A pesar de los años, su aroma sigue seduciendo

Publicado en Revista | Miércoles 14, de Diciembre de 2016 | Actualizado el Miércoles, 14 de Diciembre de 2016

Fumar y fabricar tabaco se ha convertido para sus seguidores en algo más que un hábito, es un estilo de vida ligado al placer de los sentidos.

[FOTO 1]: A pesar de los años, su aroma sigue seduciendo
Si están acompañadas es mejor. Entre todas se dividen el trabajo y terminan más rápido el pedido del día. Mientras una obrera ‘tuerce’ las otras ‘desvenan’. Foto: Diana Ortiz. Foto

Son las 7:00 de la mañana y Azucena Zavala comienza la rutina diaria abriendo las puertas de su casa en Piedecuesta, Santander, para que una por una entren sus obreras. Al ingresar, el aroma que viaja por el aire se inhala produciendo sensaciones únicas. El olor a las hojas de tabaco, que durante años se ha fabricado en la casa genera satisfacción y gusto a cualquiera que respira en dicho lugar. Azucena prende el radio que durante todo el día armoniza el entorno para que según ella “las trabajadoras se alegren y se muevan” y así puedan terminar más rápido la tarea del día.

En cada tabaco elaborado se conmemora la historia del producto insignia que hace años era de los más importantes en la economía santandereana. Formados por hojas milenarias que crecen en varias zonas secas y cálidas del país. Todo lo que rodea a esta planta y al producto terminado se convierte en rito, ya sea como parte de la Tabacomancia o del culto con el que el consumidor enciende o da ‘chispa’ para disfrutar una buena fumada. La Tabacomancia es un método de adivinación que hace uso de las cenizas y el humo del tabaco para predecir el futuro o la suerte de las personas. Incluso, los procesos de siembra, recolección y secado del tabaco tienen un cerco ceremonioso, que se refleja en el cuidado y la mesura con la que los campesinos se dedican a esta labor y de las torcedoras, aquellas obreras que arman los puros, escogen y envuelven cada hoja con delicadeza.

[FOTO 2]: A pesar de los años, su aroma sigue seduciendo
Una vez que el habano está listo con el capote, este es guardado en un molde para no destruir su forma. Foto: Diana Ortiz. Foto

La producción del tabaco es algo muy típico y de tradición en el municipio de Piedecuesta. Por eso, Azucena y su esposo Leónidas Castro decidieron transformar una pequeña empresa de chicotes de combate, en una de cigarros de alta calidad, “Cigarros Chicamocha”, los cuales tienen un proceso de fabricación muy diferente, más demorado y mucho más detallado, de exportación y que cumple con los estándares internacionales. Son alrededor de 11 tipos de tabacos, por eso, si se quiere fumar un buen Churchill, Corona o Lancero, no hay que recurrir a los cigarros cubanos o dominicanos.

Mientras Bugs, un conejo mascota tan blanco y esponjoso como el algodón está saltando por toda la fábrica, Azucena explica que para fabricar un tabaco primero se hacen los rollos con la tripa, después el capote y al final la capa. Cada uno de estos nombres corresponden a las clases de hojas que hay para elaborar un puro, las cuales también tiene diferentes tamaños y algunas más secas que otras, pero todas seleccionadas de manera rigurosa para que el resultado sea el mejor. Después de preparado el rollo de tabaco se prensa, pero primero, hay que pesarlo para no exceder la cantidad de componentes que posee cada unidad. Además de esto, el peso y la medida varían según la referencia. 

[FOTO 3]: A pesar de los años, su aroma sigue seduciendo
Este tipo de habano es llamado ‘fino’ y es hecho manualmente. Foto: Diana Ortiz. Foto

Las variadas clases de puros tienen un molde diferente para la prensa, donde se dejan de dos a tres horas para que después de que transcurra ese tiempo puedan salir más compactos, aclara Angie Cáceres, hija de Azucena y trabajadora en la misma fábrica, no sin añadir que la manufacturación no termina ahí, pues ‘’un tabaco no es solo hojas secas y envueltas para fumar, el proceso es complicado, largo y muy cuidadoso’’.

