Una labor de pocos para muchos

La conciliación con equidad
Publicado en Edición 40 | Viernes 29, de Agosto de 2014 | Actualizado el Martes, 07 de Octubre de 2014

Una Ley que busca la descongestión judicial se convirtió en una herramienta para que los ciudadanos resuelvan sus conflictos por la vía del diálogo sin la necesidad de llevar su caso ante un juez y esperar años a que haya un fallo.

[FOTO 1]: Una labor de pocos para muchos
En Bucaramanga y su área metropolitana hay cerca de 15 conciliadores: cinco en Bucaramanga, que atienden en en barrio Ciudadela Real de Minas; dos en Floridablanca, en la casa de Justicia; cinco más en Girón, en la Oficina de Asojuntas, y tres en Piedecuesta, en el tercer piso del Centro Comercial Villa de San Carlos. Foto: Zaira Ramírez Foto

Elvira Jaimes tiene un conflicto con un vecino. Un día se levantó y encontró que las materas a la entrada de su casa estaban partidas. Según le contaron, el señor de la casa vecina conducía al parecer en estado de embriaguez y al parquear el camión le quebró unas materas. Aunque el hecho no supone un delito, por una matera estos dos vecinos entraron a discutir. “Pido justicia, le estoy pidiendo que me pague”, dice Jaimes.

Si un caso de estos fuera presentado ante un juez del circuito judicial, tardaría años en resolverse. Por eso, en 1991 fue firmada la Ley 23, que creó la figura de conciliadores en equidad, personas voluntarias que por su capacidad de diálogo y de resolución de conflictos ayudan a solucionar estos problemas por medio de la palabra y no de papeles y cartapacios como suele suceder en los despachos judiciales.

Miguel Cuéllar, Luis Escamilla y Carlos Ardila son tres conciliadores en equidad que realizan esta labor social en el municipio de Piedecuesta. Ellos cuentan que en promedio cada día reciben entre cuatro y cinco casos de conflictos entre vecinos y familiares y cerca de 130 al mes. Entre los más frecuentes están las posibles demandas por alimentos, división de herencias, demoras en pagos y  violencia intrafamiliar.

Cuéllar y Escamilla explican que esta labor es honoris causa, de forma gratuita y voluntaria, según lo establece la misma Ley. Como la conciliación requiere de tiempo completo, la mayoría de los conciliadores son pensionados o personas que cuentan con el apoyo económico de sus familias. Por eso, su papel en la sociedad es en realidad una pasión pues además deben capacitarse para cumplir con sus funciones.

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Luis Escamilla llegó a Piedecuesta a causa del desplazamiento armado y de inmediato se convirtió en conciliador en equidad. Foto: Edward Grimaldos. Foto

Según los conciliadores, primero aprenden sobre su labor por medio de varias organizaciones no gubernamentales, y cuando están listos el juez primero de cada municipio los posesiona. Con este nombramiento ellos pueden cumplir su labor en cualquier pueblo, vereda o corregimiento. “Los conciliadores en equidad pueden ser posesionados en una lugar determinado pero actuar en cualquier otro”, dijo Carlos Ardila.  

En Piedecuesta, los conciliadores resuelven en promedio unos 700 casos al año, la mayoría relacionados por conflictos entre familiares.

Una experiencia de vida

Curiosamente dos conciliadores de Piedecuesta son víctimas del conflicto armado y esta experiencia les ha dado impulso para servirle a la comunidad. Por ejemplo, Miguel Cuéllar es oriundo de Puerto Boyacá, Boyacá. Recuerda que desde niño le tocó vivir en carne propia el recrudecimiento de la violencia en esta zona. Explica que esa experiencia lo marcó y considera que la conciliación es una herramienta para disminuir el conflicto entre las comunidades. Desde 1987, llegó  a Piedecuesta y se quedó en este municipio donde desde hace 14 años es un conciliador.

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Además de la conciliación, Carlos Ardila contribuye a la comunidad a través de diferentes labores sociales. Foto: Edward Grimaldos. Foto

Luis Escamilla es de Saravena, Arauca. Al igual de su colega vivió la crueldad de la guerra. Fue elegido y posicionado como conciliador en equidad  en 2007, en su tierra natal. Pero en 2008 llegó a Piedecuesta a causa del desplazamiento armado que había en la región. Ahora, también en Piedecuesta, sigue aportando a la construcción de paz con la conciliación. “Con mi labor busco reestablecer la amistad entre los habitantes”, comentó Escamilla.   

Los alcances

Dada la importante labor que realizan los conciliadores en las comunidades, Carlos Ardila comentó que en Santander, con el apoyo del Ministerio de Justicia, están tratando de llevar esta figura a otros municipios como San Gil, Curití, Socorro y San Vicente de Chucurí. Los conciliadores cuentan que es importante llevar este proceso a otros municipios que pese a estar cerca a Piedecuesta, todavía no cuentan aún con conciliadores. Son los casos de Santa Bárbara, Cepitá, Aratoca, Los Santos y Guaca.

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Miguel Cuéllar ejerce la labor de conciliador en equidad desde el año 2000. Foto: Edward Grimaldos. Foto

Las personas que se han beneficiado con la conciliación agradecen que les hayan ayudado a resolver sus conflictos o problemas. “Ellos me han ayudado a buscar una conciliación amable, sin acudir a instancias judiciales”, contó Nepo Barajas, quien tuvo una diferencia con una inquilina que le debía varios meses de arriendo. “Estamos buscando una solución a ese problema. La conciliación me ha parecido una labor buena”, reiteró Barajas.

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