del Magdalena Medio, precisamente la región donde ha habido más conflicto durante los últimos treinta años. Los municipios más afectados son Barrancabermeja, El Carmen, San Vicente de Chucurí, Sabana de Torres y Bucaramanga (Ver tabla 2)

[FOTO 3]: El drama de las víctimas de minas antipersona
Tabla 2 - Fuente: Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonal Foto

La supervivencia

Prada dice que llegó desplazado a la capital santandereana. Después de años de insistir en que necesitaba una prótesis, por sus propios medios logró comprar unas para los brazos. Pero no pudo adaptarse ellas, dado que tampoco recibió un proceso de terapia física y manejo de prótesis.

Quien le tendió la mano fue la Campaña Colombiana contra Minas que con sus donaciones apoya a la Granja de Víctimas, una fundación en el municipio de Girón que recibe a personas que fueron afectadas por la explosión de minas antipersona. En la actualidad, la fundación atiende a seis personas provenientes de diferentes regiones del país, la más reciente, un niño que perdió su pierna izquierda después de haber pisado una mina en la región del Catatumbo en Norte de Santander. Gran parte de las víctimas son desplazadas.

Las minas antipersona son un problema mundial. Según datos de la Organización de Naciones Unidas, en el mundo hay ‘sembradas’ por lo menos 110 millones de estos artefactos en 64 países. Cada año, por lo menos 26 mil personas mueren o sufren heridas graves por la explosión de estos dispositivos que deja la guerra.

La Agencia Presidencial señala que entre 1990 y enero de 2014, en Colombia se han registrado en todo el territorio 10 mil 773 víctimas de minas, de las cuales 4 mil 152 son civiles y 6 mil 621 son integrantes de la fuerza pública. Del total de víctimas nacionales, 8 mil 590 resultaron heridos y 2 mil 183 murieron después del accidente.

Eliberto Prada Ardila fue rechazado muchas veces por su condición de discapacidad física. Movilizarse por la ciudad también le dejó otras huellas. Una volqueta y una motocicleta lo arrollaron en dos ocasiones mientras él pedía limosnas en las calles del centro de la capital santandereana para sobrevivir. Ahora elabora manillas con nailon y chaquiras, y correas. Aunque no tiene sus manos dice que con su boca es capaz de hacer este trabajo manual y tener así un ingreso económico para el día a día.

Pese a su tragedia, Prada siempre sonríe y todos los días en la fundación apoya a las víctimas que como él alguna vez salieron desplazadas de su hogar y ahora le hacen frente a una incapacidad generada por la explosión de una mina antipersona. 

[FOTO 4]: El drama de las víctimas de minas antipersona
Gran parte de las víctimas de minas antipersona vienen desplazadas de distintas zonas rurales del departamento. Muchos añoran volver a su tierra pero las secuelas del conflicto, entre ellas la incapacidad física y el temor, les impiden retornar. Foto: Diego Caro Foto

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