Los puros pueden hacerse con dos tipos de hojas, una gruesa y la otra más delgada, según la preferencia del cliente. Tienen dos tipos de relleno, los “finos” de hoja completa que son los que se tuercen hoja por hoja y se realizan a mano, o los “semifinos” de picadillo, los cuales se producen con una máquina cuya función es envolver con una capa hojas picadas del mismo tabaco. 

[FOTO 4]: A pesar de los años, su aroma sigue seduciendo
Una trabajadora se encarga de utilizar la sierra para cortar la madera. Después pega cada parte para armar las cajas convencionales en las que entregan los cigarros, y finalmente las ‘viste’ con un papel estampado con la marca. Foto: Diana Ortiz. Foto

“Actualmente es difícil conseguir los materiales para la elaboración, como las hojas. Un proveedor de Ecuador suministraba las tripas (las hojas del relleno), pero debido a la reducción del negocio pues el consumo ya no es el mismo, la cosecha también ha disminuido y la empresa ha de comprar los materiales donde se consigan”, asegura Angie, quien ha estado vinculada con el negocio desde muy temprana edad.

Entre tanta labor y cautelosos movimientos de manos por parte de las obreras, Azucena siempre está atenta y sigue paso a paso el proceso de fabricación del producto para que no se presente ningún error. Cuando su mamá no está, Angie, estudiante de Geotecnia en las Unidades Tecnológicas de Santander (UTS), asume supervisar la elaboración. La joven además funge como la secretaria de Cigarros Chicamocha y administradora de la página web y tienda virtual, gracias a sus habilidades con las nuevas tecnologías.

Cigarros Chicamocha cuenta ahora con tres obreras trabajando, las que se encargan de hacer los tabacos son Marlene Carrillo, Alexis Durán y Carolina Carrillo; y una cuarta, Johanna Barajas, quien arregla las envolturas, hace las cajas, pone los anillos y termina por arreglar la presentación para sacar a la venta. Cada una de estas mujeres tiene más de diez años laborando en la fábrica y su experiencia es contundente a la hora de realizar un puro, pues cada obrera puede hacer entre 150 y 200 unidades de tabaco diarios. 

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‘Cigarros Chicamocha’ ofrece diversos estilos de tabaqueras para quien quiera una caja especial o más elegante. Foto: Diana Ortiz. Foto

Aunque no hay horarios establecidos para su labor, ellas son libres de escoger en qué tiempo trabajar, pero deben cumplir con la tarea asignada, es decir, con la cantidad de tabacos requeridos al día. Asimismo, para empacar Johanna corta la madera con la sierra, después pega cada parte, las deja secar y posteriormente las ‘viste’ con un papel que tiene el nombre de la marca, el cual mandan a hacer. Ella hace aproximadamente entre 10 a 12 cajas al día.

A pesar de que nadie en la fábrica fuma, solo cuando Azucena lo hace para comprobar la condición del puro, ellos están seguros de la calidad del producto que realizan, la misma que se ve reflejada en la cara de satisfacción de los clientes y al recibir visitas de extranjeros que vienen de vacaciones y conocen de la marca, quienes también son clientes fieles anualmente. Cigarros Chicamocha provee sus tabacos a muchas ciudades de Colombia como Medellín, Bogotá, Cali, Barranquilla, y también exporta al exterior a países como República Checa, Estados Unidos y Alemania.

Esta familia pretende conservar la producción hasta que puedan. Es una herencia, que desde los abuelos han mantenido, y que hace 15 años mejoró creando una propia fábrica con tabacos de mejor calidad. A pesar del poco consumo actual de los puros, esperan que no lleguen a su fin las tradiciones como la de los que juegan ‘tejo’, o los que toman un buen ron mientras fuman tabaco y se dejan seducir por sus únicos sabores, olores y por supuesto, emociones. 

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La empresa maneja 11 referencias de tabacos para el gusto del cliente. Con diferentes medidas de largo y de ancho ofrece un amplio catálogo. Foto: Diana Ortiz. Foto

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